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- Proyecto VOICE | Joseba Etxebarria | Fotografía Humanitaria y Documental
La vuelta al mundo en bicicleta del fotógrafo español Joseba Etxebarria, es un proyecto fotográfico de sensibilización social que en 2026 lleva ya activo 9 años y puede inspirarte para tu viaje de Bicepaking o cicloturismo. Proyecto Voice. EXPEDICIÓN LA VUELTA AL MUNDO EN BICICLETA INSTAGRAM La vuelta al mundo en bicicleta de Joseba Etxebarria es una expedición humana, social y artística que se inició en 2010 y continúa activa en 2026 . A través del Proyecto Voice , el fotógrafo humanitario español recorre el planeta con un propósito claro: utilizar la fuerza de la fotografía documental para dar voz a los más vulnerables. Aquí encontrarás las historias reales de un gran viaje en bicicleta alrededor del mundo que no se detiene. Si buscas inspiración para un gran viaje en bicicleta por África , Asia , América o Europa , seguro que aquí la encontrarás. Además, en su nueva guía completa para viajar en bicicleta , descubrirás consejos reales para organizar tu ruta, decidir qué bicicleta elegir, cómo financiar tu viaje o cómo cruzar continentes con una bicicleta. Puedes seguir mi labor en Instagram . Estadísticas de la ruta Actualizadas el 25 de octubre de 2026 Para responder a quienes buscan los datos reales sobre la vuelta al mundo en bicicleta (Proyecto Voice), aquí actualizo los números de la ruta desde que la expedición comenzó el 22 de mayo de 2010 en Vitoria-Gasteiz y continúa activa en 2026 , con actualizaciones periódicas desde el mapa de ruta . País actual: Camboya. Datos reales del viaje: Días sobre la bicicleta: 3.234 días. Kilómetros pedaleados: 77. 064 km. Países visitados en bici: 41 países. (Países visitados sin bici: 59 países ) Continentes cubiertos: 4 (África, América, Asia, Europa). 📌 Nota de transparencia: Aunque salí de España en 2010 (llevo 12 años sin regresar), solo contabilizo como días de viaje los de pedaleo efectivo (9 años en total). El resto del tiempo la ruta ha hecho pausas obligadas por lesión en el menisco de mi rodilla izquierda o para gestionar sobre el terreno el proyecto infantil Alas para el futuro y Human Gallery en Camboya. Mi compromiso con las causas que documento está siempre por encima de los kilómetros. Último diario de ruta ➜ Cómo nació el Proyecto Voice: El origen de una vuelta al mundo en bicicleta Todos experimentamos un punto de inflexión en la vida, ese momento clave que detona nuestra transformación personal . El mío llegó a los 43 años. Las herramientas con las que contaba en ese momento eran mí cámara de fotos, una gran mochila de 27 kg cargada sobre la espalda y una convicción profunda: la necesidad de cambiar de rumbo. De la indignación al gran sueño del cambio. Vivía saturado por las injusticias de nuestro sistema, viendo cómo la opulencia de los países desarrollados se sostiene, a menudo, sobre el olvido de las regiones más vulnerables. Ante esta realidad, tomé una decisión irrevocable: renunciar a la seguridad de un buen salario fijo para volcarme en un gran sueño. Quería ser parte del cambio. Como preparación para el gran reto que vendría después, inicié una primera aventura a pie. Caminé bordeando todo el contorno del Estado español durante cuatro meses y medio, una experiencia vital que asentó las bases de mi futuro proyecto. Fotografía social para dar voz a los sin voz. El 22 de mayo de 2010 , arranqué desde Vitoria-Gasteiz el viaje que transformaría mi vida para siempre: la vuelta al mundo en bicicleta . Así es como cobró vida el Proyecto Voice . La esencia de este viaje no es la velocidad, sino la pausa. Viajo en bicicleta para integrarme en las comunidades, convivir con las personas que gran parte del mundo ha decidido ignorar, y conocer su realidad humana. A través de la fotografía documental , mi objetivo principal es dar voz a los sin voz , rescatando del olvido las historias de aquellos que no suelen ser escuchados. Propósito del Proyecto Voice: Compromiso con los Derechos Humanos Ante el dolor lento y profundo que produce la miseria, solo caben dos opciones: la huida o el compromiso. Yo opté por lo segundo. Entendí desde el primer momento que para transformar las realidades más duras era necesario mirarlas de frente, documentándolas con absoluta honestidad, empatía y respeto. Defensa activa de la dignidad y la igualdad social. El Proyecto Voice es una iniciativa formal de fotografía humanitaria y sensibilización social que nace para defender activamente el derecho a la vida, la igualdad y la libertad de las personas. No es solo un viaje de exploración; es un compromiso firme con la justicia global. Para que este propósito genere un impacto real, el proyecto se estructura bajo tres pilares fundamentales: Dar voz a los sin voz: Convertir la cámara en un altavoz global para aquellas personas y comunidades vulnerables que una gran parte del mundo ha decidido olvidar. Concienciación y denuncia: Utilizar el poder del periodismo documental para visibilizar las injusticias y sacudir la indiferencia de las sociedades más avanzadas. Documentación con respeto: Acercarse a las realidades más complejas sin caer en el amarillismo, priorizando siempre la dignidad, la historia y la humanidad de cada protagonista. CANAL DE YOUTUBE ¿Por qué viajar en bicicleta por el mundo? La filosofía del Proyecto Voice A la hora de planificar un reto de la magnitud del Proyecto Voice , la elección del medio de transporte va mucho más allá de la simple logística; se convierte en una declaración de intenciones y en una filosofía de vida. Me preguntan por qué decidí hacer este viaje en bicicleta en lugar de caminar o utilizar transportes públicos como el autobús. La respuesta está en el