top of page

RESULTADOS DE BÚSQUEDA

Buscar en este sitio

Se encontraron 30 resultados sin ingresar un término de búsqueda

  • Joseba Etxebarria | Fotografía Documental y Humanitaria

    Joseba Etxebarria, fotógrafo humanitario y documental español, creador del Proyecto Voice y fundador de diferentes proyectos sociales en Camboya. Descubre su portfolio de fotografía Documental y Humanitaria. EXPLORA EL PORTFOLIO DE FOTOGRAFÍA ➜ JOSEBA ETXEBARRIA Fotografía Humanitaria y Documental Desde el año 2010 muestro la parte más humana del mundo a través de mi Proyecto Voice : una expedición humanitaria y documental creada para convivir con comunidades frecuentemente olvidadas y dar visibilidad a sus historias. La fotografía documental es la herramienta que me permite compartir esas realidades y promover el respeto por los Derechos Humanos. De la misma expedición nacen también Alas para el Futuro , nuestro proyecto de protección y educación en Camboya, y Human Gallery , un espacio cultural dedicado al encuentro y la reflexión a través de la imagen. Esta web reúne más de dieciséis años de historias, fotografías y proyectos construidos sobre una misma convicción: conocer, comprender y acercar realidades para contribuir a un mundo más humano. Cuatro proyectos con u n mismo propósito: utilizar el viaje , la fotografía , la educación y la acción social para acercar realidades, generar conciencia y construir puentes entre culturas. VUELTA AL MUNDO PROYECTO VOICE El 22 de mayo de 2010 inicié el Proyecto Voice con un claro propósito: convivir con aquellas comunidades que el mundo parece haber olvidado y dar voz a sus realidades a través de mi cámara. Una expedición documental y social que continúa activa en 2026 . 25 de octubre de 2026 Actualmente: E n Camboya Países visitados: 100 países. (En bicicleta: 41 ) Continentes visitados: 4 (África, América, Asia, Europa). TODA LA INFO DEL PROYECTO ➜ FOTOGRAFÍA LAS HISTORIAS Proyecto de fotografía humanitaria y documental centrado en los Derechos Humanos , la dignidad y la capacidad de resiliencia humana. Un importante archivo de historias reales de personas y comunidades del mundo. Series de fotografía: Infancia y Adolescencia Nuestros Mayores Gente del Mundo Educación Hogar y Familia Desarrollo Paisajes y Detalles FOTOGRAFÍA: LAS HISTORIAS ➜ ALAS PARA EL FUTURO PROYECTO DE EDUCACIÓN El acceso a la educación es un derecho fundamental del que otros muchos dependen y mediante nuestro programa de educación infantil , trabajamos para que esto se cumpla en un grupo de niñas y niños de Camboya . CONOCER EL PROYECTO ➜ HUMAN GALLERY EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA Espacio cultural y social creado en Camboya para promover el encuentro, la reflexión y el diálogo a través de la fotografía documental . VER GALERÍA VIRTUAL ➜ Viajar por el mundo: El postureo del viaje en redes sociales ¿Viajamos para contribuir al mundo o para alimentar nuestro ego? Después de compartir la mañana con los niños de nuestro programa de educación, y sus familias, reflexiono sobre el preocupante auge del "postureo digital" y los viajes con propósito. Una declaración de principios, directa y sin filtros, sobre lo que significa viajar con responsabilidad hoy en día. Viaje | Vuelta al mundo Esclavitud moderna: Tres noches en la cantera | La India En mitad de mi viaje en bicicleta por el estado de Maharashtra, un inesperado aviso de dinamita me adentró en el corazón de una cantera de piedra. Allí pasé tres días conviviendo con la durísima realidad de la esclavitud moderna, documentando el trabajo infantil de sol a sol y la inquebrantable dignidad de los "sin vida". Fotografía | Las historias Human Gallery: Protegiendo la infancia en Camboya Una mirada atrás a la esperada reapertura de nuestro espacio en la calle 2 de Battambang tras la pandemia. Analizamos el impacto de la crisis turística en las familias rurales de Banan y cómo reactivamos el proyecto "Alas para el Futuro" para devolver a los niños a las aulas y reponer sus bicicletas escolares. Human Gallery | Testimonio visual La Bestia: El tren de la muerte y la realidad migrante | México Una inmersión profunda en la ruta migratoria más peligrosa de América. Analizamos las causas, los riesgos de extorsión y los accidentes en las vías de "La Bestia", compartiendo los dos meses de vivencias y fotografía documental que pasé junto a los migrantes en la frontera sur de México. Fotografía | Las historias 1 2 3 4 5 Artículos publicados

  • Proyecto VOICE | Joseba Etxebarria | Fotografía Humanitaria y Documental

    La vuelta al mundo en bicicleta del fotógrafo español Joseba Etxebarria, es un proyecto fotográfico de sensibilización social que en 2026 lleva ya activo 9 años y puede inspirarte para tu viaje de Bicepaking o cicloturismo. Proyecto Voice. EXPEDICIÓN LA VUELTA AL MUNDO EN BICICLETA INSTAGRAM La vuelta al mundo en bicicleta de Joseba Etxebarria es una expedición humana, social y artística que se inició en 2010 y continúa activa en 2026 . A través del Proyecto Voice , el fotógrafo humanitario español recorre el planeta con un propósito claro: utilizar la fuerza de la fotografía documental para dar voz a los más vulnerables. Aquí encontrarás las historias reales de un gran viaje en bicicleta alrededor del mundo que no se detiene. Si buscas inspiración para un gran viaje en bicicleta por África , Asia , América o Europa , seguro que aquí la encontrarás. Además, en su nueva guía completa para viajar en bicicleta , descubrirás consejos reales para organizar tu ruta, decidir qué bicicleta elegir, cómo financiar tu viaje o cómo cruzar continentes con una bicicleta. Puedes seguir mi labor en Instagram . Estadísticas de la ruta Actualizadas el 25 de octubre de 2026 Para responder a quienes buscan los datos reales sobre la vuelta al mundo en bicicleta (Proyecto Voice), aquí actualizo los números de la ruta desde que la expedición comenzó el 22 de mayo de 2010 en Vitoria-Gasteiz y continúa activa en 2026 , con actualizaciones periódicas desde el mapa de ruta . País actual: Camboya. Datos reales del viaje: Días sobre la bicicleta: 3.234 días. Kilómetros pedaleados: 77. 064 km. Países visitados en bici: 41 países. (Países visitados sin bici: 59 países ) Continentes cubiertos: 4 (África, América, Asia, Europa). 📌 Nota de transparencia: Aunque salí de España en 2010 (llevo 12 años sin regresar), solo contabilizo como días de viaje los de pedaleo efectivo (9 años en total). El resto del tiempo la ruta ha hecho pausas obligadas por lesión en el menisco de mi rodilla izquierda o para gestionar sobre el terreno el proyecto infantil Alas para el futuro y Human Gallery en Camboya. Mi compromiso con las causas que documento está siempre por encima de los kilómetros. Último diario de ruta ➜ Cómo nació el Proyecto Voice: El origen de una vuelta al mundo en bicicleta Todos experimentamos un punto de inflexión en la vida, ese momento clave que detona nuestra transformación personal . El mío llegó a los 43 años. Las herramientas con las que contaba en ese momento eran mí cámara de fotos, una gran mochila de 27 kg cargada sobre la espalda y una convicción profunda: la necesidad de cambiar de rumbo. De la indignación al gran sueño del cambio. Vivía saturado por las injusticias de nuestro sistema, viendo cómo la opulencia de los países desarrollados se sostiene, a menudo, sobre el olvido de las regiones más vulnerables. Ante esta realidad, tomé una decisión irrevocable: renunciar a la seguridad de un buen salario fijo para volcarme en un gran sueño. Quería ser parte del cambio. Como preparación para el gran reto que vendría después, inicié una primera aventura a pie. Caminé bordeando todo el contorno del Estado español durante cuatro meses y medio, una experiencia vital que asentó las bases de mi futuro proyecto. Fotografía social para dar voz a los sin voz. El 22 de mayo de 2010 , arranqué desde Vitoria-Gasteiz el viaje que transformaría mi vida para siempre: la vuelta al mundo en bicicleta . Así es como cobró vida el Proyecto Voice . La esencia de este viaje no es la velocidad, sino la pausa. Viajo en bicicleta para integrarme en las comunidades, convivir con las personas que gran parte del mundo ha decidido ignorar, y conocer su realidad humana. A través de la fotografía documental , mi objetivo principal es dar voz a los sin voz , rescatando del olvido las historias de aquellos que no suelen ser escuchados. Propósito del Proyecto Voice: Compromiso con los Derechos Humanos Ante el dolor lento y profundo que produce la miseria, solo caben dos opciones: la huida o el compromiso. Yo opté por lo segundo. Entendí desde el primer momento que para transformar las realidades más duras era necesario mirarlas de frente, documentándolas con absoluta honestidad, empatía y respeto. Defensa activa de la dignidad y la igualdad social. El Proyecto Voice es una iniciativa formal de fotografía humanitaria y sensibilización social que nace para defender activamente el derecho a la vida, la igualdad y la libertad de las personas. No es solo un viaje de exploración; es un compromiso firme con la justicia global. Para que este propósito genere un impacto real, el proyecto se estructura bajo tres pilares fundamentales: Dar voz a los sin voz: Convertir la cámara en un altavoz global para aquellas personas y comunidades vulnerables que una gran parte del mundo ha decidido olvidar. Concienciación y denuncia: Utilizar el poder del periodismo documental para visibilizar las injusticias y sacudir la indiferencia de las sociedades más avanzadas. Documentación con respeto: Acercarse a las realidades más complejas sin caer en el amarillismo, priorizando siempre la dignidad, la historia y la humanidad de cada protagonista. CANAL DE YOUTUBE ¿Por qué viajar en bicicleta por el mundo? La filosofía del Proyecto Voice A la hora de planificar un reto de la magnitud del Proyecto Voice , la elección del medio de transporte va mucho más allá de la simple logística; se convierte en una declaración de intenciones y en una filosofía de vida. Me preguntan por qué decidí hacer este viaje en bicicleta en lugar de caminar o utilizar transportes públicos como el autobús. La respuesta está en el equilibrio perfecto que ofrece el pedal: Frente al autobús o el coche: El motor te aísla del entorno. Te convierte en un mero espectador detrás de un cristal que avanza demasiado rápido, perdiéndote los matices del camino y las realidades de los pueblos que quedan al margen de las rutas turísticas. Frente a caminar: Aunque ir a pie ofrece una cercanía absoluta, las distancias de una vuelta al mundo harían inviable abarcar la cantidad de comunidades y realidades que el Proyecto Voice necesitaba documentar. El equilibrio perfecto entre humildad y ritmo vital. La bicicleta es el vehículo democrático por excelencia. Rompe cualquier barrera social y te sitúa al mismo nivel que las personas que encuentras en el camino. Al llegar pedaleando, te presentas con la misma humildad con la que ellos, más tarde, te abren las puertas de su hogar para compartir su vida, su historia personal y la situación de su comunidad. Además, la bicicleta ofrece el espacio mental y el tiempo exactos para asimilar diariamente la dureza y la belleza de lo vivido. Sobre el sillín no hay prisa; se vive, se siente y se viaja a la velocidad real que marca la vida. ¿Estás planeando tu propio gran viaje? Si tú también estás soñando con emprender una aventura similar y buscas consejos reales sobre el tipo de bicicleta para un largo viaje , la equipación , las mejores alforjas o cómo gestionar los visados , te invito a leer mi guía completa para organizar un largo viaje en bicicleta . En ella comparto de forma transparente toda mi experiencia técnica y humana acumulada durante más de 77.000 kilómetros pedaleados hasta hoy (octubre 2026). Y en mi blog puedes leer las crónicas del viaje . INSTAGRAM Puedes seguir mi labor en Instagram . INSTAGRAM ➜ Financiación con propósito: Cómo se sostiene el Proyecto Voice Un proyecto documental independiente de esta magnitud requiere un gran esfuerzo, no solo físico y emocional, sino también logístico. El Proyecto Voice es una iniciativa personal que se mantiene viva gracias a la solidaridad, el esfuerzo propio y el compromiso compartido. El motor del proyecto: Tu apoyo y la fotografía. La principal vía de financiación de esta aventura en bicicleta sigue siendo el fruto de mi propio trabajo y tu colaboración directa. El proyecto se sostiene gracias a la venta de algunas de mis fotografías documentales y otros productos exclusivos disponibles en la tienda solidaria de esta web. Cada vez que adquieres una de mis obras, no solo te llevas un pedazo de una historia olvidada a tu hogar, sino que te conviertes en el motor que permite que este viaje siga adelante y que esas realidades sigan siendo visibilizadas. Alianzas que suman: Marcas y personas comprometidas. Para seguir avanzando con paso firme en este 2026 y los años restantes hasta dar por concluida la vuelta al mundo en bici, el proyecto también se nutre de la confianza de colaboradores estratégicos. Actualmente, tengo la suerte de contar con el respaldo de algunas marcas comprometidas que patrocinan parte del material técnico que utilizo en mi día a día en la carretera. Sin embargo, el camino es largo y las necesidades técnicas evolucionan. Para seguir documentando con la máxima calidad posible, el Proyecto Voice mantiene las puertas abiertas a nuevas colaboraciones: Patrocinios de material : Si eres una marca y quieres sumarte esponsorizando equipamiento esencial (como la renovación del material fotográfico actual o equipación personal invierno/verano), tu apoyo será clave para el desarrollo del proyecto. Apoyo humano y económico: Si eres una persona física que vibra con esta causa y deseas aportar tu granito de arena mediante un apoyo económico directo, tu contribución sumará kilómetros de esperanza. Mi más sincero agradecimiento a todas las personas y marcas que, de una manera u otra, mueven los pedales del Proyecto Voice . Sin vosotros, me sería muy difícil continuar con esta labor social. ¿Cómo puedes apoyar el Proyecto Voice? Elige tu forma de sumar Si la filosofía de este viaje va contigo y quieres convertirte en parte activa del Proyecto Voice , tienes tres vías directas para colaborar y ayudarnos a seguir dando voz, y protección, a quienes más lo necesitan: 🛒 Adquiriendo fotografía con causa (Impacto Solidario): Puedes comprar cualquiera de las fotografías disponibles en la tienda de esta web. Además de llevarte una imagen con alma, el 50% de la venta se destina directamente al programa de educación infantil en Camboya Alas para el futuro . Tu arte se convierte en el futuro de un niño. Una forma rápida y segura de enviar tu aportación económica. Tu ayuda llega de manera íntegra en solo unos minutos. Por favor, recuerda indicar en el concepto que el propósito de tu apoyo es el "Proyecto Voice". 💸 Apoyo inmediato a través de TransferGo: 🏦 Transferencia bancaria directa: Si lo prefieres, puedes realizar una transferencia tradicional directamente a los datos de la cuenta bancaria aquí detallados . No olvides añadir en el concepto: "Apoyo al Proyecto Voice". Ya me encargaré yo de hacer llegar el 50% a nuestros jóvenes camboyanos beneficiarios del programa Alas para el futuro . Mapa con la ruta Ruta que estoy siguiendo en la vuelta al mundo en bicicleta El camino ya recorrido: España → Francia → Mónaco → Italia → Eslovenia → Croacia → Bosnia & Herzegovina → Albania → Montenegro → Macedonia → Grecia → Turquía → La India (1) → Nepal → China → Laos → Tailandia → Camboya (1) → Vietnam → Marruecos → Sahara Occidental → Mauritania → Senegal → Gambia → Guinea Bissau → Guinea → Sierra Leona → Liberia → Costa de Marfíl → Camboya (2) → México → Guatemala → El Salvador → Honduras → Colombia → Ecuador → Perú → Bangladesh → Argentina → Bolivia → Paraguay → Brasil → Camboya (3) → La India (2) → Camboya (4) ...