equilibrio perfecto que ofrece el pedal: Frente al autobús o el coche: El motor te aísla del entorno. Te convierte en un mero espectador detrás de un cristal que avanza demasiado rápido, perdiéndote los matices del camino y las realidades de los pueblos que quedan al margen de las rutas turísticas. Frente a caminar: Aunque ir a pie ofrece una cercanía absoluta, las distancias de una vuelta al mundo harían inviable abarcar la cantidad de comunidades y realidades que el Proyecto Voice necesitaba documentar. El equilibrio perfecto entre humildad y ritmo vital. La bicicleta es el vehículo democrático por excelencia. Rompe cualquier barrera social y te sitúa al mismo nivel que las personas que encuentras en el camino. Al llegar pedaleando, te presentas con la misma humildad con la que ellos, más tarde, te abren las puertas de su hogar para compartir su vida, su historia personal y la situación de su comunidad. Además, la bicicleta ofrece el espacio mental y el tiempo exactos para asimilar diariamente la dureza y la belleza de lo vivido. Sobre el sillín no hay prisa; se vive, se siente y se viaja a la velocidad real que marca la vida. ¿Estás planeando tu propio gran viaje? Si tú también estás soñando con emprender una aventura similar y buscas consejos reales sobre el tipo de bicicleta para un largo viaje , la equipación , las mejores alforjas o cómo gestionar los visados , te invito a leer mi guía completa para organizar un largo viaje en bicicleta . En ella comparto de forma transparente toda mi experiencia técnica y humana acumulada durante más de 77.000 kilómetros pedaleados hasta hoy (octubre 2026). Y en mi blog puedes leer las crónicas del viaje . INSTAGRAM Puedes seguir mi labor en Instagram . INSTAGRAM ➜ Financiación con propósito: Cómo se sostiene el Proyecto Voice Un proyecto documental independiente de esta magnitud requiere un gran esfuerzo, no solo físico y emocional, sino también logístico. El Proyecto Voice es una iniciativa personal que se mantiene viva gracias a la solidaridad, el esfuerzo propio y el compromiso compartido. El motor del proyecto: Tu apoyo y la fotografía. La principal vía de financiación de esta aventura en bicicleta sigue siendo el fruto de mi propio trabajo y tu colaboración directa. El proyecto se sostiene gracias a la venta de algunas de mis fotografías documentales y otros productos exclusivos disponibles en la tienda solidaria de esta web. Cada vez que adquieres una de mis obras, no solo te llevas un pedazo de una historia olvidada a tu hogar, sino que te conviertes en el motor que permite que este viaje siga adelante y que esas realidades sigan siendo visibilizadas. Alianzas que suman: Marcas y personas comprometidas. Para seguir avanzando con paso firme en este 2026 y los años restantes hasta dar por concluida la vuelta al mundo en bici, el proyecto también se nutre de la confianza de colaboradores estratégicos. Actualmente, tengo la suerte de contar con el respaldo de algunas marcas comprometidas que patrocinan parte del material técnico que utilizo en mi día a día en la carretera. Sin embargo, el camino es largo y las necesidades técnicas evolucionan. Para seguir documentando con la máxima calidad posible, el Proyecto Voice mantiene las puertas abiertas a nuevas colaboraciones: Patrocinios de material : Si eres una marca y quieres sumarte esponsorizando equipamiento esencial (como la renovación del material fotográfico actual o equipación personal invierno/verano), tu apoyo será clave para el desarrollo del proyecto. Apoyo humano y económico: Si eres una persona física que vibra con esta causa y deseas aportar tu granito de arena mediante un apoyo económico directo, tu contribución sumará kilómetros de esperanza. Mi más sincero agradecimiento a todas las personas y marcas que, de una manera u otra, mueven los pedales del Proyecto Voice . Sin vosotros, me sería muy difícil continuar con esta labor social. ¿Cómo puedes apoyar el Proyecto Voice? Elige tu forma de sumar Si la filosofía de este viaje va contigo y quieres convertirte en parte activa del Proyecto Voice , tienes tres vías directas para colaborar y ayudarnos a seguir dando voz, y protección, a quienes más lo necesitan: 🛒 Adquiriendo fotografía con causa (Impacto Solidario): Puedes comprar cualquiera de las fotografías disponibles en la tienda de esta web. Además de llevarte una imagen con alma, el 50% de la venta se destina directamente al programa de educación infantil en Camboya Alas para el futuro . Tu arte se convierte en el futuro de un niño. Una forma rápida y segura de enviar tu aportación económica. Tu ayuda llega de manera íntegra en solo unos minutos. Por favor, recuerda indicar en el concepto que el propósito de tu apoyo es el "Proyecto Voice". 💸 Apoyo inmediato a través de TransferGo: 🏦 Transferencia bancaria directa: Si lo prefieres, puedes realizar una transferencia tradicional directamente a los datos de la cuenta bancaria aquí detallados . No olvides añadir en el concepto: "Apoyo al Proyecto Voice". Ya me encargaré yo de hacer llegar el 50% a nuestros jóvenes camboyanos beneficiarios del programa Alas para el futuro . Mapa con la ruta Ruta que estoy siguiendo en la vuelta al mundo en bicicleta El camino ya recorrido: España → Francia → Mónaco → Italia → Eslovenia → Croacia → Bosnia & Herzegovina → Albania → Montenegro → Macedonia → Grecia → Turquía → La India (1) → Nepal → China → Laos → Tailandia → Camboya (1) → Vietnam → Marruecos → Sahara Occidental → Mauritania → Senegal → Gambia → Guinea Bissau → Guinea → Sierra Leona → Liberia → Costa de Marfíl → Camboya (2) → México → Guatemala → El Salvador → Honduras → Colombia → Ecuador → Perú → Bangladesh → Argentina → Bolivia → Paraguay → Brasil → Camboya (3) → La India (2) → Camboya (4) ...