  • Blog/Posts

    My Items I'm a title. Click here to edit me. Viajar por el mundo: El postureo del viaje en redes sociales Hay momentos en los que cuesta mantener la mirada en la pantalla. Hoy ha sido uno de esos días. Vengo de compartir la mañana con algunos de los niños del programa de educación del que soy responsable. De comprobar sus esfuerzos, de compartir sonrisas, de aprender algo más y de ver la cruda realidad de un entorno que trabaja duro por mantenerse vivo. Cansado pero sonriente, he llegado a mi pequeño refugio camboyano, he abierto mi ordenador y al conectarme a internet, el contraste me ha abofeteado nuevamente la cara: un aluvión de creadores de contenido compitiendo por el ángulo más idílico, el baile más ridículo o el filtro más idóneo para seguir mendigando seguidores. Si hablo con el filtro de la corrección política, desde los valores y principios que guían mis más de 8 años de ruta y otros tantos de fidelidad absoluta a la causa, miraría a los ojos a toda esa generación del postureo digital y les diría: "Decidisteis ser el pasatiempo para muchos en vez de la esperanza para una mayoría". El gran engaño de la era del "Like". No busco lanzar una crítica vacía, sino dar un toque de atención que considero imperioso. Nos hemos vuelto locos. Hoy en día se premia, y se da un apoyo visual masivo, a quienes viajan con el único propósito del beneficio personal, el dinero y la fama, mientras se invisibilizan las realidades que de verdad duelen. Viajar por el mundo no es acumular banderas en un perfil de Instagram. Tampoco vender una felicidad empaquetada. Viajar por el mundo, al menos como yo lo entiendo, es una responsabilidad. Hace años asumí el compromiso de no mirar hacia otro lado ante la situación de muchos. Decidí que mi cámara de fotos no sería un juguete para ganar aplausos, sino un altavoz para documentar la dignidad humana de las comunidades que gran parte del mundo parece haber olvidado. Y eso implica bajarse de la bicicleta, comprometerse y, a veces, detener el viaje. La realidad frente al filtro: El valor de un compromiso. Mientras el postureo digital vende humo, la realidad sobre el terreno no espera a que los algoritmos decidan qué es tendencia. Mi compromiso no es de postal; se llama Alas para el futuro. O Meyja, Joseph, Lamin, Bharati, Tiare o Quico... Tras verme obligado a cerrar temporalmente las puertas de Human Gallery en Battambang, debido al impacto del cierre de la frontera entre Camboya y Tailandia, mi prioridad absoluta sigue intacta: mantener la estabilidad y la educación de estos nueve chavales que tenemos a nuestro cargo en el programa. Podría haber elegido el camino fácil: usar las redes para pedir, sumarme a la corriente de la queja pública o mercantilizar las necesidades de estos niños, pero en 2009, mientras preparaba el Proyecto Voice, me hice una promesa inquebrantable: jamás llorar a la gente para sacar un beneficio de ello, fuera cual fuera la razón. Creo firmemente en tocar los corazones sutilmente a través de la acción y la coherencia, no a través de la demanda. Mi única vía para sostener este proyecto ha sido, es y será, la pureza de mi fotografía y la confianza en que las personas que descubren labores honestas, decidan no mirar hacia otro lado. Aishwarya en su pequeña escuela de la región de los Annapurna, Nepal Volver a lo Humano. No se trata de ir a contracorriente por el simple hecho de rebelarse. Se trata de recuperar el alma de las cosas. La tecnología y las redes sociales son herramientas maravillosas si se usan para construir puentes, para acercar mundos y para recordar que, detrás de cada frontera cerrada, hay vidas, nombres propios y futuros que merecen una oportunidad. Vendemos nuestra atención al diablo del algoritmo. No invirtamos nuestro tiempo alimentando un postureo vacío que solo busca el aplauso egoísta. Cuando miréis una pantalla, buscad la verdad. Apoyemos visual y humanamente a quienes usan sus pasos para sumar positivamente al entorno que pisan. O al menos para intentarlo. Yo, por mi parte, seguiré haciendo lo que debo aquí en Battambang hasta que el 2 julio mi otro compromiso y la ilusión me devuelvan a la ruta, rumbo a La India. No para sumar kilómetros, ni para buscar los mejores ángulos que me sumen seguidores, sino para escuchar historias reales y mantener en el tiempo sus miradas. Hagamos de este mundo digital, por fin, un lugar de encuentro para lo verdaderamente HUMANO. Gracias por manteneros cerca. Amanecer en el Golfo de México Viaje More Esclavitud moderna: Tres noches en la cantera | La India Me encontraba en Maharashtra, un estado situado en el área central occidental de la India. Unos días antes había dejado atrás la caótica ciudad de Mumbai, donde conviví en la calle durante dos días con cuatro menores en situación de exclusión. Siguiendo la ruta de mi vuelta al mundo en bicicleta, había puesto el ojo, como casi siempre, en el extremo sur del país: concretamente en la ciudad de Kanyakumari. Pedaleando por una carretera en muy mal estado, coincidí con una familia que realizaba labores de reparación sobre el maltrecho asfalto. Varios de los trabajadores eran menores de edad. Paré durante unos minutos con la idea de preguntarles si sabían de algún lugar tranquilo en la zona donde pudiera acampar esa noche. Me indicaron que había un pequeño sendero a la izquierda de la carretera, a unos dos o tres kilómetros. Este camino me llevaría a una gran cantera, que era de donde procedían los montones de piedras repartidos por el asfalto. Allí pasaría tres difíciles días entre más de un centenar de almas sin vida, sin expresión en sus rostros y sin esperanza alguna. Esclavitud moderna Familia realizando trabajos de reparación en la carretera. Un refugio equivocado y un aviso a contrarreloj. Localicé el camino y, un poco más adelante, la cantera. La familia me había comentado que era un lugar tranquilo, lo que me hizo pensar que se trataba de una explotación abandonada o sin servicio. Pero nada más lejos de la realidad... Al llegar, coloqué a Maravilla a buen resguardo detrás de un muro natural de roca y comencé a caminar para localizar el mejor rincón que nos permitiera descansar unas horas durante la noche. Lo encontré entre un mar de piedras, grandes rocas y polvo. Con la tienda ya montada —no sin antes haber preparado bajo ella un colchón natural de pequeñas piedras para cubrir las puntiagudas rocas clavadas en el suelo—, escuché una voz. Desde lo alto de una pequeña colina de roca blanca, un hombre me gritaba mientras agitaba los brazos de un lado a otro. —“Boommmmmm boommmm, nooooo”—, me decía sin dejar de cruzar los brazos en alto. Al hacérsele imposible descender hasta donde yo me encontraba, decidí acercarme a él tanto como las grandes rocas me lo permitían. —“Boommmmmm boommmm”—, insistía el buen hombre a la par que me señalaba el camino por el que había entrado una hora antes. No habrían pasado ni cinco minutos cuando dos hombres, en un considerable estado de nerviosismo, se presentaron por uno de los laterales: —“Tienes que retirar de aquí tu tienda de campaña y la bicicleta ahora mismo. En veinte minutos va a estallar una carga de dinamita que han colocado nuestros compañeros justo aquí al lado”—, me dijeron en un buen inglés con el inconfundible acento indio. Sin tiempo para pensar, y con la ayuda de ambos, desmontamos rápidamente la tienda de campaña. Allí quedaba el colchón de piedras que con tanto esmero había preparado. El estallido y una invitación inesperada. Salimos al camino por el que había accedido y llegamos al cruce de la carretera principal, donde se encontraban más de una decena de operarios esperando la detonación. Desde allí presencié y grabé el momento del fuerte estallido. Hasta ese instante no fui consciente de que aquellos hombres, probablemente, me habían salvado la vida. La detonación no solo cumplió con su objetivo, sino que también arrancó una carcajada a cada uno de los operarios al verme saltar cual rana huyendo de su depredador. Una vez pasado el mal trago, el encargado de dar la orden de la detonación me invitó a pasar la noche en el barracón de los empleados más cualificados de la compañía. Una cena caliente y un catre de cuerda fueron más que suficientes para descansar como hacía mucho tiempo no lo hacía. A la mañana siguiente, tras escuchar los detalles del viaje que estaba realizando y ver el archivo visual que llevaba conmigo, me invitaron a acompañarles una segunda noche. Acepté la invitación. Durante el atardecer del día anterior, había visto al resto de los trabajadores llegar a sus chabolas después de su eterna jornada de trabajo; por no decir de esclavitud. Se trataba de los no cualificados. Los otros. Los sin vida. Aquellos que acostumbran a llevarse la peor parte del trabajo más duro, ese que pisotea la dignidad humana. Familias enteras con la mirada perdida y envueltas en una gruesa capa de polvo blanco. Esha, Bharati, Aruna y Kavita, esclavas en el siglo XXI, no tienen otro estilo de vida con el que poder comparar. Testigo de la injusticia a través de la fotografía documental. Aquella mañana, con la primera luz y el permiso del máximo responsable de la empresa, me subí a un viejo tractor en compañía de un chaval de no más de doce años. Khushi y su padre tenían como misión pasar el día conmigo para hacerme llegar a cada rincón de aquel cementerio en vida y ver el trabajo que desempeñaban, de sol a sol, "los otros". Esto me sorprendió sobremanera. Este tipo de empresas nunca permiten la entrada a sus instalaciones, y menos a un fotógrafo comprometido con la fotografía documental y humanitaria que viaja con un proyecto contra la vulneración de los Derechos Humanos. No permiten que nadie descubra las condiciones en las que la gente lleva a cabo sus labores diarias, más aún cuando muchos de ellos son menores de edad. Nuevamente nos encontrábamos certificando la esclavitud moderna a la que son sometidos millones de personas en el mundo. En muchos, muchísimos casos, niños en edad de ocupar su tiempo con juegos, en la escuela o simplemente dibujando sus sueños. Esto último era algo de lo que Maravilla y yo nos encargaríamos de recoger directamente de manos de algunos de ellos al anochecer, ya a su regreso de "la batalla", como parte de las dinámicas de mi Proyecto Voice. Yalitza es un claro ejemplo de la deshumanización que se está apoderando del mundo. Durante los cortos descansos que el injusto calor obligaba a realizar a aquella gente, llegaba mi turno de ayuda en la carga de los grandes remolques que arrastraban los tractores. Disha es una niña más, entre millones, a quien se le usurpan cada uno de sus derechos fundamentales. La noche se echaba encima y decidí, antes de meterme al estómago una inmerecida cena caliente, compartir momentos con aquellos niños que, por no haber llegado aún a la “edad idónea” para poder destrozarse manos y espalda cargando rocas, deambulaban por los alrededores de sus chabolas. Ya de noche, y con las explotadas familias en sus hogares, continué con la ardua labor de comprobar el día a día de sus sacrificadas vidas. Allí, junto a ellos, quedó una parte importante de mí. Se acercaba la Navidad en La India, pero no para los "sin vida". Alas para el Futuro: Educación infantil en Camboya. Detrás de cada entrada de este blog y de cada captura fotográfica, hay una misión social. Con el proyecto Alas para el Futuro, aseguramos la educación básica de un grupo de niños y niñas en la provincia de Battambang, Camboya, un lugar donde la falta de recursos golpea con dureza a los más vulnerables. Aunque la situación actual en el país es compleja y el conflicto armado entre Camboya y Tailandia nos obligó a cerrar las puertas físicas de Human Gallery, no nos hemos rendido. Actualmente, asumo la financiación del proyecto de manera personal, impulsada principalmente por las ventas de arte fotográfico en esta plataforma y el apoyo de personas solidarias. Romper el ciclo de la pobreza infantil es posible. ¿Nos ayudas a lograrlo? Adquiriendo mis fotografías a través de las galerías de esta web. Realizando una donación directa para cubrir gastos escolares. Ver crecer a estos niños con oportunidades es el mejor paisaje posible. Si decides arrimar el hombro, ¡gracias de corazón por formar parte de este viaje! More Human Gallery: Protegiendo la infancia en Camboya Después del duro parón global por la pandemia del Covid-19, las fronteras comenzaron a abrirse de nuevo. Camboya, afortunadamente sin haber registrado cifras extremas de contagio, también se sumó a esa esperada "nueva normalidad". Gracias a este respiro, pudimos volver a abrir las puertas de nuestro pequeño gran rincón en una nueva ubicación: la emblemática calle 2 de Battambang. Esto supuso un gran impulso para que Human Gallery reactivara con fuerza la financiación directa de nuestro proyecto social en el terreno. Trabajamos por la igualdad de oportunidades en Battambang, Camboya. Tras esos dos años de incertidumbre, la realidad nos golpeó de frente: demasiados niños y niñas habían dejado de acudir a la escuela debido a la falta absoluta de ingresos en sus hogares durante la crisis sanitaria. En nuestro caso, la cifra ascendía a 63 menores. La caída total del turismo se reflejó de inmediato en la economía de muchas familias de la zona; especialmente en Banan, la comunidad rural cercana a la ciudad de Battambang donde centramos los esfuerzos de nuestro proyecto de educación infantil. Nuestra preocupación por la situación de las familias de los niños beneficiarios del proyecto de educación es constante, por eso las visitamos diariamente. Human Gallery y nuestro proyecto de educación infantil Reactivando el proyecto "Alas para el Futuro". Por este motivo, y porque tenemos claro que aunque el mundo se paralice nuestros pequeños deben seguir formándose y haciéndose fuertes de cara al futuro, aceleramos la reactivación del proyecto Alas para el Futuro. Nuestro objetivo prioritario en aquel momento fue apoyar a 72 familias vulnerables, garantizando la escolarización completa de sus hijos para el siguiente curso de primaria. La situación llegó a ser tan extrema que algunos padres se vieron en la dolorosa obligación de vender cuatro de las bicicletas que les habíamos entregado anteriormente a los niños para que pudieran desplazarse a la escuela. Reponer ese transporte se convirtió en una necesidad urgente para evitar el abandono escolar. Excursión con cuatro de los niños. Fotografía con propósito y Derechos Humanos. El acceso a la educación primaria es un derecho fundamental del que dependen todos los demás. A través de la fotografía documental y humanitaria que daba vida a la galería, y dentro de nuestras posibilidades, trabajamos a diario para que esto se cumpla. El arte no solo decora, sino que se transforma en herramientas, matrículas y oportunidades. Aunque las vías de financiación mutan con los años, el espíritu de Alas para el Futuro sigue intacto: asegurar que los niños de la comunidad de Banan rompan el círculo de la pobreza a través de las aulas. Si puedes apoyarnos adquiriendo material escolar o respaldando nuestras acciones de cara a los nuevos ciclos, estarás dando un paso de gigante junto a estos chavales. Human Gallery proyecto de educación infantil. APOYA NUESTRO PROYECTO DE EDUCACIÓN INFANTIL "ALAS PARA EL FUTURO". El motor de esta web y de mi trabajo fotográfico va mucho más allá del arte: busca transformar vidas. A través del proyecto Alas para el Futuro, coordinamos y financiamos la escolarización de niños y niñas en la comunidad de Banan (Battambang, Camboya). Tras el doloroso cierre físico de Human Gallery en agosto de 2025 debido al conflicto armado fronterizo, el proyecto sigue adelante gracias al compromiso personal y, sobre todo, a ti. Hoy, Alas para el Futuro se financia íntegramente a través de la venta de mis fotografías en esta web y de tus donaciones online. La pobreza extrema genera realidades inimaginables para estos pequeños. Si quieres unirte y cambiar su futuro, tienes varias formas de colaborar: Compra una fotografía en nuestra tienda online: Cada imagen que vistes en tu hogar se traduce en educación. Haz una donación online: Cualquier aportación suma directamente a su escolarización. Si puedes y deseas apoyarnos, tanto nuestros niños como yo, te estaremos eternamente agradecidos. ¡Tu ayuda vuela alto! More La Bestia: El tren de la muerte y la realidad migrante | México La Bestia, también conocido como el tren de la muerte, es el nombre con el que se bautizó al convoy de carga que cruza la República de México desde su frontera sur con Guatemala hasta el límite con los Estados Unidos en el norte. Cada año, miles de migrantes llegados desde Centroamérica —principalmente de El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua— abordan este gigante de metal en su afán por alcanzar el mal llamado "sueño americano". Por delante les esperan más de 2.300 kilómetros de verdadera incertidumbre y peligro. Al resultar tan difícil y restrictivo el acceso legal por la frontera sur de México, las personas en movilidad optan por arriesgar sus vidas tomando rutas clandestinas y medios de transporte extremadamente peligrosos que, a menudo, los dejan a merced del tráfico de personas. Los principales puntos de acceso para subir a la ruta de La Bestia desde el sur de México son Tenosique, en el Estado de Tabasco (donde pasé casi dos meses documentando la situación), y Ciudad Hidalgo, en el Estado de Chiapas. Los estados meta a alcanzar en la frontera norte son, principalmente, Tamaulipas y Sonora. La bestia en Mexico. Las causas del éxodo: ¿Por qué arriesgar la vida en el tren de la muerte? Se estima que anualmente entre 400.000 y 500.000 migrantes se suben a estos techos de metal arriesgando todo. Las razones detrás de esta drástica decisión se repiten de frontera en frontera: la precaria situación económica en sus países de origen, las secuelas de conflictos civiles y políticos, la devastación de desastres naturales (como los huracanes que azotan la región de Centroamérica) y las continuas extorsiones o amenazas de muerte por parte de las bandas criminales asentadas en sus barrios. Un dato desgarrador que define esta crisis es que aproximadamente el 30% de quienes viajan en los trenes son migrantes cíclicos; es decir, hombres y mujeres que insisten en regresar a los Estados Unidos tras haber sufrido una deportación o un intento fallido previo. Para muchos, la bestia en México es la única opción viable: es "gratuita" y les permite rodear decenas de centros mexicanos de detención y numerosos puestos de control migratorio. Sin embargo, el peaje humano es altísimo. Durante la ruta hacia el norte, se enfrentan a asaltos, extorsiones, corrupción policial, destrucción de sus documentos de identidad, detenciones sin asesoría legal y violencia sexual. Las estadísticas, aun siendo muy poco amigo de ellas, dicen que el 80% de los inmigrantes serán asaltados en el camino y el 60% de las mujeres, violadas. Muchos otros ni siquiera corren esa 'suerte' y son secuestrados o directamente asesinados. El peligro invisible y la vulnerabilidad en las vías. Muchos de los accidentes más graves ocurren por el propio cansancio físico del viaje. Los migrantes, extasiados tras días de marcha, terminan durmiéndose sobre el techo de los vagones en movimiento. Un bache o un frenazo brusco los despide hacia las vías, donde muchos mueren al instante por decapitación, conmoción o graves mutilaciones. A esto se le suma la discriminación y las actitudes xenófobas que sufren en algunos puntos del trayecto, donde se les criminaliza injustamente. Su estatus de indocumentados y el desconocimiento de sus derechos fundamentales los convierte en el blanco perfecto para el acoso tanto de funcionarios corruptos como de carteles criminales sanguinarios, como Los Zetas en el Estado de Tamaulipas. "El Tren de la Muerte" ha sido retratado con frecuencia en la literatura, la prensa internacional y en numerosos documentales de televisión. Sin embargo, vivirlo de cerca cambia la perspectiva por completo. Durante mi vuelta al mundo en bicicleta, detuve los pedales para poner el foco de mi fotografía documental y humanitaria en esta realidad. Compartimos casi dos meses de vida, historias y café en el albergue "La 72", en la localidad de Tenosique (Tabasco). Allí, además de retratar sus miradas, activamos las dinámicas del Proyecto Voice, permitiendo que los niños atrapados en esta dura ruta migratoria expresaran sus miedos y esperanzas a través del dibujo. La bestia en Mexico. APOYA NUESTRO PROYECTO DE EDUCACIÓN INFANTIL "ALAS PARA EL FUTURO". El motor de esta web y de mi trabajo fotográfico va mucho más allá del arte: busca transformar vidas. A través del proyecto Alas para el Futuro, coordinamos y financiamos la escolarización de niños y niñas en la comunidad de Banan (Battambang, Camboya). Tras el doloroso cierre físico de Human Gallery en agosto de 2025 debido al conflicto armado fronterizo, el proyecto sigue adelante gracias al compromiso personal y, sobre todo, a ti. Hoy, Alas para el Futuro se financia íntegramente a través de la venta de mis fotografías en esta web y de tus donaciones online. La pobreza extrema genera realidades inimaginables para estos pequeños. Si quieres unirte y cambiar su futuro, tienes varias formas de colaborar: Compra una fotografía en nuestra tienda online: Cada imagen que vistes en tu hogar se traduce en educación. Haz una donación online: Cualquier aportación suma directamente a su escolarización. Si puedes y deseas apoyarnos, tanto nuestros niños como yo, te estaremos eternamente agradecidos. ¡Tu ayuda vuela alto! More Niños soldado: Los hijos del éxodo | Sierra Leona Los hijos del éxodo y la misericordia, ‘educados’ en un ambiente desesperanzado, acaban reclutados como carne de cañón para guerras sin final ni solución política; conflictos que los organismos internacionales se limitan a poner entre paréntesis como problemas crónicos sin resolver. Son jóvenes, hijos de campesinos o refugiados, que se ven convertidos a la fuerza en soldados adolescentes. Chicos que aún gustan de llamarse “freedom fighters” (combatientes de la libertad), pero que luchan con un espíritu y unos métodos radicalmente distintos a los de los antiguos frentes de liberación, aquellos que soñaban revoluciones y peleaban contra la opresión colonial. Equipados con los restos de otros naufragios históricos y haciendo gala de la disciplina de una banda de piratas, combaten y mueren en guerras casi siempre olvidadas por nuestros medios de comunicación. Se calcula que, solo en la pequeña Sierra Leona, fueron entre 6.000 y 10.000 los niños soldado que combatieron en la guerra civil durante la década de los noventa. Niños soldado. El pequeño Kaba de Sierra Leona El valor de la vida en la ruta africana. Sierra Leona es uno de los países más difíciles que he pisado a lo largo de mi vuelta al mundo en bicicleta. Un rincón del planeta donde, en gran parte del territorio, la vida parece valer menos que un litro de agua embotellada. "La pobreza, sus consecuencias, son inimaginables. Es imposible asimilar lo que éstas suponen para quienes sufren la carencia absoluta de las cosas más elementales para el desarrollo de sus vidas." Entré en el país desde la frontera con Guinea y lo hice con un propósito muy claro en mi mente: poner el foco de mi fotografía documental y humanitaria para recoger la historia de uno de los muchos ex niños soldado que aún viven su traumático recuerdo en absoluto silencio. Algo que, tras muchas jornadas de búsqueda y gracias al espíritu de escucha del Proyecto Voice, conseguí llevar a cabo entre un sinfín de lágrimas compartidas. Durante los primeros días en el terreno, visité el primer orfanato del país en la localidad de Port Loko. Allí comprendí que la educación es la única herramienta capaz de romper estas dinámicas destructivas. "Para alentar revoluciones de amor, no de sangre, hay que formar ciudadanos libres que sean críticos." Menelik y su hija Nala de Sierra Leona Testigos de la guerra: Víctor y José Luis. Poco después me encontraba en Makeni. Allí conocí a Victor Mosele, un misionero javeriano nacido en Italia con casi treinta años de duras vivencias en Sierra Leona. Entre sus múltiples experiencias se encuentran dos capturas por parte de los rebeldes del Frente Revolucionario Unido (RUF) durante la sangrienta guerra civil. Aún conservo sus memorias con el mismo respeto y cuidado que me las regaló. Antes de su primera captura en 1996, Víctor estaba a cargo de treinta y tres escuelas que acogían a más de seis mil alumnos. El dato más desgarrador es que algunos de esos mismos estudiantes estarían, poco después, entre sus propios captores. Niños entrenados a la fuerza para luchar en guerras que jamás fueron suyas. No muy lejos de Víctor se encontraba mi buen amigo José Luís, un misionero agustino recoleto, navarro de los pies a la cabeza. Junto a él y su comunidad pasé siete maravillosos días. Gracias a su hospitalidad descubrí un poco más la profunda historia que guarda este país y, de paso, logré recuperar varios de los kilos que había perdido durante el año y medio de intenso pedaleo que hasta entonces llevaba recorriendo el continente africano. APOYA NUESTRO PROYECTO DE EDUCACIÓN INFANTIL "ALAS PARA EL FUTURO". El motor de esta web y de mi trabajo fotográfico va mucho más allá del arte: busca transformar vidas. A través del proyecto Alas para el Futuro, coordinamos y financiamos la escolarización de niños y niñas en la comunidad de Banan (Battambang, Camboya). Tras el doloroso cierre físico de Human Gallery en agosto de 2025 debido al conflicto armado fronterizo, el proyecto sigue adelante gracias al compromiso personal y, sobre todo, a ti. Hoy, Alas para el Futuro se financia íntegramente a través de la venta de mis fotografías en esta web y de tus donaciones online. La pobreza extrema genera realidades inimaginables para estos pequeños. Si quieres unirte y cambiar su futuro, tienes varias formas de colaborar: Compra una fotografía en nuestra tienda online: Cada imagen que vistes en tu hogar se traduce en educación. Haz una donación online: Cualquier aportación suma directamente a su escolarización. Si puedes y deseas apoyarnos, tanto nuestros niños como yo, te estaremos eternamente agradecidos. ¡Tu ayuda vuela alto! More La emoción en estado puro: Mi encuentro con Marita en la Fundación Vicente Ferrer | India Llevaba pedaleados en India algo más de 3.500 kilómetros. Me encontraba en el sur del país y la idea era visitar la Fundación Vicente Ferrer, una organización española que trabaja desde hace más de cincuenta años con los más desfavorecidos en el Estado de Andhra Pradesh. Llegué a la Fundación de noche, sin luces y sin que nadie me esperara allí, porque no había avisado de mi visita con anterioridad. No pasaron muchos minutos hasta que Ana, la maravillosa mujer de Vicente, se me presentó dándome la bienvenida a Anantapur, ciudad donde está ubicada la central de la organización. Vicente, marido de Ana y fundador de esta gran historia, fue, es y seguirá siendo una de las personas en las que baso muchos de mis valores y principios. Él fue y sigue siendo un ejemplo para millones de personas. Un año antes de mi llegada, Vicente había fallecido entre la más absoluta admiración del pueblo indio y de medio mundo. —Perdona por haber llegado un año tarde— le dije a Ana. —Nadie sabía lo que iba a suceder. Lo importante es que estás aquí y vas a poder conocer el legado que Vicente nos dejó— sentenció. Por aquel entonces yo tenía un blog, sencillo pero con mucha aceptación, donde escribía sobre mi día a día de la vuelta al mundo. Susana, una de mis buenas amigas en España y fiel seguidora, se enteró a través de las publicaciones de mi inminente visita a la Fundación y rápidamente me escribió un correo pidiéndome un gran favor: Joseba, desde hace cinco años tengo apadrinada a una niña de la Fundación Vicente Ferrer. Su nombre es Marita. Cada año me envían una felicitación acompañada de un dibujo hecho por ella. También me envían puntualmente fotografías para ver su evolución, pero me haría mucha ilusión saber qué tal está, cómo es su día a día y si es feliz con su familia. Por favor, ¿puedes hablar con quien corresponda en la Fundación para ver si puedes visitar a Marita y su familia, y contarme cómo es?”, decía claramente en el correo. Aquella primera noche en Anantapur le expliqué a Ana el favor que me había pedido mi amiga. —Has llegado en bicicleta hasta aquí y lo mínimo que puedo hacer por ti es lo posible para que conozcas a la niña y le des tu impresión a Susana— me respondió Ana. Por la mañana, a primera hora, uno de los guías de la Fundación pasó a buscarme para llevarme a conocer a la pequeña y feliz Marita. El guía hablaba perfectamente español y, a la vez que conducía el 4x4, me iba explicando cómo es la vida en aquella zona de India, el segundo Estado más seco del país y uno de los más pobres. —Marita vive con su familia a unos cien kilómetros de la Fundación, pero es uno de los viajes que más me gusta hacer porque la gente de esa zona es increíblemente amable y hospitalaria— me dijo el conductor con cierto grado de emoción. Jamás olvidaré aquel día. Era la séptima vez que visitaba India, pero nunca antes había sentido la emoción de una experiencia similar en el país. Y puedo decir que tengo muchas vividas y bien conservadas en el corazón… Llegamos a media mañana a la aldea. Antes de entrar, le pedí al guía que parase un momento en la carretera porque necesitaba serenarme. La emoción había formado un nudo en mi garganta que necesitaba deshacer. Me bajé del coche y descargué los sentimientos que me tenían bloqueado desde la salida. Marita era la razón de esta profunda historia y no podía permitir que mis lágrimas le arrebataran el protagonismo. Desde el mismo momento que cruzamos frente a la primera casa, pude sentir que todo el pueblo nos estaba esperando. El guía me indicó con el dedo cuál era el hogar de Marita. Conté seis casas al lado de la de la pequeña. En el centro de todas ellas había un espacio libre, como un lugar de juego y socialización para las familias. Allí se detuvo el vehículo. Enfrente nos esperaban varias decenas de personas, pero no conseguí localizar a Marita de inmediato. La emoción era tal que le pedí a mi compañero que me diera unos segundos antes de bajarme. De repente, vi a una niña hermosísima acercarse a nosotros. Era Marita. En sus manos tenía dos collares hechos a mano con multitud de flores de colores. En el suelo, sobre la arena, cientos de pétalos me daban la bienvenida: "Welcome Joseba", se leía con absoluta claridad. Aún no me había bajado del coche porque me temblaban demasiado las piernas. Las lágrimas, en vez de paralizarme, me animaron a abrir la puerta y abrazar a Marita como si se tratara de mi propia hija. La pequeña me abrazó como lo hubiera hecho con mi buena amiga Susana. ¡Qué momento! Después de más de un minuto de sincero abrazo, Marita me cogió de la mano y me llevó hasta la puerta de su casa para presentarme a sus padres y otros familiares, que se encontraban igual o más emocionados que yo. Fue un momento único. Me atrevo a confirmar que se trataba de uno de los instantes más conmovedores que había vivido desde que salí de España hacía ya más de seis meses. Una vez hube abrazado al resto de la familia —algo inusual en India—, comenzaron a acercarse los vecinos del pueblo. Niños y mayores se sumaban al encuentro después de colgarme del cuello más y más collares coloridos. Le pedí al guía que les tradujera unas palabras de agradecimiento, pero también que les dijera que yo simplemente era un amigo de Susana, y que era ella quien estaba haciendo posible un cambio en la vida de Marita y su familia. La Fundación Vicente Ferrer, entre otras muchísimas cosas, construye