- Joseba Etxebarria | Fotografía Documental y Humanitaria
Joseba Etxebarria, fotógrafo humanitario y documental español, creador del Proyecto Voice y fundador de diferentes proyectos sociales en Camboya. Descubre su portfolio de fotografía Documental y Humanitaria. EXPLORA EL PORTFOLIO DE FOTOGRAFÍA ➜ JOSEBA ETXEBARRIA Fotografía Humanitaria y Documental Desde el año 2010 muestro la parte más humana del mundo a través de mi Proyecto Voice : una expedición humanitaria y documental creada para convivir con comunidades frecuentemente olvidadas y dar visibilidad a sus historias. La fotografía documental es la herramienta que me permite compartir esas realidades y promover el respeto por los Derechos Humanos. De la misma expedición nacen también Alas para el Futuro , nuestro proyecto de protección y educación en Camboya, y Human Gallery , un espacio cultural dedicado al encuentro y la reflexión a través de la imagen. Esta web reúne más de dieciséis años de historias, fotografías y proyectos construidos sobre una misma convicción: conocer, comprender y acercar realidades para contribuir a un mundo más humano. Cuatro proyectos con u n mismo propósito: utilizar el viaje , la fotografía , la educación y la acción social para acercar realidades, generar conciencia y construir puentes entre culturas. VUELTA AL MUNDO PROYECTO VOICE El 22 de mayo de 2010 inicié el Proyecto Voice con un claro propósito: convivir con aquellas comunidades que el mundo parece haber olvidado y dar voz a sus realidades a través de mi cámara. Una expedición documental y social que continúa activa en 2026 . 25 de octubre de 2026 Actualmente: E n Camboya Países visitados: 100 países. (En bicicleta: 41 ) Continentes visitados: 4 (África, América, Asia, Europa). TODA LA INFO DEL PROYECTO ➜ FOTOGRAFÍA LAS HISTORIAS Proyecto de fotografía humanitaria y documental centrado en los Derechos Humanos , la dignidad y la capacidad de resiliencia humana. Un importante archivo de historias reales de personas y comunidades del mundo. Series de fotografía: Infancia y Adolescencia Nuestros Mayores Gente del Mundo Educación Hogar y Familia Desarrollo Paisajes y Detalles FOTOGRAFÍA: LAS HISTORIAS ➜ ALAS PARA EL FUTURO PROYECTO DE EDUCACIÓN El acceso a la educación es un derecho fundamental del que otros muchos dependen y mediante nuestro programa de educación infantil , trabajamos para que esto se cumpla en un grupo de niñas y niños de Camboya . CONOCER EL PROYECTO ➜ HUMAN GALLERY EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA Espacio cultural y social creado en Camboya para promover el encuentro, la reflexión y el diálogo a través de la fotografía documental . VER GALERÍA VIRTUAL ➜ Viajar por el mundo: El postureo del viaje en redes sociales ¿Viajamos para contribuir al mundo o para alimentar nuestro ego? Después de compartir la mañana con los niños de nuestro programa de educación, y sus familias, reflexiono sobre el preocupante auge del "postureo digital" y los viajes con propósito. Una declaración de principios, directa y sin filtros, sobre lo que significa viajar con responsabilidad hoy en día. Viaje | Vuelta al mundo Esclavitud moderna: Tres noches en la cantera | La India En mitad de mi viaje en bicicleta por el estado de Maharashtra, un inesperado aviso de dinamita me adentró en el corazón de una cantera de piedra. Allí pasé tres días conviviendo con la durísima realidad de la esclavitud moderna, documentando el trabajo infantil de sol a sol y la inquebrantable dignidad de los "sin vida". Fotografía | Las historias Human Gallery: Protegiendo la infancia en Camboya Una mirada atrás a la esperada reapertura de nuestro espacio en la calle 2 de Battambang tras la pandemia. Analizamos el impacto de la crisis turística en las familias rurales de Banan y cómo reactivamos el proyecto "Alas para el Futuro" para devolver a los niños a las aulas y reponer sus bicicletas escolares. Human Gallery | Testimonio visual La Bestia: El tren de la muerte y la realidad migrante | México Una inmersión profunda en la ruta migratoria más peligrosa de América. Analizamos las causas, los riesgos de extorsión y los accidentes en las vías de "La Bestia", compartiendo los dos meses de vivencias y fotografía documental que pasé junto a los migrantes en la frontera sur de México. Fotografía | Las historias 1 2 3 4 5 Artículos publicados
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Crónicas sobre la vuelta al mundo en bicicleta y proyectos del fotógrafo humanitario Joseba Etxebarria. My Items I'm a title. Click here to edit me. More
Noticias | Blog (20)
- Viajar por el mundo: El postureo del viaje en redes sociales
Hay momentos en los que cuesta mantener la mirada en la pantalla. Hoy ha sido uno de esos días. Vengo de compartir la mañana con algunos de los niños del programa de educación del que soy responsable. De comprobar sus esfuerzos, de compartir sonrisas, de aprender algo más y de ver la cruda realidad de un entorno que trabaja duro por mantenerse vivo. Cansado pero sonriente, he llegado a mi pequeño refugio camboyano, he abierto mi ordenador y al conectarme a internet, el contraste me ha abofeteado nuevamente la cara: un aluvión de creadores de contenido compitiendo por el ángulo más idílico, el baile más ridículo o el filtro más idóneo para seguir mendigando seguidores. Si hablo con el filtro de la corrección política, desde los valores y principios que guían mis más de 8 años de ruta y otros tantos de fidelidad absoluta a la causa, miraría a los ojos a toda esa generación del postureo digital y les diría: "Decidisteis ser el pasatiempo para muchos en vez de la esperanza para una mayoría". El gran engaño de la era del "Like". No busco lanzar una crítica vacía, sino dar un toque de atención que considero imperioso. Nos hemos vuelto locos. Hoy en día se premia, y se da un apoyo visual masivo, a quienes viajan con el único propósito del beneficio personal, el dinero y la fama, mientras se invisibilizan las realidades que de verdad duelen. Viajar por el mundo no es acumular banderas en un perfil de Instagram. Tampoco vender una felicidad empaquetada. Viajar por el mundo, al menos como yo lo entiendo, es