casas para miles de familias, y la de la pequeña era una de las tantas beneficiarias. Me enseñaron la vivienda que habían convertido, con mucho amor, en un gran hogar. Se trataba de una familia feliz. Realmente feliz. Marita es hija única —al menos por aquel entonces—, pero como dijo ella, todos los niños de la aldea eran sus hermanos. Fundación Vicente Ferrer. Junto a Marita y sus padres en su hogar Estuvimos algo más de una hora en la casa, recibiendo las ofrendas de todo el pueblo que, emocionado, se había acercado a conocer al hombre que llegaba en nombre de las miles de personas que desde España apoyan su causa. Estas fueron palabras textuales del guía. Visitamos la escuela donde estudiaba Marita. Allí nuestra visita también fue una fiesta; el colegio al completo nos esperaba impaciente. Nos recibieron con un baile típico de la zona y más flores que tuvimos que cargar en el 4x4 porque ya no nos cabían alrededor del cuerpo. Marita junto a algunas de sus compañeras de clase De la escuela, siempre de la mano de Marita, visitamos el pueblo y regresamos al hogar de la familia. Allí comimos y pasamos una tarde increíblemente maravillosa. Fotos y más fotos, sonrisas y más sonrisas de agradecimiento. Complicidad a raudales… Por aquel entonces, una parte importantísima de mi proyecto consistía en recoger los sueños de trescientos niños y niñas a través de sus propios dibujos. Los fui recopilando, uno a uno, en cada país que visité entre España y Vietnam, donde finalizaba la primera parte de esta vuelta al mundo por los Derechos Humanos a la que, muchos años después, continúo entregado en cuerpo y alma. Obviamente no podía marcharme de allí sin el sueño de Marita, así que desplegué sobre el mismo suelo todos los lápices de colores que cargaba en la bicicleta y una cartulina en blanco, al igual que había hecho con más de un centenar de niños durante los meses previos. Marita se encargó del resto y de allí salí con su sueño dibujado en trazos llenos de vida. Marita, su sonrisa y dibujo Marita era entonces una niña feliz, realmente feliz. Una niña amada por todos los que la rodean y que aprovechó la oportunidad que le dieron para estudiar. Como alguien dijo una vez, son las pequeñas acciones las que cambian el mundo. Y tú, mi querida amiga Susana, eres un claro ejemplo de ello. Si quieres descubrir más sobre la increíble historia de Vicente y Ana Ferrer, y cómo transformaron la vida de miles de personas en Anantapur, te animo de corazón a ver su película. Historias como la de Marita demuestran que la solidaridad no tiene fronteras. ¿Te ha conmovido esta experiencia tanto como a mí? ¿Has colaborado alguna vez con un proyecto de apadrinamiento? APOYA NUESTRO PROYECTO DE EDUCACIÓN INFANTIL "ALAS PARA EL FUTURO". El motor de esta web y de mi trabajo fotográfico va mucho más allá del arte: busca transformar vidas. A través del proyecto Alas para el Futuro, coordinamos y financiamos la escolarización de niños y niñas en la comunidad de Banan (Battambang, Camboya). Tras el doloroso cierre físico de Human Gallery en agosto de 2025 debido al conflicto armado fronterizo, el proyecto sigue adelante gracias al compromiso personal y, sobre todo, a ti. Hoy, Alas para el Futuro se financia íntegramente a través de la venta de mis fotografías en esta web y de tus donaciones online. La pobreza extrema genera realidades inimaginables para estos pequeños. Si quieres unirte y cambiar su futuro, tienes varias formas de colaborar: Compra una fotografía en nuestra tienda online: Cada imagen que vistes en tu hogar se traduce en educación. Haz una donación online: Cualquier aportación suma directamente a su escolarización. Si puedes y deseas apoyarnos, tanto nuestros niños como yo, te estaremos eternamente agradecidos. ¡Tu ayuda vuela alto! More Al amanecer, una nueva oportunidad: Diario de una vuelta al mundo en bicicleta | Camboya La situación por la pandemia es complicada en todo el mundo, pero, a mi parecer, aquellos que nos encontramos lejos "de casa" vivimos este momento con un grado extra de preocupación. La falta de información o la dificultad para localizar fuentes válidas complican bastante cualquier decisión sobre qué, cuándo y cómo actuar. Ante las noticias que circulaban desde hacía un tiempo por Camboya sobre una posible expulsión de los extranjeros bloqueados en el país, el pasado domingo escribí un correo a la embajada de España en Bangkok solicitando información. A primera hora de ayer recibía la respuesta: “Camboya sigue extendiendo de manera automática y gratuita los visados de los extranjeros, hasta nueva orden. En caso de que cambie la situación informaremos en nuestra web y en redes sociales. Seguimos a su disposición para cualquier otra cosa que necesite”, decía textualmente el correo. Seguimos lidiando con la infección, pero estamos descansados, preparados para lo que venga y más tranquilos con esta noticia. La primera semana de septiembre, Khmaw y yo completábamos la vuelta a Camboya en este reinicio de la vuelta al mundo. Ilusos nosotros, guiados por los rumores de entonces, esperábamos la pronta apertura de la frontera terrestre de Tailandia, Laos o Vietnam. Volvemos a la ruta. Seguimos con nuestro diario. Un nuevo amanecer en Camboya. Durante el primer mes de espera, pedaleamos al completo el norte de Camboya, bien pegados a la línea fronteriza con Tailandia, hasta llegar al protegido y deseado parque natural de Virachey. La razón principal para alcanzar la zona no era otra que acercarnos a los diferentes grupos étnicos asentados allí desde hace mucho tiempo y conocer de primera mano su situación. Durante los últimos años, estas comunidades viven sumidas en un intento de aplastamiento y continuo robo de tierras por parte de los "camboyanos originales", como se definen los locales de la provincia. Imagino que, como todo lo oscuro que sucede en este país, actúan arropados por el propio gobierno. Por si fuera poco, la noticia de que el virus había entrado en el país en las mochilas de los extranjeros —más concretamente de los occidentales— había corrido como la pólvora, lo que dificultaba enormemente el contacto con los locales. Sin mucho éxito en lo referente al contacto humano debido al recelo de la gente en la provincia de Ratanakiri, comenzamos a descender hacia el sur. Cruzamos el este de Camboya para llegar a Phnom Penh, su caótica capital. Javi, el Cónsul honorario español, nos esperaba en su casa con un gran desayuno y respuestas contundentes a mi consulta sobre las fronteras colindantes. Me aseguró que en breve los extranjeros con visado de turismo seríamos expulsados del país, tal y como tenía previsto hacer el gobierno tailandés. Eruta por el norte de Camboya. Salimos de la capital sumidos en la preocupación, pero nos dirigíamos a la costa —que no a la playa— y confiaba en que el mar nos invitaría a verlo todo desde otro prisma. Era mediados de julio. En Kampot nos esperaba Rafa, un fiel seguidor convertido en hermano de corazón. Cuando uno viaja por el mundo a corazón abierto, con una razón de peso detrás (o delante) y montado sobre una bicicleta con todo lo que ello implica, necesita comprensión, apoyo y, por qué no decirlo, unas dosis de cariño; más aún cuando sabe que su cuerpo se está haciendo mayor, que no su alma. De Rafa recibí todo eso, además de un aprendizaje en diferentes campos que a buen seguro algún exprofesor hubiera deseado conseguir de mí. —No eres consciente de lo mucho que estás haciendo por mí y por el proyecto, pero llegará el día —le repetí en varias ocasiones. Un abrazo, hermano. Siempre. Estés donde estés, lo necesites o no. Línea de frontera con Tailandia en el norte de Camboya Gracias al bueno de Noel, otro hermanazo de corazón, Khmaw obtuvo las reparaciones que le urgían y se veía con energía para rodar entre montañas y volver a sentir esa tierra roja. Los años también le sirven a ella para atesorar experiencia y entender la necesidad de aquel alto junto a Rafa. Durante veintiocho días permaneció allí a la espera, en silencio, con la certeza de que estábamos en el lugar adecuado. Y volvimos a la ruta siguiendo la línea de costa sin llegar a palpar el Mar Meridional de China. Nuestro destino era Koh Kong. La idea no era otra que un par de noches de acampada en la playa para descansar antes de acometer la cordillera de los Cardamomos, pero coincidimos con la celebración del Año Nuevo Khmer y la zona estaba infestada de turistas locales. Iniciamos la ascensión a la Cordillera de Cardamomo, en el sur de Camboya. Iniciamos la ascensión con los primeros avisos de una muela en malas condiciones. Por delante nos esperaban, como mínimo, dos días de constante subida por una estrecha pista en medio de una selva que, por olor y espesura, me recordaba a la del norte de Sierra Leona. Creo que nunca olvidaré aquella primera noche de acampada. El sonido de las grandes gotas de lluvia sobre la tienda de campaña y la espesa vegetación, sumado a las lágrimas de dolor, consiguieron que viviera cada minuto como una hora y cada hora como una eternidad. Todo lo pensado y sufrido aquella noche bien merece un espacio especial en ese libro que tantas veces me han solicitado y aconsejado escribir. Como pudimos, llegamos a la pagoda de Ou Saom, un pequeño pueblo en la alta planicie de la cordillera. Allí nos esperaban los monjes y una retahíla de medicamentos locales que, como por arte de magia, consiguieron bajar dos días después el flemón con el que nos habíamos despertado. Habíamos alcanzado la parte alta de los Cardamomos. La vida entendió que nos lo estaba poniendo demasiado difícil y nos regaló unos kilómetros de pedaleo —con flemón pero sin dolores— en medio de un entorno mágico complicado de describir. Un regalo que valoramos como merecía. Sin embargo, nos habíamos quedado sin un freno, así que iniciamos el descenso caminando por la misma pista que nos había traído hasta allí, pero en esta ocasión sujetando la bicicleta en lugar de empujarla. Y tras muchos kilómetros en soledad, llegaron los primeros encuentros. Un descanso en buena compañía. Con un solo freno, pero ya en llano, cruzamos parte de las provincias de Pursat y Battambang hasta alcanzar la ciudad donde he pasado los últimos años y desde donde habíamos reiniciado el viaje casi tres meses atrás. Pasamos cuatro días en Battambang para visitar y repartir abrazos a los más queridos. También para lanzar un SOS privado a un grupo de amigos y amigas de la otra parte del mundo; mi situación económica así lo requería y rápidamente obtuve la ayuda necesaria para poder comer, reparar de nuevo a Khmaw y continuar la ruta hasta la ciudad de Siem Reap. Allí tenía pensado esperar a ver qué sucedía con la frontera de Tailandia o la posible expulsión de la que me había hablado Javi unas semanas atrás. En ruta por el suroeste de Camboya. Llegamos a la ciudad de los famosos templos del Imperio Khmer, pero al día siguiente nos vimos obligados a regresar a Battambang por la grave infección que me ha tenido inmovilizado los últimos dos meses. Mi buen amigo Bunlang, con quien mantengo una relación de hermandad desde hace más de cinco años, se desplazó rápidamente hasta Siem Reap al verme en una fotografía que le envié. —Joseba, te voy a buscar y te quedas en mi hostel hasta que consigamos bajar esa infección, extraer la muela y Tailandia abra la frontera. No puedes estar en esas condiciones y solo— me propuso. Han pasado dos meses de constantes visitas a médicos y dentistas, de saturación de medicamentos con nulos o escasos efectos, pero con la generosidad y atención de Bunlang como principales compañeras. Han sido dos meses de estudio y trabajo en la edición de mis fotografías, así como de organización y ampliación de las memorias escritas durante más de cuatro años de viaje. Ha llegado el momento de volver a la ruta, aunque a mi gente le pueda más la preocupación que el llegar a entender que para mí es una cuestión de necesidad. El bueno de Bunlang me ha pedido que continúe en su hostel al menos hasta que la infección se haya dado por vencida y se pueda realizar la extracción, pero el camino llama. Estamos en ruta y escribiendo nuestro diario. Este viaje no lo hago solo: tú también formas parte de la ruta. Viajar en bicicleta por el mundo documentando los Derechos Humanos es una aventura maravillosa, pero también está llena de imprevistos, averías mecánicas, problemas de salud y desafíos económicos que ponen a prueba nuestra resistencia. Este proyecto se gestiona de forma totalmente independiente y sale adelante gracias al corazón y la solidaridad de personas como tú. Si este relato te ha tocado el alma y quieres aportar tu granito de arena para que Khmaw y yo podamos seguir sumando kilómetros y dando voz a quienes no la tienen, te invito a colaborar con el proyecto. Cada pequeña ayuda nos mantiene en movimiento. Infórmate sobre cómo puedes apoyarnos. More Pandemia y resiliencia: Cuando tienes la certeza de continuar la vuelta al mundo en bicicleta | Camboya La Vuelta al mundo en bicicleta. Recuerdo que unos días antes dábamos la bienvenida al 2020 en medio de una preocupación generalizada por la fuerte caída del turismo en Camboya, especialmente en Battambang. Las Navidades acababan de finalizar y llegaban las primeras noticias al país sobre un nuevo virus en China. Se hablaba de que ya había salido del gigante asiático y comenzaba a propagarse por los países vecinos. Incluso algunos decían que ya había entrado en Camboya. —Casi todo lo que llega aquí lo hace desde China— les decía a Bunlang y otros amigos durante una cena en la que bromeaban con las toses. La caída total del turismo y más de tres años de saturación de trabajo en Human Gallery, sumado al proyecto de educación, me invitaban a recordar que el problema físico que me había traído a Camboya antes de tiempo ya no era una excusa. Basándome en esto y en la intuición que tan buenos resultados me había dado durante los primeros cuatro años de viaje, decidí retomar la vuelta al mundo en bicicleta que me había visto obligado a paralizar tiempo atrás. “¡Vamos a ello, Joseba!”, me repetía una y otra vez durante las horas siguientes, como si necesitara de una nueva aprobación interna para dar el paso. Vuelvo a ver el mundo desde la bicicleta. Khmaw, mi tercera compañera en esta vuelta al mundo. —Llevas años preocupándote más por la situación de otros que por la tuya y es momento de pensar un poco más en lo que tú necesitas. Para seguir haciendo algo por los demás, necesitas estar bien tú— son las dos frases que más me han repetido en el último año mis amigos más cercanos, esos que se han mantenido firmes también en los momentos complicados. El cierre de una etapa y el engaño del distribuidor. El uno de marzo llegaba el cierre de Human Gallery. Para ello necesité, entre otras cosas, encontrar un lugar especial donde las fotografías expuestas siguieran cumpliendo con su principal cometido: la sensibilización. Estaba claro que Pomme contaba con el espacio y la magia suficientes para recibirlas. Hacía tiempo que Orbea me había confirmado que mi nueva bicicleta —en esta ocasión una MTB— llevaba ya semanas dentro de un contenedor marítimo con destino a Camboya y que llegaría a la tienda del distribuidor en unos días. Y llegó, pero para no variar en este país, la cosa se truncó. El distribuidor, después de muchos mensajes, me respondió indicándome que habían cometido un error y se la habían vendido a otra persona. Esto cambiaba la situación radicalmente. Pasaban los días y el distribuidor seguía empecinado en no responder a mis WhatsApp, faltando a su palabra de buscar una solución a su grave error. Después de cinco años viviendo aquí, palpando y sufriendo el lamentable cambio en la mentalidad de la mayoría de sus gentes, estoy más que acostumbrado a esta forma de actuar, así que comencé a buscar una alternativa. En Camboya, el afán por generar y amasar la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible se ha convertido en la base de una gente a la que en su día admiré y apoyé en profundidad. La fecha marcada en el calendario para el reinicio del viaje era el primero de junio. Aunque aún quedaba un tiempo para ello, la necesidad aumentaba y el tiempo apremiaba por el inminente cierre de fronteras. En uno de los muchos desplazamientos a la Embajada de España en Bangkok —ya que en Camboya no hay—, pude hacerme con las alforjas que necesitaba, pero me faltaba lo principal: la bicicleta. El porqué de una Mountain Bike y el flechazo con Khmaw. El día que tomé la decisión de reiniciar la vuelta al mundo, también decidí que, tras más de cuatro años de viaje sobre dos bicicletas híbridas, era el momento de hacerlo sobre una mountain bike. La experiencia adquirida me servía para saber que sobre una bici de touring uno no puede acceder a ciertos lugares (o sí, pero a duras penas). Yo quería adentrarme más, si cabe, en esos rincones de difícil acceso, que es donde principalmente suelen encontrarse las personas que salimos a buscar en este viaje. Visita a una tienda de bicicletas en Battambang, mensajes a otras tres en Phnom Penh, una nueva tienda en la ciudad... y seguía sin encontrar a mi nueva compañera de viaje. Todas eran de tallas pequeñas y precios desorbitados que yo no podía pagar, ya que llevaba tres años destinando mensualmente a los niños de nuestro proyecto de educación la mayor parte de mis ingresos. Pero en uno de esos días en los que los astros se alinean, en los que uno hace un alto, se serena y desbloquea la cabeza, recordé que en la ciudad había una empresa de tours en bicicleta cuyo propietario conocía y que, aun siendo de segunda mano, podía disponer de la compañera que necesitaba. La rápida propagación del Covid-19 ya había animado al gobierno camboyano, al tailandés, al laosiano y al vietnamita al cierre de sus fronteras sin previo aviso. Estábamos bloqueados. Conocí a 'la negra' en la primera visita que le hice al amigo de Soksabike. Fue un amor a primera vista. En ruta por Camboya Khmaw estaba junto a su hermana gemela, siendo las últimas de una hilera de catorce bicicletas dentro del taller mecánico. Estaban arrinconadas, como si nadie las tuviera en cuenta, a pesar de resaltar sobre el resto por su especial altura. La talla XL era la que buscaba desde el inicio y la culpable de no haberla encontrado antes. Tocaba decidir cuál de las dos hermanas pasaría a formar parte de esta maravillosa historia. Aunque las dos tenían la misma edad, Khmaw contaba con una serie de roces en el cuadro que me animaron a decidirme por ella. —Esta tiene más experiencia— me dije convencido. Y junto a ella salí al exterior. Estaba tan seguro de mi elección que mi revisión fue bastante más breve que la que los técnicos le hicieron; de hecho, mis tactos eran más una caricia que un control. Un par de vueltas a la manzana, más por cumplir que por otra cosa, y directos a casa. Los doscientos dólares del precio de salida se quedaron en ciento ochenta. Ingenio, soldaduras rudas y listos para la ruta. Ahora, ya más sosegado, tocaba buscarle unos portabultos y mejorar ese manillar que se me hacía difícil de dirigir. Lo más importante es que en esta ocasión los astros se habían acordado de nosotros y nos brindaban a Khmaw y a mí la oportunidad de revivir compartiendo una vida. O al menos una parte de ella. Era obvio que en Camboya, o al menos en Battambang, iba a ser imposible localizar un manillar de mariposa y unos portabultos capaces de cargar tanto peso, así que tocaba ingeniárselas para fabricar ambos. En esta ciudad no son muy dados al aluminio; a ellos les gusta más lo rudo, el hierro, y los pocos talleres que hay no suelen aceptar trabajos tan especiales. Tres años atrás, con la preparación y decoración de Human Gallery, había contratado a una empresa de soldadura de hierro para ciertos detalles, así que me dirigí a ellos. Les presenté el croquis del manillar y del portabultos delantero que previamente había dibujado y detallado con medidas, y aceptaron el trabajo. Aproveché el momento para tomar un café y mirar otros elementos necesarios para completar mínimamente a Khmaw. Cinco horas después regresé al taller y me encontré con un manillar válido para pilotar un avión Antonov, pero no una bicicleta. Una vez más se habían equivocado, y una vez más tocaba pagar íntegra la equivocación. Camboya también es especial para esto. Me había quedado sin dinero al destinarlo todo a seguir cubriendo la escolarización de los niños beneficiarios de nuestro proyecto de educación Alas para el futuro, pero disponía de lo elemental para volver a emprender una aventura así: pasión, motivación, ilusión, energía, los astros mirándonos de reojo, mi nueva-vieja compañera mejorada hasta en el color y un manillar capaz de soportar muchos kilos de bananas. Todo listo para el nuevo desafío. Seis de la mañana del 2 de junio de 2020: estamos en ruta. Eso sí, en plena pandemia. En ruta por el norte de Camboya. Este viaje no lo hago solo: tú también formas parte de la ruta. Viajar en bicicleta por el mundo documentando la falta de incumplimiento de los Derechos Humanos, es una aventura maravillosa, pero también está llena de imprevistos, averías mecánicas, problemas de salud y desafíos económicos que ponen a prueba nuestra resistencia. Este proyecto se gestiona de forma totalmente independiente y sale adelante gracias al corazón y la solidaridad de personas como tú. Si este relato te ha tocado el alma y quieres aportar tu granito de arena para que Khmaw y yo podamos seguir sumando kilómetros y dando voz a quienes no la tienen, te invito a colaborar con el proyecto. Cada pequeña ayuda nos mantiene en movimiento. Infórmate sobre cómo puedes apoyarnos. ¡Gracias por pedalear a nuestro lado! More La fuerza de un deseo: Mi encuentro con Oishi en el desierto de Thar | Rajasthan, India Había visitado La India en varias ocasiones, pero esta iba a ser mi primera vez en el Estado de Rajasthan. Lo haría montado sobre una bicicleta cargada hasta la saciedad, con doce dólares en el bolsillo y, como siempre, la pasión y el deber por bandera. Tan solo hacía cinco meses que había iniciado la vuelta al mundo, lo que me convertía en un auténtico novato en este universo del "ciclo-nomadismo", pero la intuición me decía que debía adentrarme en el mágico desierto de Thar. Y acertó. El desierto me regaló a Oishi. Oishi: 13 años de edad. Rajasthan, La India. Años después sigues empujándome en los momentos difíciles Era octubre de 2010 y hacía tres semanas que había aterrizado en La India. Volaba "por obligación" desde Estambul, después de que el personal de la embajada de Irán en Ankara me informara de que las fronteras terrestres de Pakistán se encontraban cerradas por orden gubernamental. La Embajada de Siria me había negado el visado, y eso que mi solicitud iba acompañada de una carta de recomendación de la Embajada de España; la misma que me había desaconsejado continuar mi viaje por Armenia, Georgia, Kazajistán, Uzbekistán y Tayikistán porque el invierno se me echaría encima con graves repercusiones. Rumbo a las puertas del Thar, en Rajasthan. Después de unos días callejeando por la vieja Delhi, salí rumbo al fascinante, caliente, extenso y árido desierto de Thar. Seguía adelante con el proyecto personal que me animaba, día tras día: la recogida de los trescientos sueños en forma de dibujos que me había propuesto cargar en la bicicleta durante la primera parte de mi periplo alrededor del mundo. Si la responsabilidad de cargar con las ilusiones de todos esos niños y niñas era, cuanto menos, excitante, el descubrir, fotografiar y compartir cientos de historias humanas hacía que todo el desgaste, el hambre, el frío y el calor merecieran la pena. Tras varios días de pedaleo por las caóticas carreteras del norte de India, alternando pistas con asfalto, llegué a la mágica ciudad de Bikaner. Estábamos a las puertas del desierto y los nervios controlados comenzaban a aflorar. El Thar iba a ser el primero de los tres desiertos que atravesaría durante mis primeros cuatro años de viaje. Allí, en Bikaner, conocí a Ujual, un chico de veintidós años que se acercó a mí con respeto pero con las pupilas como platos al verme sobre semejante bicicleta. Acababa de entrar en la ciudad y era la primera y única parada que realizaba. Ujual, fiel a la hospitalidad india, me invitó a su casa para conocer a su familia. Con ellos pasé tres maravillosos pero agotadores días en los que visité dos escuelas y la estación de tren. Incluso me dio tiempo a callejear junto a él por la zona vieja de la ciudad, descubriendo los entresijos de la vida local. Adentrándome en la inmensidad del desierto. Siempre intentaba recoger los dibujos en las zonas más alejadas, esas a las que a buen seguro nadie se desviaría para hacerlo, y menos aún montado en una bicicleta. Así que salí de Bikaner con la esperanza de poder acercarme lo máximo posible a la frontera con Pakistán, pero con la certeza de que, en algún momento, podría volver a tomar la carretera nacional que me llevara a Jaisalmer. Ujual me había ayudado a preparar la ruta para los siguientes días, sin dejar de insistir en que lo que pretendía hacer era una locura. Pero uno de los componentes de la aventura es la adrenalina, y yo, en esos momentos, estaba sobrado de ella. De Kalasar hasta Akasar para enlazar la carretera 37 hasta Kolayat, donde sabía que podía hacer la primera parada. Sabía que a pocos kilómetros iba a atravesar un canal donde podría cargar agua. Seguí por la 37 hacia Goru y de ahí hasta el cruce de Ranjeetpura. Me encontraba justo en el eje de la frontera pakistaní y el canal de agua, así que en cierta medida estaba tranquilo. De ahí en adelante quedaría en manos de las almas que encontrara en el camino. El monzón había pasado y no tendría problemas en ese sentido, pero el sol atizaba con fuerza. La siguiente parada sería en Radhakisthan, donde esperaba poder pasar la noche. El desierto es mi lugar preferido de entre todos los rincones que he tenido la suerte de pisar a lo largo y ancho de este maravilloso planeta. Ahí estás tú contigo mismo. Nada te distrae. El intento de engaño no sirve de nada. El ego no te va a salvar; más bien todo lo contrario. Estás tú, tu motivación y la energía que hayas reservado previamente. La más mínima ingenuidad te pasa factura, de las caras y con propina. Ahí el aire te seca las neuronas. Un oasis humano en Raichandwala. Me había quedado sin agua. Calculaba que llevaba más de dos horas sin mojar el reseco paladar y la preocupación era real. Sabía más o menos dónde me encontraba, pero no tenía ni idea de cuándo iba a encontrar a alguien. En esos momentos me acordaba de las historias que varios amigos subsaharianos me habían contado en España antes de iniciar mi viaje: odiseas sufridas para llegar a alcanzar la inhumana valla que separa África de España. Fue entonces, mientras pedaleaba la complicada zona de Raichandwala, cuando conocí a la joven Oishi, protagonista de esta historia y responsable directa a la hora de aupar mi motivación en los muchos y difíciles momentos que llegarían durante el resto de mi viaje. La preocupación estaba en uno de los puntos más altos cuando, a lo lejos, en el lateral izquierdo, intuí una construcción que se convertía en realidad según avanzaba. No era ningún espejismo. La casa era pequeña y la arena se había apropiado de una gran parte de ella. No vi a nadie, pero obviamente paré. No había puerta de entrada y accedí saludando en voz alta. Un gran cántaro de agua, medio lleno, formaba parte de la sencilla decoración. Salí para coger los cinco botes que cargaba sin líquido y, en ese momento, llegaron Mota y Khiraj, dos hermanos. Aún no había llenado el primer bote cuando les pedí permiso para continuar con los otros cuatro. Mota se acercó para ayudarme mientras Khiraj examinaba la bicicleta, sin llegar a creer lo que sus ojos veían. A los pocos minutos llegó Babu, el padre, con un cántaro enmohecido de varios colores cargado sobre su hombro. El sudor del hombre delataba que había caminado mucho tiempo con el agua a sus espaldas, lo que le daba aún más valor. Me obligaron a descansar y acepté. Si algo me han enseñado mis viajes es que la vida siempre te indica dónde está la línea roja. Es el ego y tu control sobre este quien te hará cruzarla o no. El dolor frente a la ilusión de un sueño. Aproveché el descanso para ofrecerles a Mota y Khiraj la posibilidad de dibujar su sueño. En Delhi habían publicado en el periódico un reportaje sobre mi viaje y lo cargaba en la bicicleta como medio para que la gente entendiera la razón de mi ruta. Se lo entregué al padre, pero ninguno sabía leer. Fue cuando saqué el resto de dibujos que otros menores me habían entregado hasta ese día cuando entendieron mi propuesta. Les entregué dos cartulinas en blanco y extendí las pinturas sobre un camastro que había en la entrada. Pronto comenzaron a dar color al papel. Mientras, Babu me indicaba sobre el mapa la ruta hacia Jaisalmer, mirándome a los ojos con cierta preocupación. En ese momento, vi a lo lejos a alguien que se acercaba desde una zona de pequeños arbustos. Era Oishi. Llegaba con los dedos de las manos distanciados entre sí, como si algo les impidiera unirse, y una increíble luz en sus ojos. Se trataba de una buena amiga de los hermanos. Al entrar en la casa y ver todos aquellos colores desplegados, sus ojos se cargaron de una inocente ilusión: ella también quería dibujar. Saqué una nueva cartulina y, sin apenas tiempo para entregársela, giró sus manos mostrándome las palmas. Sus dedos estaban completamente hinchados y amarillos. Tenía más de quince grandes pinchos clavados, lo que le había provocado una importante infección. El dolor era tal que ni siquiera los dedos podían tocarse entre sí. Babu me explicó que Oishi trabajaba extrayendo de la arena, a mano, los arbustos espinosos que se veían frente a la casa. Trabajaba junto a sus padres, a quienes conocí poco después. Por aquellas fechas, cargaba dos pequeños botiquines en la bicicleta. Del primero saqué un cúter, unas pinzas, betadine y algodón. Los pinchos llevaban tiempo clavados y la piel los había cubierto por completo. Conseguí extraerle el primero haciendo un pequeño corte, pero al segundo intento Oishi me pidió que lo dejara. Mientras le limpiaba la herida, la pequeña no dejaba de mirar a sus amigos y a las pinturas. Para Oishi, la ilusión de trazar su sueño sobre el papel era mucho más importante que el dolor que sentía al tener los lápices entre sus dedos. Intenté retirarle la cartulina en dos ocasiones al ver el sufrimiento en su rostro, pero no hubo forma. Sus ojos mostraban un dolor real, pero también una determinación inquebrantable. Ella sabía mejor que nadie dónde estaba su línea roja y si debía cruzarla o no. ¿Quién era yo para ponerle límites? Una hora y media después, Oishi se acercó a mí ofreciéndome su dibujo, acompañado de una mirada cargada de humildad, ilusión y plena satisfacción. ¡Qué lección! Decidí no pasar la noche allí porque tenía la certeza de que, por la mañana, me costaría una barbaridad despedirme de ellos, especialmente de la pequeña Oishi. Agradecido de habernos cruzado en el camino. Historias que transforman el camino. A lo largo de esta vuelta al mundo en bicicleta, he aprendido que los maestros más grandes no se encuentran en los libros, sino en los rincones más inesperados del planeta. La fuerza y la dignidad de la pequeña Oishi es un recordatorio constante de por qué sigo pedaleando y documentando las realidades de este mundo. El viaje continúa y estas crónicas cobran vida cuando las compartimos. Me encantaría saber qué te ha transmitido esta historia. ¿Qué reflexiones te despierta la increíble determinación de Oishi frente a su realidad? ¡Gracias por formar parte de este viaje humano! More Nacida para ser libre: Diario de una vuelta al mundo en bicicleta | Sáhara