una responsabilidad. Hace años asumí el compromiso de no mirar hacia otro lado ante la situación de muchos. Decidí que mi cámara de fotos no sería un juguete para ganar aplausos, sino un altavoz para documentar la dignidad humana de las comunidades que gran parte del mundo parece haber olvidado. Y eso implica bajarse de la bicicleta, comprometerse y, a veces, detener el viaje. La realidad frente al filtro: El valor de un compromiso. Mientras el postureo digital vende humo, la realidad sobre el terreno no espera a que los algoritmos decidan qué es tendencia. Mi compromiso no es de postal; se llama Alas para el futuro. O Meyja, Joseph, Lamin, Bharati, Tiare o Quico... Tras verme obligado a cerrar temporalmente las puertas de Human Gallery en Battambang, debido al impacto del cierre de la frontera entre Camboya y Tailandia, mi prioridad absoluta sigue intacta: mantener la estabilidad y la educación de estos nueve chavales que tenemos a nuestro cargo en el programa. Podría haber elegido el camino fácil: usar las redes para pedir, sumarme a la corriente de la queja pública o mercantilizar las necesidades de estos niños, pero en 2009, mientras preparaba el Proyecto Voice, me hice una promesa inquebrantable: jamás llorar a la gente para sacar un beneficio de ello, fuera cual fuera la razón. Creo firmemente en tocar los corazones sutilmente a través de la acción y la coherencia, no a través de la demanda. Mi única vía para sostener este proyecto ha sido, es y será, la pureza de mi fotografía y la confianza en que las personas que descubren labores honestas, decidan no mirar hacia otro lado. Aishwarya en su pequeña escuela de la región de los Annapurna, Nepal Volver a lo Humano. No se trata de ir a contracorriente por el simple hecho de rebelarse. Se trata de recuperar el alma de las cosas. La tecnología y las redes sociales son herramientas maravillosas si se usan para construir puentes, para acercar mundos y para recordar que, detrás de cada frontera cerrada, hay vidas, nombres propios y futuros que merecen una oportunidad. Vendemos nuestra atención al diablo del algoritmo. No invirtamos nuestro tiempo alimentando un postureo vacío que solo busca el aplauso egoísta. Cuando miréis una pantalla, buscad la verdad. Apoyemos visual y humanamente a quienes usan sus pasos para sumar positivamente al entorno que pisan. O al menos para intentarlo. Yo, por mi parte, seguiré haciendo lo que debo aquí en Battambang hasta que el 2 julio mi otro compromiso y la ilusión me devuelvan a la ruta, rumbo a La India. No para sumar kilómetros, ni para buscar los mejores ángulos que me sumen seguidores, sino para escuchar historias reales y mantener en el tiempo sus miradas. Hagamos de este mundo digital, por fin, un lugar de encuentro para lo verdaderamente HUMANO. Gracias por manteneros cerca. Amanecer en el Golfo de México Viaje
- Nacida para ser libre: Diario de una vuelta al mundo en bicicleta | Sáhara
Siete menos diez de la mañana del domingo 14 de abril de 2013. Más de tres años ya de vuelta al mundo en bicicleta. Hemos entrado en el Sáhara Occidental. Seguimos compartiendo el diario de un viaje en bicicleta. Junto a mi compañera Libertad en ruta por Sahara Occidental. Mi idea era cruzar la línea divisoria por la tarde, pero una gran duna, a escasos cinco kilómetros de esta, se presentó invitándonos a acompañarla esa noche. Mi compañera está de acuerdo; retrasamos unas horas la entrada en la tierra que clama libertad. Se trata de la única gran duna accesible y en forma de “L” que puede protegernos del viento. Al otro lado de la tranquila, estrecha y maltrecha carretera, hay un mar de ellas, pero están demasiado lejos y el terreno es arenoso. Toca empujar a mi compañera más de trescientos metros hasta llegar al rincón que previamente había ojeado. Es temprano aún y ya tenemos el campamento montado. Cámaras en mano, subo hasta lo más alto de nuestra generosa amiga. Libertad se queda vigilando que nadie ronde nuestra jaima mientras observa detenidamente la ascensión. La música, como siempre en estos casos, también me acompaña. Generosa, nuestra anfitriona me regala unas impresionantes vistas desde la parte más alta de su joroba. El silencio actúa como condimento al atracón visual. Abajo, mi compañera no me pierde de vista. Hay conexión. Este es uno de esos muchos momentos en los que uno se siente egoísta como nadie: lo tengo todo y no puedo compartirlo con aquellos que quisiera. Fotos, tomas de vídeo y memoria; podremos hacerlo un tiempo después. En nuestras alforjas tenemos arroz y media cebolla, y mientras degusto la paella típica de este viaje, Libertad espera impaciente a que le suelte prenda sobre el momento vivido arriba. —Tenemos tiempo, amiga, ahora toca engañar un poco al estómago— le digo. Al poco de acampar siempre elijo un rincón donde pasar los primeros minutos. En esta ocasión, en lo alto de la duna. Atrapados en una tormenta de arena. Hasta aquí, todo perfecto. Tres de la mañana y el viento cambia de dirección. Nuestra amiga, aun queriéndolo, no puede seguir protegiéndonos. La ventisca entra en la “L” por un lateral y con ella toda la arena que le cabe en las garras. La tienda se infla, dejando el espacio libre para que la tormenta atraviese la mosquitera y entre como Pedro por su casa. En pocos segundos se forma una nube en el interior que me obliga a anudarme la funda de la colchoneta en la cabeza, ya que es imposible respirar sin ella. Salgo rápidamente para quitarle a Libertad la funda de plástico que, al inflarse como la tienda, la está ahogando. No es suficiente y tengo que elegir entre ella o la tienda; mi amiga es lo primero. Rápido la desprendo de las alforjas, la tumbo sobre la arena, le coloco el plástico como puedo y amontono las alforjas sobre ella. Con la luz de la linterna frontal apuntando a la tienda, veo que dos de las clavijas se han soltado: el sobretecho campa a sus anchas y se puede desgarrar. Como puedo, tiro del resto de clavijas a la vez que voy enrollando la segunda piel de nuestra jaima. El criminal viento no da tregua y en pocos minutos se han amontonado casi tres centímetros de arena en el interior. Las flexibles varillas