Siete menos diez de la mañana del domingo 14 de abril de 2013. Más de tres años ya de vuelta al mundo en bicicleta. Hemos entrado en el Sáhara Occidental. Seguimos compartiendo el diario de un viaje en bicicleta. Junto a mi compañera Libertad en ruta por Sahara Occidental. Mi idea era cruzar la línea divisoria por la tarde, pero una gran duna, a escasos cinco kilómetros de esta, se presentó invitándonos a acompañarla esa noche. Mi compañera está de acuerdo; retrasamos unas horas la entrada en la tierra que clama libertad. Se trata de la única gran duna accesible y en forma de “L” que puede protegernos del viento. Al otro lado de la tranquila, estrecha y maltrecha carretera, hay un mar de ellas, pero están demasiado lejos y el terreno es arenoso. Toca empujar a mi compañera más de trescientos metros hasta llegar al rincón que previamente había ojeado. Es temprano aún y ya tenemos el campamento montado. Cámaras en mano, subo hasta lo más alto de nuestra generosa amiga. Libertad se queda vigilando que nadie ronde nuestra jaima mientras observa detenidamente la ascensión. La música, como siempre en estos casos, también me acompaña. Generosa, nuestra anfitriona me regala unas impresionantes vistas desde la parte más alta de su joroba. El silencio actúa como condimento al atracón visual. Abajo, mi compañera no me pierde de vista. Hay conexión. Este es uno de esos muchos momentos en los que uno se siente egoísta como nadie: lo tengo todo y no puedo compartirlo con aquellos que quisiera. Fotos, tomas de vídeo y memoria; podremos hacerlo un tiempo después. En nuestras alforjas tenemos arroz y media cebolla, y mientras degusto la paella típica de este viaje, Libertad espera impaciente a que le suelte prenda sobre el momento vivido arriba. —Tenemos tiempo, amiga, ahora toca engañar un poco al estómago— le digo. Al poco de acampar siempre elijo un rincón donde pasar los primeros minutos. En esta ocasión, en lo alto de la duna. Atrapados en una tormenta de arena. Hasta aquí, todo perfecto. Tres de la mañana y el viento cambia de dirección. Nuestra amiga, aun queriéndolo, no puede seguir protegiéndonos. La ventisca entra en la “L” por un lateral y con ella toda la arena que le cabe en las garras. La tienda se infla, dejando el espacio libre para que la tormenta atraviese la mosquitera y entre como Pedro por su casa. En pocos segundos se forma una nube en el interior que me obliga a anudarme la funda de la colchoneta en la cabeza, ya que es imposible respirar sin ella. Salgo rápidamente para quitarle a Libertad la funda de plástico que, al inflarse como la tienda, la está ahogando. No es suficiente y tengo que elegir entre ella o la tienda; mi amiga es lo primero. Rápido la desprendo de las alforjas, la tumbo sobre la arena, le coloco el plástico como puedo y amontono las alforjas sobre ella. Con la luz de la linterna frontal apuntando a la tienda, veo que dos de las clavijas se han soltado: el sobretecho campa a sus anchas y se puede desgarrar. Como puedo, tiro del resto de clavijas a la vez que voy enrollando la segunda piel de nuestra jaima. El criminal viento no da tregua y en pocos minutos se han amontonado casi tres centímetros de arena en el interior. Las flexibles varillas dan hasta donde dan y tengo que soltarlas también. Sin reparar en el desorden, me protejo como puedo detrás de mi compañera y el montón de alforjas, sin soltar el manojo de la tienda que tengo en los brazos. La arena se me está clavando como alfileres. Apago la luz porque asusta tenerla encendida. Toca esperar a que amanezca. Más de dos interminables horas. Lo que había comenzado como una perfecta despedida de Marruecos, en tan solo veinte minutos se convirtió en una pesadilla que me haría dormir en alerta hasta bien entrados en Senegal. Después de la acampada tiempo para reponer fuerzas Rumbo a Esmara: Entre la sed y los controles policiales. Amanece en una gasolinera aún cerrada, pero es un refugio y necesito desprenderme del rebozado de arena que llevo encima. Mientras espero a que llegue el encargado, organizo el desbarajuste que tenemos montado. Poco más tarde, un coche con cuatro ocupantes llega al sitio: el hombre de la gasolinera, el del desangelado bar y dos amigos de estos que serán los encargados de malinformarme sobre la ruta y las opciones de agua. También resultan ser los anfitriones de un desayuno a base de té, cómo no, pan y aceite. Aldeas abandonadas en Sahara —Sí, estás en el Sáhara ya— me confirman. —No tienes agua hasta algo más de cuarenta kilómetros— me aseguran en un claro español. Aseados mi compañera y yo, y sacudida la tienda en condiciones, volvemos a ponernos en ruta hacia Esmara. El fuerte viento no nos ha abandonado en ningún momento, pero esta vez nos empuja en vez de destrozarnos. Paramos en el primero de los treinta y ocho controles policiales en el Sáhara. Aún no estamos hartos de estos y pasamos un buen rato charlando con los dos gendarmes. Treinta, cuarenta, cincuenta kilómetros y vemos menos posibilidad de agua que la primera pareja de dromedarios con los que nos cruzamos en ruta. Estamos sin suministro desde hace más de hora y media y el sol trabaja cada vez con más energía. El aire es asfixiante y consigue que mi lengua se pegue al paladar, y este, a su vez, a la única neurona que me queda activa. Veinte kilómetros más y nos damos de frente con un pequeño pueblo. Los amigos de la gasolinera estaban equivocados: no eran cuarenta, sino setenta los kilómetros que nos separaban del ansiado líquido. Allí, en una pequeña casa, me sacan una garrafa de cinco litros con agua helada, a la que me abrazo como un niño a su peluche en la cuna. La familia me invita a pasar la noche con ellos, pero necesito descansar y rechazo la invitación. Haberla aceptado hubiera supuesto someterme a una nueva y larga entrevista, y mi cuerpo no estaba para tal labor. Hoy no, lo siento. Como por arte de magia, ese agua me da fuerzas para pedalear con energía hasta Esmara. Un total de 135 kilómetros desde que nos despedimos de la duna. El viento, seguro que arrepentido de la noche que nos brindó, continúa de nuestra parte y hay que aprovechar el momento. Los gendarmes vuelven a darnos el alto antes de entrar en la ciudad y, pocos metros después, lo hace también la policía. Comienzo a fruncir el ceño. —Es por tu seguridad— esta será una de las frases que más veces escucharé en este territorio que clama libertad, y a la que siempre responderé de igual forma: —Este país lo forma buena gente, no hay problema con mi seguridad. La cosa es que a vuestro rey le encanta controlar a todo aquél que entra en esta tierra—. Los dromedarios salvajes son una constante en Sahara Occidental El muro militar y la burocracia del desierto. El motivo por el cual nos desviamos de la costa por unos días y llegamos hasta Esmara no era otro que acceder al campo de refugiados, pero me indican que no puedo llegar desde allí; que debo entrar en Mauritania para subir hasta Argelia y entrar en Tinduf. Casi nada. Mi ánimo se desploma como un árbol al recibir el último hachazo. Compañía en Sahara Occidental Me dirijo, sudado y con la camiseta perfectamente teñida del color del desierto, hacia el campamento del ejército marroquí que, además de liarse a porrazos y pelotazos con los saharauis cada poco, protege a los operarios de la ONU que “trabajan” en la zona. Son cuatro kilómetros empujando a mi compañera por una impracticable pista empedrada. Tras horas de lucha contra el viento, un alto en la ruta junto a Libertad Trescientos metros antes de llegar, dos soldados comienzan a darme el alto con los brazos arriba, pero continúo empujando a Libertad hacia ellos. Insisten y yo también, lo que hace que nos saludemos a medio camino. Mientras hablo con ellos como puedo, veo a otros atrincherados y armados hasta los dientes a ambos lados de la pista, y a otros tantos en lo alto de una pequeña loma. Defecto profesional: mis ojos trabajan de forma independiente en muchos casos, aun suplicándoles un descanso. Sin llegar a los cinco minutos, puedo contar hasta catorce soldados alrededor mío. Uno de ellos está armado y tiene cara de pocos amigos. El de mayor rango, de no más de treinta años y el último en llegar, se presenta en un perfecto español. —No puedes estar aquí, es zona militar y está especialmente protegida— me dice. —Pues ya ves qué hora es y los minutos de luz que me quedan. Venía a charlar con alguien de la ONU para, además de solicitar información sobre el campo de refugiados, pedir el favor de pasar la noche aquí— le respondo sin perder de vista al resto. Este llama desde su móvil a no sé quién y, al terminar la charla, me dice que mis intenciones son imposibles. —Bueno, ¿pero no puedo hablar directamente con alguno de ellos?— le pregunto a sabiendas de la respuesta. Le muestro el amplio dossier que llevo encima donde se recoge la información sobre el proyecto, entrevistas y fotografías. —Espera que llame al jefe a ver qué me dice—. La hospitalidad es una constante en Sáhara Occidental Momento para fotografiar mentalmente todo lo que se mueve y lo que no. Mientras mis ojos y memoria trabajan, un 4x4 sale de la zona militarizada. Cuatro desgarbados soldados con más polvo encima que yo se suman a la reunión. —Estamos todos— le digo al nuevo amigo cuando termina la conversación telefónica. Este se ríe y me dice que dentro quedan otros ochocientos. También que el gran jefe está en camino—. Si no te permiten pasar la noche aquí, que será lo más probable, te vienes a mi casa, te duchas, cenas y duermes tranquilo, y ya mañana continúas camino. Mientras esperamos la llegada del "boss", cuento dos 4x4 blancos con una enorme antena en el frontal, nuevos e impolutos, que salen del recinto a toda velocidad levantando una polvareda de escándalo. Una persona en cada vehículo. En las puertas delanteras se lee claramente UN. Ni saludan a los soldados a los que han tintado de polvo, ni a mí, pero fijan su vista en Libertad. Pocos minutos después, otro vehículo de igual calibre entra con las mismas prisas. En este viajan cuatro personas de alto nivel dadas sus vestimentas; dos mujeres y dos hombres. Estos tampoco se paran a preguntar si necesito un apósito o una fabada asturiana. En fin, es lo que toca, aunque no debiera ser así, dado que ellos también acostumbran a beber cuando tienen sed. Antes de pasar la media hora, llega el jefe. El capitán, el subjefe y su asistente me estrechan la mano. Intento explicarles el motivo de mi visita pero no me dan tiempo. Noche en la jaima de Hussein y su familia —Me dicen que quieres hablar con alguien de la ONU además de pasar la noche aquí, y ni una ni otra cosa puede ser, pero tranquilo que yo te pago una habitación en el hotel de un amigo— me dice el jefe a través de mi amigo el sargento, sin darme tiempo a pestañear. —No se hable más— me digo por lo bajines. —Ni pestañees, Joseba— siento cómo me dice Libertad. Junto a mi buen amigo Hussein en mitad del Sahara Vuelvo a empujar a mi compañera los mismos cuatro kilómetros de la ida y, tras pedalear un par de ellos más, llegamos al "hotel", que no resulta ser tal. Se trata de una vieja pensión sin agua corriente ni servicios, con un pequeño lavabo fuera y un viejo catre en una sucia habitación de no más de seis metros. Pero el habitáculo tiene cuatro esquinas y en una de ellas, alguien generoso, ha dejado un pequeño balde sumamente importante para estos casos. Como siempre digo llegados estos momentos: “A caballo regalado no le mires el juanete”. La inmensidad de la meseta y el encuentro con Hassan. En el mapa había visto que el trayecto hasta El Aaiún iba a ser, cuanto menos, complicado. Y no iba muy desencaminado… Unir Esmara con la capital iba a regalarnos nuevos amigos, sí, pero también un sol capaz de derretirnos y un viento frontal bestial. Cosas del desierto. Comenzamos a subir hacia el noroeste. El primero de estos cuatro días fue casi perfecto. El viento soplaba de espaldas a ratos y del lado derecho otros tantos. En pocos kilómetros habíamos subido hasta una gran meseta tan plana como la memoria de algunos políticos. Por momentos, las vistas que tengo a mi izquierda me obligan a realizar paradas para observar, en la quietud, aquello hasta donde mi vista da de sí: un mar de arena y piedras. Una tierra nacida para ser libre. Viajamos sin coches en una estrechísima carretera de poros abiertos. No hay gente, ni agua. No hay casi vida, pero la poca que hay puedo sentirla en mi piel y emocionarme cuando llega a calar dentro. Sin apenas darme cuenta de lo pedaleado, cuando más centrado estoy en mi mundo, el cuerpo comienza a avisarme a través de los músculos: —Compañero, vete pensando en elegir el sitio donde pasar la noche—. Aún tengo bien fresca en la memoria la noche pasada. Pedaleo y pedaleo hasta encontrar un lugar a resguardo que no llega. Ese aviso me obliga a dejar de volar y me coloca nuevamente sobre el suelo que peleamos. No queda mucho tiempo de luz y no aparece el rincón que nos dé tranquilidad, pero en la única colina con la que nos tropezamos en los 67 kilómetros de la jornada, una gran antena de telefonía se estira orgullosa cual Torre Eiffel. Debajo de ella veo un muro que cubre su perímetro. —¡Estamos salvados! — piensa uno en voz alta. Detalle del interior de una jaima en Sahara Occidental Según me voy acercando, veo a un hombre con ropa militar y un pequeño perro que sale en mi busca, seguramente creyendo ver alucinaciones. Hassan es el primero de los salvavidas que encontraremos en esta tierra. Junto a él y su pequeña y juguetona compañera pasaremos la noche, no sin antes tomar un buen té en tres pequeñas dosis, el ritual para dar comienzo a cada nueva amistad. Con el desayuno a base de té, pan y aceite, damos comienzo a tres devastadores días en lo que a desgaste físico se refiere. Tres jornadas de soledad absoluta y fuerte viento frontal hasta llegar a El Aaiún. Largas distancias en las que, de no controlar la cabeza, pueden convertirse en jornadas infernales, pero las salvamos gracias también a Hassan, a Said y su familia —que dicen pertenecer al Frente Polisario—, y a Fdaili, su mujer y sus pequeños. Todos empujan a su manera para que esto continúe adelante. Llevo varios días con la cabeza trabajando en una decisión que creo debo tomar y que no me permite centrarme como debiera en lo que he venido a hacer. Me pongo duro conmigo mismo mientras pedaleo y prácticamente dejo sentenciada la resolución. Yo a lo mío, otros a lo suyo. Aunque no será hasta unas semanas después cuando dé a conocer mi decisión y los claros motivos de esta. Recogida del ganado al atardecer Un pollo con patatas en El Aaiún y el valor de la hospitalidad. Y llegamos a la capital, abatidos y con quemaduras de consideración en algunas zonas del cuerpo. Allí aparece Mohamed, sin más, en medio de una larga avenida que da la sensación de sobrarle espacio o de faltarle gente por algún lado y que da entrada a la ciudad. Mi generoso amigo también habla un perfecto español. —¿De dónde vienes, alma de cántaro?— me dice, a lo que respondo con una larga carcajada. Por un momento, consigue que el agotamiento desaparezca, pero no la sudada que llevo encima. —¿Y esa expresión? ¿De dónde la has sacado?— le pregunto aún con lagrimones en los ojos. —Muchos años trabajando en España, hermano. ¿Qué te trae a esta tierra? ¿Has comido?