dan hasta donde dan y tengo que soltarlas también. Sin reparar en el desorden, me protejo como puedo detrás de mi compañera y el montón de alforjas, sin soltar el manojo de la tienda que tengo en los brazos. La arena se me está clavando como alfileres. Apago la luz porque asusta tenerla encendida. Toca esperar a que amanezca. Más de dos interminables horas. Lo que había comenzado como una perfecta despedida de Marruecos, en tan solo veinte minutos se convirtió en una pesadilla que me haría dormir en alerta hasta bien entrados en Senegal. Después de la acampada tiempo para reponer fuerzas Rumbo a Esmara: Entre la sed y los controles policiales. Amanece en una gasolinera aún cerrada, pero es un refugio y necesito desprenderme del rebozado de arena que llevo encima. Mientras espero a que llegue el encargado, organizo el desbarajuste que tenemos montado. Poco más tarde, un coche con cuatro ocupantes llega al sitio: el hombre de la gasolinera, el del desangelado bar y dos amigos de estos que serán los encargados de malinformarme sobre la ruta y las opciones de agua. También resultan ser los anfitriones de un desayuno a base de té, cómo no, pan y aceite. Aldeas abandonadas en Sahara —Sí, estás en el Sáhara ya— me confirman. —No tienes agua hasta algo más de cuarenta kilómetros— me aseguran en un claro español. Aseados mi compañera y yo, y sacudida la tienda en condiciones, volvemos a ponernos en ruta hacia Esmara. El fuerte viento no nos ha abandonado en ningún momento, pero esta vez nos empuja en vez de destrozarnos. Paramos en el primero de los treinta y ocho controles policiales en el Sáhara. Aún no estamos hartos de estos y pasamos un buen rato charlando con los dos gendarmes. Treinta, cuarenta, cincuenta kilómetros y vemos menos posibilidad de agua que la primera pareja de dromedarios con los que nos cruzamos en ruta. Estamos sin suministro desde hace más de hora y media y el sol trabaja cada vez con más energía. El aire es asfixiante y consigue que mi lengua se pegue al paladar, y este, a su vez, a la única neurona que me queda activa. Veinte kilómetros más y nos damos de frente con un pequeño pueblo. Los amigos de la gasolinera estaban equivocados: no eran cuarenta, sino setenta los kilómetros que nos separaban del ansiado líquido. Allí, en una pequeña casa, me sacan una garrafa de cinco litros con agua helada, a la que me abrazo como un niño a su peluche en la cuna. La familia me invita a pasar la noche con ellos, pero necesito descansar y rechazo la invitación. Haberla aceptado hubiera supuesto someterme a una nueva y larga entrevista, y mi cuerpo no estaba para tal labor. Hoy no, lo siento. Como por arte de magia, ese agua me da fuerzas para pedalear con energía hasta Esmara. Un total de 135 kilómetros desde que nos despedimos de la duna. El viento, seguro que arrepentido de la noche que nos brindó, continúa de nuestra parte y hay que aprovechar el momento. Los gendarmes vuelven a darnos el alto antes de entrar en la ciudad y, pocos metros después, lo hace también la policía. Comienzo a fruncir el ceño. —Es por tu seguridad— esta será una de las frases que más veces escucharé en este territorio que clama libertad, y a la que siempre responderé de igual forma: —Este país lo forma buena gente, no hay problema con mi seguridad. La cosa es que a vuestro rey le encanta controlar a todo aquél que entra en esta tierra—. Los dromedarios salvajes son una constante en Sahara Occidental El muro militar y la burocracia del desierto. El motivo por el cual nos desviamos de la costa por unos días y llegamos hasta Esmara no era otro que acceder al campo de refugiados, pero me indican que no puedo llegar desde allí; que debo entrar en Mauritania para subir hasta Argelia y entrar en Tinduf. Casi nada. Mi ánimo se desploma como un árbol al recibir el último hachazo. Compañía en Sahara Occidental Me dirijo, sudado y con la camiseta perfectamente teñida del color del desierto, hacia el campamento del ejército marroquí que, además de liarse a porrazos y pelotazos con los saharauis cada poco, protege a los operarios de la ONU que “trabajan” en la zona. Son cuatro kilómetros empujando a mi compañera por una impracticable pista empedrada. Tras horas de lucha contra el viento, un alto en la ruta junto a Libertad Trescientos metros antes de llegar, dos soldados comienzan a darme el alto con los brazos arriba, pero continúo empujando a Libertad hacia ellos. Insisten y yo también, lo que hace que nos saludemos a medio camino. Mientras hablo con ellos como puedo, veo a otros atrincherados y armados hasta los dientes a ambos lados de la pista, y a otros tantos en lo alto de una pequeña loma. Defecto profesional: mis ojos trabajan de forma independiente en muchos casos, aun suplicándoles un descanso. Sin llegar a los cinco minutos, puedo contar hasta catorce soldados alrededor mío. Uno de ellos está armado y tiene cara de pocos amigos. El de mayor rango, de no más de treinta años y el último en llegar, se presenta en un perfecto español. —No puedes estar aquí, es zona militar y está especialmente protegida— me dice. —Pues ya ves qué hora es y los minutos de luz que me quedan. Venía a charlar con alguien de la ONU para, además de solicitar información sobre el campo de refugiados, pedir el favor de pasar la noche aquí— le respondo sin perder de vista al resto. Este llama desde su móvil a no sé quién y, al terminar la charla, me dice que mis intenciones son imposibles. —Bueno, ¿pero no puedo hablar directamente con alguno de ellos?— le pregunto a sabiendas de la respuesta. Le muestro el amplio dossier que llevo encima donde se recoge la información sobre el proyecto, entrevistas y fotografías. —Espera que llame al jefe a ver qué me dice—. La hospitalidad es una constante en Sáhara Occidental Momento para fotografiar mentalmente todo lo que se mueve y lo que no. Mientras mis ojos y memoria trabajan, un 4x4 sale de la zona militarizada. Cuatro desgarbados soldados con más polvo encima que yo se suman a la reunión. —Estamos todos— le digo al nuevo amigo cuando termina la conversación telefónica. Este se ríe y me dice que dentro quedan otros ochocientos. También que el gran jefe está en camino—. Si no te permiten pasar la noche aquí, que será lo más probable, te vienes a mi casa, te duchas, cenas y duermes tranquilo, y ya mañana continúas camino. Mientras esperamos la llegada del "boss", cuento dos 4x4 blancos con una enorme antena en el frontal, nuevos e impolutos, que salen del recinto a toda velocidad levantando una polvareda de escándalo. Una persona en cada vehículo. En las puertas delanteras se lee claramente UN. Ni saludan a los soldados a los que han tintado de polvo, ni a mí, pero fijan su vista en Libertad. Pocos minutos después, otro vehículo de igual calibre entra con las mismas prisas. En este viajan cuatro personas de alto nivel dadas sus vestimentas; dos mujeres y dos hombres. Estos tampoco se paran a preguntar si necesito un apósito o una fabada asturiana. En fin, es lo que toca, aunque no debiera ser así, dado que ellos también acostumbran a beber cuando tienen sed. Antes de pasar la media hora, llega el jefe. El capitán, el subjefe y su asistente me estrechan la mano. Intento explicarles el motivo de mi visita pero no me dan tiempo. Noche en la jaima de Hussein y su familia —Me dicen que quieres hablar con alguien de la ONU además de pasar la noche aquí, y ni una ni otra cosa puede ser, pero tranquilo que yo te pago una habitación en el hotel de un amigo— me dice el jefe a través de mi amigo el sargento, sin darme tiempo a pestañear. —No se hable más— me digo por lo bajines. —Ni pestañees, Joseba— siento cómo me dice Libertad. Junto a mi buen amigo Hussein en mitad del Sahara Vuelvo a empujar a mi compañera los mismos cuatro kilómetros de la ida y, tras pedalear un par de ellos más, llegamos al "hotel", que no resulta ser tal. Se trata de una vieja pensión sin agua corriente ni servicios, con un pequeño lavabo fuera y un viejo catre en una sucia habitación de no más de seis metros. Pero el habitáculo tiene cuatro esquinas y en una de ellas, alguien generoso, ha dejado un pequeño balde sumamente importante para estos casos. Como siempre digo llegados estos momentos: “A caballo regalado no le mires el juanete”. La inmensidad de la meseta y el encuentro con Hassan. En el mapa había visto que el trayecto hasta El Aaiún iba a ser, cuanto menos, complicado. Y no iba muy desencaminado… Unir Esmara con la capital iba a regalarnos nuevos amigos, sí, pero también un sol capaz de derretirnos y un viento frontal bestial. Cosas del desierto. Comenzamos a subir hacia el noroeste. El primero de estos cuatro días fue casi perfecto. El viento soplaba de espaldas a ratos y del lado derecho otros tantos. En pocos kilómetros habíamos subido hasta una gran meseta tan plana como la memoria de algunos políticos. Por momentos, las vistas que tengo a mi izquierda me obligan a realizar paradas para observar, en la quietud, aquello hasta donde mi vista da de sí: un mar de arena y piedras. Una tierra nacida para ser libre. Viajamos sin coches en una estrechísima carretera de poros abiertos. No hay gente, ni agua. No hay casi vida, pero la poca que hay puedo sentirla en mi piel y emocionarme cuando llega a calar dentro. Sin apenas darme cuenta de lo pedaleado, cuando más centrado estoy en mi mundo, el cuerpo comienza a avisarme a través de los músculos: —Compañero, vete pensando en elegir el sitio donde pasar la noche—. Aún tengo bien fresca en la memoria la noche pasada. Pedaleo y pedaleo hasta encontrar un lugar a resguardo que no llega. Ese aviso me obliga a dejar de volar y me coloca nuevamente sobre el suelo que peleamos. No queda mucho tiempo de luz y no aparece el rincón que nos dé tranquilidad, pero en la única colina con la que nos tropezamos en los 67 kilómetros de la jornada, una gran antena de telefonía se estira orgullosa cual Torre Eiffel. Debajo de ella veo un muro que cubre su perímetro. —¡Estamos salvados! — piensa uno en voz alta. Detalle del interior de una jaima en Sahara Occidental Según me voy acercando, veo a un hombre con ropa militar y un pequeño perro que sale en mi busca, seguramente creyendo ver alucinaciones. Hassan es el primero de los salvavidas que encontraremos en esta tierra. Junto a él y su pequeña y juguetona compañera pasaremos la noche, no sin antes tomar un buen té en tres pequeñas dosis, el ritual para dar comienzo a cada nueva amistad. Con el desayuno a base de té, pan y aceite, damos comienzo a tres devastadores días en lo que a desgaste físico se refiere. Tres jornadas de soledad absoluta y fuerte viento frontal hasta llegar a El Aaiún. Largas distancias en las que, de no controlar la cabeza, pueden convertirse en jornadas infernales, pero las salvamos gracias también a Hassan, a Said y su familia —que dicen pertenecer al Frente Polisario—, y a Fdaili, su mujer y sus pequeños. Todos empujan a su manera para que esto continúe adelante. Llevo varios días con la cabeza trabajando en una decisión que creo debo tomar y que no me permite centrarme como debiera en lo que he venido a hacer. Me pongo duro conmigo mismo mientras pedaleo y prácticamente dejo sentenciada la resolución. Yo a lo mío, otros a lo suyo. Aunque no será hasta unas semanas después cuando dé a conocer mi decisión y los claros motivos de esta. Recogida del ganado al atardecer Un pollo con patatas en El Aaiún y el valor de la hospitalidad. Y llegamos a la capital, abatidos y con quemaduras de consideración en algunas zonas del cuerpo. Allí aparece Mohamed, sin más, en medio de una larga avenida que da la sensación de sobrarle espacio o de faltarle gente por algún lado y que da entrada a la ciudad. Mi generoso amigo también habla un perfecto español. —¿De dónde vienes, alma de cántaro?— me dice, a lo que respondo con una larga carcajada. Por un momento, consigue que el agotamiento desaparezca, pero no la sudada que llevo encima. —¿Y esa expresión? ¿De dónde la has sacado?— le pregunto aún con lagrimones en los ojos. —Muchos años trabajando en España, hermano. ¿Qué te trae a esta tierra? ¿Has comido?