— Y juntos, yo sudado hasta las uñas y él con su camisa de manga corta y cuadros grises, nos sentamos en una terraza en el centro de la ciudad a comer un pollo con patatas. Un refresco de cola acompaña el menú. —Joder, amigo, ni me acuerdo de cuándo comí esto por última vez— le comento. El camarero, por si fuera poco, adorna el centro de la mesa con una ensalada que tiene un poquito de todo, con salsa de tomate y mostaza a ambos lados. ¡Atracón al canto! En cada conexión que puedo hacer a internet, siempre me encuentro un correo o mensaje privado especial. Con frecuencia, amigas que siguen el viaje desde hace tiempo y con las que tengo un grado alto de confianza me cuentan cómo les va la vida; otras y otros muchos dan ánimos de forma muy emotiva, y algunos empujan en forma de colaboración con el proyecto. Pero ese día, un correo entre todos ellos trajo consigo la confirmación de un amor eterno. Volvemos a volar, pero esta vez hacia el sur, por la costa rumbo a Boujdour. Vistas del atardecer en el Sahara desde mi tienda de campaña Retratos en el desierto con Hussein y Brahim. Decido abandonar la cansina carretera y adentrarme un poco más en el desierto, donde me doy de bruces con dos grandes jaimas. Allí está Ahmed junto a su hermana y hermano pequeños. Como siempre sucede en este territorio, cualquier persona que encuentras en los alrededores, aunque estés a varios cientos de metros, te invita a compartir todo lo que tiene. Sea lo que sea, durante el tiempo que haga falta. De su boca vuelvo a escuchar la palabra libertad durante los tres tés. —Pues trabajo en el mundo de la fotografía y estoy viajando por el mundo intentando hacer algo para que la vida de un puñado de pequeños cambie de una vez por todas. No sé si con esto conseguiré algo, pero me hace sentir bien y me consta que a otros también. Digamos que trabajo de una forma un tanto especial por sus derechos— le respondo a la pregunta de a qué te dedicas. —Mi padre y mi madre están con el rebaño de ovejas y vendrán dentro de un par de horas, cuando el sol comience a caer. Si quieres, podemos ir a buscarles y les haces unas fotos— me propone cuando le digo que mi especialidad es inmortalizar miradas. Tengo un buen presentimiento y este termina por confirmarse cuando llegamos en su viejo Land Rover y conozco a nuestros nuevos anfitriones: Hussein y Ahlaila, su mujer. Desde el primer momento, mi viejo amigo y yo conectamos a fondo. Habla bastante bien español, ya que sirvió en el ejército español hace tiempo. Se ofrece a ser retratado cuando descubre el motivo de mi viaje; fotos y tomas de vídeo que a los pocos días verían la luz en este blog. Los días con Hussein y su familia fueron de los más emotivos que he vivido en estos casi ochocientos días de andanzas por el mundo. Y he vivido unos pocos ya… Volvemos a la ruta a primera hora de la mañana y, tras una larga jornada con viento de frente, damos con Brahim, otro curioso amigo con el que pude volver a soltar varias carcajadas y compartir momentos de gran emoción. —¡Qué alegría que hayas parado! Además eres español. Llevo muchos años intentando que alguno pare, pero nada. Eres la primera persona que lo hace en los doce años que llevo aquí metido— me aclara mientras comienzo a notar el característico nudo en la garganta que me acompaña en este viaje. Brahim es un hombre de setenta y un años que vive en una pequeña jaima que se cae a trozos. El viento es perenne aquí y su pequeña vivienda pocas embestidas más puede soportar. Él me lo confirma. Mi raquítico amigo también formó parte del antiguo ejército. —Mi mujer vive a las afueras de Boujdour con nuestras cincuenta ovejas. No tenemos hijos porque nunca hemos podido permitírnoslo. El dinero que estas dan no nos llega, ya que la leche que dan es mínima; no como en España, que las ovejas están gordas y dan dinero para vivir, supongo—. Esto termina por derrumbarme y tengo que salir de la jaima para respirar un rato. Mi amigo se da cuenta y sale detrás a ver si estoy bien. Me pide disculpas. —No tienes por qué preocuparte, porque aquí gano doscientos setenta euros al mes y con ello llevamos años saliendo adelante— termina. —Me duele que alguien que desea tener hijos no pueda sentirse realizado por culpa del maldito dinero, pero anda tranquilo porque estoy bien— le miento desde fuera del desastroso amasijo de telas. —He llegado a ponerme en medio de la carretera con los brazos levantados, delante de las grandes autocaravanas, para que paren y poder invitarles a té y a charlar un rato, pero no hay forma de que hagan un alto, siempre me esquivan. Siempre tienen prisa, o será porque pensarán que estoy loco—. Mi querido amigo cambia de tema y consigue ponerme por un momento en situación, soltando la primera de muchas carcajadas en su compañía. —¡Qué grande eres, amigo mío! Y encima sabes sacar tiempo para el cachondeo— le respondo sin haber terminado de reír. —Te vas a quedar a dormir, ¿no?—. —Por supuesto!—. —Voy a echar las redes a ver si hay suerte y mañana recojo algo. ¿Me acompañas? —me invita. Después de caminar casi un par de kilómetros y bajar un pequeño acantilado con unas vistas capaces de quitar el hipo, nos adentramos en el mar unos ciento sintonizados metros y le ayudo a desenredar su vieja red de plástico negro y verde. Un precioso momento que guardo con especial cariño en la memoria. Mi amigo es poco dado a la cocina —le pasa como a mí— y me toca preparar la especialidad de la casa: arroz con cebolla, pero en esta ocasión también tenemos tomates y un chorrito de aceite, como buen saharaui que es. Poco después, tras una bonita charla, me quedo dormido en el suelo, a su lado, como si fuera el hijo que no pudo ser. Grande, amigo. Grande. Una nueva lección aprendida. Historias que transforman el camino: Diario de viaje en bicicleta. A lo largo de esta vuelta al mundo en bicicleta, he aprendido que los maestros más grandes no se encuentran en los libros, sino en los rincones más inesperados del planeta. La fuerza y la dignidad de la pequeña Oishi es un recordatorio constante de por qué sigo pedaleando y documentando las realidades de este mundo. El viaje continúa y estas crónicas cobran vida cuando las compartimos. Me encantaría saber qué te ha transmitido esta historia. ¿Qué reflexiones te despierta la increíble determinación de Oishi frente a su realidad? ¡Gracias por formar parte de este viaje humano! More Historias humanas en Laos: El tierno reflejo de Phut y Ladsamy Las inseparables Phut y Ladsamy de Laos Nombre: Phut (5 años) Nombre: Ladsamy (12 años) Localidad: Na Mor, Laos (2011) Historias humanas en Laos. Pedalear por el norte de Laos es enfrentarse a una geografía indomable de montañas verdes y carreteras sinuosas que exigen el máximo de tus fuerzas. Sin embargo, la dureza del camino siempre encuentra su recompensa en los pequeños pueblos que salen al encuentro. Así fue como llegué a Na Mor, un rincón rural donde el ritmo de la vida lo marcan las cosechas y la luz del sol, y donde tuve la fortuna de cruzarme con dos almas que dejaron una huella imborrable en este diario de viaje: las hermanas Phut y Ladsamy. Compartir techo y comida con su familia me permitió asomarme, aunque fuera por unas horas, a la pureza de sus realidades cotidianas. Estas son las verdaderas historias humanas que dan sentido a cada kilómetro recorrido. El universo infantil según Ladsamy. Durante la tarde, mientras el calor daba un respiro y nos acomodábamos en el porche de la casa, Ladsamy, con una madurez asombrosa para sus doce años, empezó a desgranar el mundo de su hermana pequeña ante mi curiosidad de fotógrafo y viajero. Me contó que a Phut lo que más le gusta en este mundo es jugar a ser mamá, imitando los gestos de las mujeres del pueblo, pero con una curiosa condición: no le gusta nada mancharse. Respecto a ella misma, Ladsamy me confesó con los ojos brillantes que el lugar donde más disfruta es en la escuela. Le apasiona aprender, pero también espera con ilusión que llegue el fin de semana por una razón muy especial: acompañar a su madre a vender verduras en el mercado local. Cuando le pregunté por el futuro, su respuesta fue de una lealtad conmovedora; no sueña con grandes urbes ni horizontes lejanos, cuando sea mayor quiere seguir viviendo allí, en el pueblo, cerca de su familia y de sus amigas de la infancia. Phut, la astucia de la pequeña de la casa. Por mi parte, no me hizo falta mucho tiempo observando para darme cuenta de que Phut se las sabe todas. Tiene sumamente claro que, al ser la menor de cuatro hermanos, goza de ciertos privilegios y puede campar a sus anchas por toda la casa sin que nadie la reprenda demasiado. Tiene un magnetismo divertido. Le encanta meter la mano en el cesto comunal del arroz pegajoso para moldear pequeñas bolas con los dedos, aunque luego se distraiga y ni siquiera se las coma. Y es totalmente cierto lo que decía su hermana: cuando juega con las amigas en el suelo arcilloso, despliega una meticulosidad casi obsesiva, colocando siempre una esterilla o un cartón viejo para proteger su ropa y no tocar el barro. Siempre lleva colgado un pequeño bolso de tela que es su mayor tesoro; allí guarda celosamente una colección de palitos pulidos y unas pocas piedras de colores que cambian de valor según el juego del día. Phut está atenta a absolutamente todo lo que ocurre a su alrededor con unos ojos despiertos que lo registran todo, aunque, eso sí, a la hora de cenar come muy poco, prefiriendo la distracción al plato. Ladsamy, el pilar de la ternura responsable. Ladsamy es el contrapunto perfecto. Ejerce de buena hermana mayor a tiempo completo; se nota en cómo camina y en cómo habla. Siempre está pendiente del bienestar de los otros tres hermanos y de ayudar a su madre en las tareas del hogar. En esa dinámica familiar, Phut es indiscutiblemente su ojito derecho, mientras que Ladsamy ocupa ese lugar de orgullo en el corazón de su padre. Es una niña increíblemente responsable, con una seriedad que denota haber asumido roles de cuidado demasiado pronto. Imagino que por el peso de esa invisible carga sonríe poco, pero cuando lo hace, ilumina todo el espacio. Es un ser adorable. Al caer la noche, bajo la tenue luz de la vivienda, llegó el momento mágico del proyecto. Desplegué los materiales y Ladsamy se concentró sobre el papel en blanco. Tras un rato de silencioso esmero, se acercó y me entregó su dibujo: su sueño en trazos de colores pasaba a formar parte del amplio "museo" que ya cargan mis alforjas. Como suele suceder en estos casos, donde la hospitalidad es tan transparente y real, me costó un mundo despedirme de aquella maravillosa familia. Volví a subirme a la bicicleta con el cuerpo descansado y el alma llena de estas pequeñas pero inmensas historias humanas en Laos. Historias que transforman el camino. A lo largo de esta vuelta al mundo en bicicleta, he aprendido que los maestros más grandes no se encuentran en los libros, sino en los rincones más inesperados del planeta. La fuerza, la hospitalidad y la dignidad de las gentes que encuentro en la ruta son un recordatorio constante de por qué sigo pedaleando y documentando las realidades de este mundo. El viaje continúa y estas crónicas cobran vida cuando las compartimos. Me encantaría saber qué te ha transmitido esta historia. ¿Qué reflexiones te despierta la increíble hospitalidad de Hassan, Mohamed o Brahim frente a sus propias realidades? ¡Gracias por formar parte de este viaje humano! More Historias humanas en Gambia: Las lecciones de Lamin Mi maravilloso joven amigo Lamin de Gambia Nombre: Lamin (14 años). Localidad: Kuntaur, Gambia. El viaje en bicicleta te enseña que, aunque cambies de continente, las realidades de la infancia vulnerable se repiten con una similitud sobrecogedora. Cruzar los caminos de Gambia me ha traído a la mente de forma inevitable anteriores historias humanas, donde el peso de la responsabilidad familiar caía con la misma fuerza sobre hombros demasiado jóvenes. En el mapa las distancias son inmensas, pero en el corazón de los niños que resisten, las miradas son idénticas. Así llegué a Kuntaur, un rincón de Gambia a orillas del río, donde conocí a Lamin. Un chico de catorce años con la madurez de un anciano y la inocencia atrapada en los ojos, cuya historia merece ser contada con el mismo mimo que el resto de crónicas. El refugio de la naturaleza y un anhelo en la distancia. En nuestras charlas bajo la sombra de los árboles, Lamin me abrió su mundo con una honestidad desarmante. Me confesó que su mayor deseo sería poder ir a la escuela todos los días, con la misma regularidad que lo hacen sus amigos, pero su realidad no se lo permite. Su verdadero refugio está en la naturaleza: le fascina adentrarse en el bosque profundo, caminar hasta las orillas del río y trepar a lo más alto de los árboles para recolectar mangos. Tiene un rechazo instintivo hacia la modernidad que nos absorbe; no le gustan los teléfonos móviles y tampoco el ruido de las motos. En su lugar, observa con recelo y deseo mi medio de transporte: sueña con tener una bicicleta con la que recorrer los caminos en silencio. Pero más allá de lo material, su mayor anhelo es un viaje en la distancia. Me confesó que, cuando sea mayor, su único gran objetivo es salir del pueblo para buscar a su padre. Las duras responsabilidades de un hombre de catorce años. Observando el día a día de Lamin en Kuntaur, es imposible no trazar un puente con aquellas historias humanas en Laos donde la infancia se diluye ante las necesidades del hogar. Lamin come muy poquito, casi de forma testimonial. Con apenas catorce años, lleva sobre su espalda el rol de cabeza de familia, sintiéndose el máximo responsable del bienestar de los suyos, especialmente de su hermana de doce años y de su abuela, que es ciega y depende por completo de sus cuidados. La situación en casa no es fácil. Su madre trabaja como maestra, y aunque Lamin entiende perfectamente que intente rehacer su vida y tenga un nuevo novio, le duele profundamente ver cómo se gasta el poco dinero que gana en llamarle por teléfono varias veces al día, restando recursos necesarios para el hogar. Lamin necesita a su padre. La ausencia pesa demasiado en una casa donde el progenitor les abandonó cuando él apenas tenía tres años y medio. A pesar de las dificultades, todo el pueblo de Kuntaur le conoce y le adora. Es un líder natural y un ejemplo absoluto para sus amigos; cuando el grupo de jóvenes se reúne, las propuestas de Lamin siempre son las que tienen más peso. Su madurez se la ha ganado a pulso: tres días a la semana acude a la escuela, mientras que los cuatro restantes trabaja duramente fabricando pequeñas velas de forma totalmente manual. A cambio de esas cuatro jornadas de esfuerzo, recibe un poco de azúcar, sal, verduras, arroz y un salario de apenas dos dólares semanales. Lecciones imborrables en las historias humanas. Fue precisamente mi buen amigo, curtido por el desierto y la responsabilidad, quien me enseñó a abrazar correctamente a las personas. Cuando llegó el momento de la despedida, yo me dirigí de manera instintiva hacia su costado derecho, como acostumbramos a hacer en Occidente. Lamin me detuvo con suavidad y me corrigió con una sabiduría que me desarmó por completo: —No, Joseba. Cuando dos personas se abrazan es para unirse de corazón. El abrazo, si es verdadero, debe ser corazón con corazón —me dijo. Y así lo hicimos. Nos fundimos en un abrazo real, pecho con pecho, rompiendo cualquier barrera cultural. En ese instante de conexión pura, comprendí que este viaje no va de acumular kilómetros, sino de coleccionar estas lecciones de vida. Al igual que me ocurre en este profundo viaje con otras tantas almas, Lamin me demostró que el verdadero motor del mundo se esconde en la dignidad y la ternura de quienes menos tienen. Tu apoyo hace posible este proyecto. Cada una de estas crónicas, cada rostro inmortalizado en este viaje y cada dibujo rescatado en las alforjas forman parte de un proyecto independiente que busca dar voz a la infancia más vulnerable del planeta. Este cuaderno de bitácora no cuenta con grandes patrocinios; se sostiene gracias al apoyo de personas como tú, que creen en el valor de las historias humanas. Si quieres sumarte y ayudar a que este viaje siga adelante para continuar visibilizando estas realidades, puedes colaborar activamente con el proyecto a través de una donación o compartiendo este post en tus redes sociales. ¡Cada pequeño impulso cuenta para seguir pedaleando y transformando miradas! More