— Y juntos, yo sudado hasta las uñas y él con su camisa de manga corta y cuadros grises, nos sentamos en una terraza en el centro de la ciudad a comer un pollo con patatas. Un refresco de cola acompaña el menú. —Joder, amigo, ni me acuerdo de cuándo comí esto por última vez— le comento. El camarero, por si fuera poco, adorna el centro de la mesa con una ensalada que tiene un poquito de todo, con salsa de tomate y mostaza a ambos lados. ¡Atracón al canto! En cada conexión que puedo hacer a internet, siempre me encuentro un correo o mensaje privado especial. Con frecuencia, amigas que siguen el viaje desde hace tiempo y con las que tengo un grado alto de confianza me cuentan cómo les va la vida; otras y otros muchos dan ánimos de forma muy emotiva, y algunos empujan en forma de colaboración con el proyecto. Pero ese día, un correo entre todos ellos trajo consigo la confirmación de un amor eterno. Volvemos a volar, pero esta vez hacia el sur, por la costa rumbo a Boujdour. Vistas del atardecer en el Sahara desde mi tienda de campaña Retratos en el desierto con Hussein y Brahim. Decido abandonar la cansina carretera y adentrarme un poco más en el desierto, donde me doy de bruces con dos grandes jaimas. Allí está Ahmed junto a su hermana y hermano pequeños. Como siempre sucede en este territorio, cualquier persona que encuentras en los alrededores, aunque estés a varios cientos de metros, te invita a compartir todo lo que tiene. Sea lo que sea, durante el tiempo que haga falta. De su boca vuelvo a escuchar la palabra libertad durante los tres tés. —Pues trabajo en el mundo de la fotografía y estoy viajando por el mundo intentando hacer algo para que la vida de un puñado de pequeños cambie de una vez por todas. No sé si con esto conseguiré algo, pero me hace sentir bien y me consta que a otros también. Digamos que trabajo de una forma un tanto especial por sus derechos— le respondo a la pregunta de a qué te dedicas. —Mi padre y mi madre están con el rebaño de ovejas y vendrán dentro de un par de horas, cuando el sol comience a caer. Si quieres, podemos ir a buscarles y les haces unas fotos— me propone cuando le digo que mi especialidad es inmortalizar miradas. Tengo un buen presentimiento y este termina por confirmarse cuando llegamos en su viejo Land Rover y conozco a nuestros nuevos anfitriones: Hussein y Ahlaila, su mujer. Desde el primer momento, mi viejo amigo y yo conectamos a fondo. Habla bastante bien español, ya que sirvió en el ejército español hace tiempo. Se ofrece a ser retratado cuando descubre el motivo de mi viaje; fotos y tomas de vídeo que a los pocos días verían la luz en este blog. Los días con Hussein y su familia fueron de los más emotivos que he vivido en estos casi ochocientos días de andanzas por el mundo. Y he vivido unos pocos ya… Volvemos a la ruta a primera hora de la mañana y, tras una larga jornada con viento de frente, damos con Brahim, otro curioso amigo con el que pude volver a soltar varias carcajadas y compartir momentos de gran emoción. —¡Qué alegría que hayas parado! Además eres español. Llevo muchos años intentando que alguno pare, pero nada. Eres la primera persona que lo hace en los doce años que llevo aquí metido— me aclara mientras comienzo a notar el característico nudo en la garganta que me acompaña en este viaje. Brahim es un hombre de setenta y un años que vive en una pequeña jaima que se cae a trozos. El viento es perenne aquí y su pequeña vivienda pocas embestidas más puede soportar. Él me lo confirma. Mi raquítico amigo también formó parte del antiguo ejército. —Mi mujer vive a las afueras de Boujdour con nuestras cincuenta ovejas. No tenemos hijos porque nunca hemos podido permitírnoslo. El dinero que estas dan no nos llega, ya que la leche que dan es mínima; no como en España, que las ovejas están gordas y dan dinero para vivir, supongo—. Esto termina por derrumbarme y tengo que salir de la jaima para respirar un rato. Mi amigo se da cuenta y sale detrás a ver si estoy bien. Me pide disculpas. —No tienes por qué preocuparte, porque aquí gano doscientos setenta euros al mes y con ello llevamos años saliendo adelante— termina. —Me duele que alguien que desea tener hijos no pueda sentirse realizado por culpa del maldito dinero, pero anda tranquilo porque estoy bien— le miento desde fuera del desastroso amasijo de telas. —He llegado a ponerme en medio de la carretera con los brazos levantados, delante de las grandes autocaravanas, para que paren y poder invitarles a té y a charlar un rato, pero no hay forma de que hagan un alto, siempre me esquivan. Siempre tienen prisa, o será porque pensarán que estoy loco—. Mi querido amigo cambia de tema y consigue ponerme por un momento en situación, soltando la primera de muchas carcajadas en su compañía. —¡Qué grande eres, amigo mío! Y encima sabes sacar tiempo para el cachondeo— le respondo sin haber terminado de reír. —Te vas a quedar a dormir, ¿no?—. —Por supuesto!—. —Voy a echar las redes a ver si hay suerte y mañana recojo algo. ¿Me acompañas? —me invita. Después de caminar casi un par de kilómetros y bajar un pequeño acantilado con unas vistas capaces de quitar el hipo, nos adentramos en el mar unos ciento sintonizados metros y le ayudo a desenredar su vieja red de plástico negro y verde. Un precioso momento que guardo con especial cariño en la memoria. Mi amigo es poco dado a la cocina —le pasa como a mí— y me toca preparar la especialidad de la casa: arroz con cebolla, pero en esta ocasión también tenemos tomates y un chorrito de aceite, como buen saharaui que es. Poco después, tras una bonita charla, me quedo dormido en el suelo, a su lado, como si fuera el hijo que no pudo ser. Grande, amigo. Grande. Una nueva lección aprendida. Historias que transforman el camino: Diario de viaje en bicicleta. A lo largo de esta vuelta al mundo en bicicleta, he aprendido que los maestros más grandes no se encuentran en los libros, sino en los rincones más inesperados del planeta. La fuerza y la dignidad de la pequeña Oishi es un recordatorio constante de por qué sigo pedaleando y documentando las realidades de este mundo. El viaje continúa y estas crónicas cobran vida cuando las compartimos. Me encantaría saber qué te ha transmitido esta historia. ¿Qué reflexiones te despierta la increíble determinación de Oishi frente a su realidad? ¡Gracias por formar parte de este viaje humano!
- La historia de Meyja: Una luz de esperanza en los orfanatos de Mauritania
Una de las labores principales a realizar al cruzar esta frontera, era conocer a fondo la compleja y descarnada situación de los orfanatos en Mauritania. La tímida sonrisa de Meyja suele ser mi punto de partida cada mañana en el centro. Es como ese café que uno necesita nada más levantarse de la cama para comenzar a ser algo, para activar el alma. Gracias por ser, mi buena y tímida amiga Es la una y media de la mañana aquí en Nouadhibou y estoy sentado en el colchón que me han colocado en el suelo para descansar estos días. Desde aquí trabajo tranquilo cada noche, en mitad del silencio, cuando termino de compartir buenos momentos con los peques del orfanato. Pero esta vez se me hace difícil comenzar estos párrafos que quiero escribir y, para ello, llevo un buen rato mirando fijamente los ojos de la pequeña. Voy a intentar explicar, de la forma menos dolorosa posible, la breve e inhumana historia que Aichetou me contó sobre Meyja hace tan solo dos días. Cuando llego a la habitación por la noche, suelo ocupar unos minutos en intentar asimilar cada una de las vivencias de todos estos pequeños. En este caso, el de la siempre ocupada Meyja, me recorre por el cuerpo una punzante mezcla de desagrado hacia la raza humana y una rabia infinita cuando imagino las eternas y agónicas horas que tuvo que sufrir siendo solo una bebé. El mismo día que nació Meyja, la mujer que la trajo al mundo la abandonó a su suerte en un descampado polvoriento durante tres eternos días. Aquella mujer solía pasar de vez en cuando por el lugar, simplemente para comprobar si la criatura aún seguía con vida. Al tercer día, al ver que su pequeño corazón continuaba luchando, la recogió del suelo y se la entregó a una vecina, pidiéndole que se quedara con ella unos minutos mientras iba a realizar unas compras en el mercado. Pasaron las horas y la madre biológica no regresó. Al ver que nadie llegaba para recoger a la recién nacida, esta vecina se la llevó a su casa, donde la mantuvo oculta durante cinco días sin llegar a dar parte a las autoridades. Al sexto día, asustada por los problemas legales que la situación le pudiera ocasionar, se cubrió la cara con un velo y salió a la calle en busca de la progenitora. Y la encontró. Le devolvió a la niña, a quien pocos días después abandonara definitivamente en la puerta del orfanato NAD de Nouadhibou. Una lucha por la supervivencia infantil. Cuando Aichetou y Yahya la recogieron de noche en la entrada, la pequeña tenía la cabeza abierta por completo, desde la parte alta de la frente hasta la nuca. Rápidamente la trasladaron de urgencia al hospital para intentar frenar la severa infección que Meyja padecía. Aichetou pasó semanas enteras pegada a su camilla hasta que la herida pudo ser tratada en casa de forma segura. La pareja, como siempre ha sucedido con todos los menores que componen esta gran familia de acogida, corrió con la totalidad de los gastos sanitarios. Meses después, el mismo médico que la había atendido en urgencias se acercó al centro para hablar con ellos. Venía conmocionado: daba por muerta a Meyja y no podía creer que la pequeña hubiera sobrevivido. La cruda realidad de los orfanatos en Mauritania. Casos como este ponen de manifiesto las enormes carencias a las que se enfrentan los orfanatos en Mauritania. Mejor dicho, en todo el continente. La falta de una red de protección estatal fuerte, delega toda la responsabilidad en manos de héroes locales anónimos que, como Aichetou y Yahya, saturan sus recursos para salvar vidas. Conocer de primera mano estas instituciones, me recuerda que, detrás de las frías estadísticas de desnutrición y abandono en el África subsahariana, hay nombres propios que necesitan una oportunidad médica urgente para no quedar desamparados. La pequeña, a día de hoy, arrastra secuelas muy graves: tiene serios problemas para hablar, graves dificultades para respirar por la nariz, pérdida de audición y, por las noches, sufre episodios de ansiedad en los que se mantiene despierta rascando la pared durante horas. Aichetou ni siquiera puede peinarla a diario por el intenso dolor físico que mi pequeña amiga padece en el cuero cabelludo. Meyja no puede ir a clase como hacen a diario el resto de los pequeños de este hogar. Para poder asistir a la escuela necesitaría someterse a una compleja cirugía reconstructiva, y esto supone un desembolso económico que Aichetou y Yahya no pueden costear por sí mismos. Tras observarla detenidamente estos días, me ha quedado claro que la luchadora Meyja es puro nervio y vitalidad; necesita sentirse útil cada minuto del día. Afortunadamente, hoy tiene la familia que siempre ha merecido tener, y estoy seguro de que, si logramos ayudarla, el mundo tendrá en sus filas a una nueva y gran mujer. La tímida mirada de Meyja y su brutal historia me van a acompañar el resto de mis días. No podemos mirar hacia otro lado. 📢 ¡URGENTE! CAMPAÑA SOLIDARIA: Una operación para cambiar la vida de Meyja. Meyja necesita una intervención médica que Aichetou y Yahya no pueden asumir solos. Con esta campaña, el Proyecto Voice se vuelca por completo para recaudar los fondos necesarios que financien su operación, sus tratamientos y le otorguen el derecho a una infancia sin dolor, a la vez que una educación digna. Tu ayuda puede cambiar su destino. Te invito a hacer clic en el siguiente enlace para conocer todos los detalles de la campaña, cómo realizar tu donación y de qué manera puedes colaborar con nosotros: 👉 Accede AQUÍ para informarte sobre la campaña solidaria y ayudar a Meyja. Ciclismo solidario: Dando voz a la infancia. A través de la venta de mis fotografías y vuestras aportaciones en este blog, seguimos haciendo por apoyar a los más vulnerables en nuestra ruta por el mundo, como hacemos desde 2017 con Alas para el futuro en Camboya. El motor de esta vuelta al mundo en bicicleta no son mis piernas, sino vuestra solidaridad. Compartir esta durísima historia en tus redes sociales ayuda a que la campaña de Meyja -o de otros- llegue a personas que pueden marcar la diferencia. ¿Nos ayudas a difundir su voz? ¡Gracias por estar a nuestro lado en las causas que de verdad importan!