  • Blog

    Crónicas sobre la vuelta al mundo en bicicleta y proyectos del fotógrafo humanitario Joseba Etxebarria. My Items I'm a title. Click here to edit me. More

  • Mi historia | FAQ | Joseba Etxebarria

    ¿Quién es Joseba Etxebarria? Descubre al fotógrafo humanitario que da vida al Proyecto Voice y es fundador del proyecto Alas para el futuro y Human Gallery en Camboya. FAQ. JOSEBA ETXEBARRIA MI HISTORIA | FAQ Soy Joseba Etxebarria, fotógrafo humanitario y documental , creador de Proyecto Voice y fundador de diversas iniciativas sociales vinculadas a la educación y los Derechos Humanos. Desde el año 2010 desarrollo una vuelta al mundo en bicicleta que continúa activa en 2026 y que me permite convivir con comunidades de decenas de países, documentando historias humanas frecuentemente invisibilizadas y realidades relacionadas con la infancia, la migración, la pobreza extrema, la exclusión social y la dignidad humana. Mi trabajo combina fotografía documental, periodismo humano, educación y acción social. Además de documentar historias alrededor del mundo, impulso proyectos educativos en Camboya como Alas para el Futuro y promuevo la acción social a través de Human Gallery . Entiendo la fotografía como una herramienta para construir puentes entre personas y culturas, generar conciencia social y dar voz a quienes rara vez ocupan titulares, pero cuyas historias merecen ser escuchadas. QUIÉN FUI: El camino hacia el propósito La Infancia. Llegué a una familia numerosa de clase media el 10 de febrero de 1965, siendo el sexto de ocho hermanos. Antes que yo, el camino lo habían abierto Ángel, Ana, Marisol, Iñaki y Merche; después, la mesa se completaría con Zuriñe y Ander. Mis padres, Plácido y María Ángeles —"Placi" y "Angelita" para los amigos—, eran dos personalidades fuertes y muy distintas, pero unidas por un mismo norte: eran seres profundamente luchadores. Según cuentan mis hermanos mayores, de bebé llamaba la atención por lo gordito y risueño que era. La Niñez. Esta etapa, sin embargo, se volvió convulsa. Los desajustes familiares y el temprano inicio de los abusos sexuales empezaron a hacer mella en la mente de un niño que no alcanzaba a comprender lo que estaba sucediendo. Hoy guardo un nítido recuerdo de esos años. No desde el rencor, sino desde la empatía profunda: me sirve para entender perfectamente el drama silencioso que viven demasiados niños y niñas a nuestro alrededor, y que se han convertido en el motor de quién soy hoy. La Adolescencia. La separación de mis padres, sumada a la prematura muerte de mi padre a los 53 años, desataron un desajuste en mis estudios y una rebeldía que terminó siendo necesaria. Fue el mecanismo de defensa para poner fin a siete años de abusos sufridos por parte de quien, en el pasado, había decidido ejercer como mi padrino. Recuerdo esta etapa más de lo que quisiera, y trabajo diariamente para que no afecte mi presente. Pero también fue la semilla: años después, me impulsó a dar el gran paso de dedicar mi vida a entender y apoyar a estos chavales, luchando pacíficamente contra el incumplimiento de sus derechos fundamentales. Entendí que sus voces necesitaban ser escuchadas, una convicción que años más tarde se consolidaría en iniciativas como el Proyecto Voice . La Juventud. Como en tantos otros casos, fue un territorio abonado para el cúmulo de errores. Sin embargo, hoy miro atrás y agradezco ese aprendizaje: me sirve para diferenciar y entender los tiempos de la vida, para ser paciente con ellos y para mantener inquebrantable mi propósito. La adultez, primera etapa. Aquí, mi mayor desacierto fue aceptar una propuesta de matrimonio sin amor. Pero de la oscuridad siempre nace luz, y de ese vínculo nació Unai, mi primer gran amor. La adultez, segunda etapa. Fue en este momento, ya con cuarenta y cinco años, cuando decidí dar el gran salto. Armado con una gran experiencia de vida, decidí intentar, por mi cuenta y dentro de mis posibilidades, que las necesidades y los derechos de los más vulnerables al menos fueran tenidos en cuenta. En esta época llegó el nacimiento de Iker, mi segundo gran amor y la razón definitiva para seguir, con más convicción y fuerza, en esta lucha pacífica. Esta etapa, entrelazada con todas las anteriores, es la que me ha esculpido para ser quien soy. QUIÉN SOY: Un testigo de la vida Soy quien se ve y a quien se lee en esta web. Alguien que actúa con total convicción y un respeto sagrado por lo que hace. Me considero una persona tranquila, en constante aprendizaje, que trabaja diariamente por mantener encendidas su pasión, su lealtad y su honestidad. Soy, en esencia, alguien nacido de la reconstrucción de sus propios errores. Mi labor no busca el aplauso, sino la realiadad: intento contar historias reales, de esas que en la mayoría de los casos dañan el corazón pero, a cambio, reactivan el alma. Me hace bien conectar a personas de rincones dispares del planeta, y comprobar diariamente que todavía siguen siendo más los buenos. Siento la obligación moral de recordar que aún siguen siendo muchos aquellos a quienes no se les tiene en cuenta. Me gusta hablar de la vida, pero de esa que se vive desde la misma altura que ellos. "La fotografía me ha acercado a miles de personas, pero la humildad nos ha permitido conocernos" PREGUNTAS FRECUENTES FAQ ¿Cuántos países has visitado? De momento son un total de 100 los países que he recorrido en mis diferentes viajes, repitiendo la visita en muchos de ellos. De este total, y a fecha de octubre de 2026, son 41 los países que he tenido la fortuna de visitar gracias a la vuelta al mundo en bicicleta: Proyecto Voice. ¿Estudiaste fotografía? Soy principalmente autodidacta. No estudié la carrera de fotografía, pero en mis inicios realicé tres cursos de iniciación con los tres fotógrafos que más se acercaban a mi forma de entender este arte. Ellos me dieron la base, pero el camino lo hice yo. ¿Cuándo te iniciaste y por qué? La verdad es que mi relación con la fotografía comenzó de una forma un tanto azarosa; era algo que ni me había planteado. Todo empezó cuando mi amigo David se compró una cámara nueva. Él era un apasionado de la fotografía y del revelado, y pronto me contagió su pasión. Me compré su mismo modelo, una Nikon FG20. Es posible que en los inicios utilizara la fotografía para sosegar los duros años de mi niñez y adolescencia, porque me aportaba mucha tranquilidad. Lo que sí tengo claro es que aquella utilidad inicial se convirtió en una pasión absoluta cuando decidí encaminarla hacia lo humanitario. Siento que estoy en deuda con la vida por esta oportunidad. ¿Por qué viajas? Viajo para comprender, para descubrir y descubrirme cada día, y para confirmar la realidad del mundo. Viajar, en mi caso, es también un deber. ¿Qué pretendes transmitir con tu fotografía? Esta es una de las dos preguntas que más me gustan porque la respuesta es breve y directa: intento que mi fotografía transmita, principalmente, la humildad con la que viven su situación aquellas personas a las que el mundo ha decidido dar la espalda. ¿No te cansas de viajar? Hasta el día de hoy, no. ¿Por qué fotografía humanitaria, documental? Es mi pregunta preferida. Fotografía humanitaria y documental porque hace años entendí que la abundancia de la que yo formaba parte se debía a las carencias de millones de personas. Porque me siento en deuda con ellos y porque tengo en mis manos un arma tan poderosa que puede llegar a darles esa voz que por derecho les corresponde. Debemos aunar fuerzas para terminar con la indiferencia; para mí, es un deber. A mi modo de ver, el retrato va totalmente ligado a la fotografía humanitaria porque implica convivencia y una preocupación real por la situación del otro. El retrato de viaje puede expresar perfectamente la realidad y la necesidad del individuo a través de su expresión, de sus arrugas y, especialmente, de su mirada. ¿Has pasado miedo en algún momento? Esta pregunta me la hacen bastante a menudo y siempre respondo con la misma premisa: "Quien vive con miedo no obtiene recompensa". Miedo no he pasado, pero algunos de los lugares donde llevo a cabo la labor del Proyecto Voice sí me obligan a vivir en un estado de constante alerta. ¿Cómo definirías al fotógrafo humanitario? A mí me gusta decir que, de alguna forma, somos uno más de los tantos guardianes de los Derechos Internacionales de aquellos a quienes se les vulneran. A mi entender, un fotógrafo humanitario es aquel que, bajo el más absoluto respeto a la dignidad de la persona o comunidad, intenta prevenir o poner fin a las violaciones de los Derechos Humanos a través de sus imágenes. Hacemos fotografía para atraer la atención colectiva, cambiar comportamientos y exigir que se respete el Derecho Internacional Humanitario. ¿Cuánto tiempo llevas con la vuelta al mundo en bicicleta? Esta es otra de las preguntas típicas, más aún cuando estoy en plena ruta. A fecha de octubre de 2026, llevo ya 9 años sobre la bicicleta en este gran viaje por el mundo. ¿Tu condición de fotógrafo te ha causado problemas en algún país? Es cierto que en muchos países —principalmente aquellos bajo regímenes dictatoriales o falsas democracias— las personas que llegamos con la intención de informar sobre la situación de los ciudadanos no somos bien recibidos por los gobiernos. Menos aún si hablamos de Derechos Humanos. Por norma general, al entrar a un país te preguntan el motivo de la visita y yo siempre respondo con la verdad. Durante esta vuelta al mundo, me han interrogado en varios puestos fronterizos al explicar que viajo con un proyecto personal contra el incumplimiento de los Derechos Humanos. Al final, tarde o temprano, siempre obtengo el permiso de entrada... excepto en Nicaragua y Venezuela, que actualmente me tienen bloqueado el acceso por la labor que realizo con el Proyecto Voice. Por poner un ejemplo concreto: entré en Sierra Leona en el año 2014 y estuve casi dos meses recorriendo el país de norte a sur y de este a oeste para localizar a ex niños soldado de la guerra civil y escuchar sus historias. Lo conseguí, pero a cambio de ser sometido a 33 interrogatorios de entre cuatro y ocho horas por una posible vinculación al grupo terrorista Al Shabab. Toda esta aventura la cuento en detalle en dos entradas de mi blog. ¿En algún momento has pensado en abandonar la vuelta al mundo en bicicleta? Esta pregunta es una constante en las entrevistas y siempre soy muy honesto: durante los primeros años de viaje fueron muchos los días en los que pensé en hacer un alto indefinido. No solo por la dureza física y mental que conlleva un gran viaje como este, sino por la cantidad de historias desgarradoras que voy cargando en la memoria. Hay días en los que la falta continuada de comida, sumada al agotamiento físico y psíquico, te desbordan. Sin embargo, el recuerdo de estas gentes, su lucha diaria y la experiencia acumulada durante estos más de ocho años, me sirven de motor para seguir adelante y llevar el peso del viaje de otra manera. ¿Con qué lentes trabajas? Suelen llamarme loco bastante a menudo porque la lente con la que más cómodo me siento es un 10-20 mm, un gran angular que prácticamente nadie utiliza para retratos. A mí me encanta porque me obliga a hacer mi trabajo lo más cerca posible de las personas. Además, por respeto, nunca disparo la cámara durante las primeras horas de convivencia; con los años he aprendido que todo llega si tiene que llegar. Esta cercanía y paciencia les genera la tranquilidad necesaria para que la imagen transmita su verdad. Las otras dos lentes que cargo son un 75-210 mm, que prácticamente no utilizo, y un 50 mm con el que trabajo muy poco. ¿Cómo financias la vuelta al mundo?, porque hace falta mucho dinero para llevar a cabo un viaje así" Viajo con lo mínimo: duermo en mi tienda de campaña y los gastos de visados, repuestos de la bici y comida, los cubro gracias a la venta de algunas de mis fotografías que, a su vez, también ayudan a algunas de las personas con las que convivo durante el viaje. También cuento con el apoyo puntual de amigos, seguidores y marcas.Realizar el viaje en bicicleta con tan pocos recursos económicos me permite mirar a la gente desde su misma altura, compartiendo su día a día y entendiendo perfectamente sus necesidades básicas. Además, tengo la gran responsabilidad de seguir financiando nuestro proyecto de educación infantil en Camboya Alas para el futuro. En la web hay una sección con las diferentes opciones para apoyarnos si quieres sumarte. ¿Cómo consigues esas expresiones tan naturales en tus fotografías? Esta respuesta va de la mano de la anterior. Consigo esa naturalidad porque convivo con ellos en sus chozas, en sus calles y en sus esquinas con su misma humildad. Trabajo junto y para la gente más humilde del planeta; almas que a menudo están convencidas de que lo tienen todo perdido, enfrentando problemas reales que la mayoría de nosotros seríamos incapaces de soportar ni un solo día. Son familias conscientes de que son invisibles para el resto del mundo. Ellos necesitan saber que su imagen servirá para que el mundo recuerde que existen, y yo me aseguro de cumplir mi palabra. El 95% de mis fotos se toman en su entorno natural. Al viajar en bicicleta, entro en sus vidas de puntillas, suavemente y sin presiones. Esa convivencia nos permite mirarnos a los ojos con respeto, con humildad, y conocernos de verdad. Solo así logramos que dejen de ver la cámara como una amenaza y pasemos a ser, simplemente, amigos. ¿Cuáles son los problemas a los que sueles enfrentarte en el viaje? Son muchos y aparecen prácticamente a diario, pero todos tienen una solución detrás. Lo que peor llevo, sin duda, son las trabas burocráticas con las solicitudes de los visados. Cuando uno viaja de la forma y por los motivos que yo lo hago, sabe de antemano que todo puede suceder. Y sucede. Es algo que hay que asumir antes de dar la primera pedalada. Luego, la experiencia te enseña a aceptar los imprevistos y a buscar soluciones con calma. En Sierra Leona, por ejemplo, los problemas fueron serios, al igual que en alguna zona de México, pero también encontramos la salida (tienes algunas historias publicadas en mi blog). ¿Cómo consigues contactar con las personas y llegar a conocer sus historias? Tengo un método propio antes de decidir a qué zona de un país dirigirme. Es arriesgado, pero me funciona. Antes de cruzar una frontera me informo sobre la situación del país, pero para confirmar la realidad sobre el terreno, suelo pedirle a los propios policías de los pasos fronterizos terrestres que me señalen en el mapa cuáles son las zonas con menos recursos. La mayoría lo hace sin problemas. En casi todos los destinos, especialmente donde el inglés no es oficial, acudo al periódico de mayor tirada local o estatal para proponerles una entrevista o reportaje. Luego guardo esos recortes en la bicicleta. Como un alto porcentaje de la gente con la que convivo no sabe leer ni escribir, las paradas en pequeñas aldeas —que tengan escuela— son clave. Ahí es donde esos recortes de periódico cobran su valor. Uso las visitas a las escuelas no solo para conocer de primera mano la tasa de niños sin escolarizar, sino para apoyarme en los profesores. Ellos me ayudan a romper el hielo y a conectar con los lugareños que se acercan a ver al loco de la gran bicicleta. A través de los maestros y de los recortes de prensa, entienden el motivo real de mi viaje. Una vez que ven que voy de frente, que estoy de su lado, son las propias familias las que se ofrecen a compartir su historia. Siempre dejo que sean los profesores quienes finalmente decidan con quién voy a convivir, ya que ellos conocen perfectamente qué hogares sufren las situaciones más críticas. Es un proceso laborioso, ¡pero vaya si merece la pena!

  • Hogar y Familia | Fotografía Documental | Joseba Etxebarria

    Fotografías que capturan la intimidad, los vínculos y la calidez de la vida familiar en distintas comunidades del mundo. Transforma tu espacio con solidaridad directa. FOTOGRAFÍA HOGAR Y FAMILIA JOSEBA ETXEBARRIA FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL El mundo sería un lugar infinitamente mejor si, en lugar de simples estructuras, construyéramos hogares capaces de acoger a quien lo necesite, sin importar su clase social, género, edad o lugar de nacimiento. Esta serie captura la intimidad, los vínculos y la calidez de la vida familiar en distintas comunidades del planeta. Para respetar la identidad de quienes me abrieron las puertas de su espacio más sagrado, cada fotografía detalla: nombre de las personas , país de residencia , disponibilidad , medidas de impresión , precio y si la historia humana que envuelve a la imagen ya se encuentra compartida en nuestro blog . Cada fotografía que pasa a formar parte de tu espacio se transforma en un acto de solidaridad directa, ayudando a sostener y transformar vidas en el terreno: 50% de la venta: Se destina por completo a financiar la escolarización de los niños y niñas del programa infantil Alas para el futuro en Camboya. 50% restante: Se invierte de forma íntegra en los proyectos de desarrollo social del Proyecto Voice . ÉTICA E IMPACTO HUMANITARIO Creer en la justicia y la equidad implica transformar la fotografía en un puente de empatía. Esta serie fotográfica rinde homenaje a la dignidad humana, cuidando de manera rigurosa los derechos y el entorno natural de cada individuo.

  • Proyectos | Fotografía, Viaje y Educación | Joseba Etxebarria

    Proyectos fundados por el fotógrafo humanitario y documental Joseba Etxebarria | Human Gallery | Vuelta al mundo en bicicleta | Programa de educación infantil en Camboya. PROYECTOS VIAJE I EDUCACIÓN I ARTE Proyectos con propósito: De la denuncia global a la acción local Bienvenidos al corazón de mi trabajo social y artístico . Como fotógrafo humanitario , mi misión siempre ha sido doble: sensibilizar al mundo sobre la vulneración de los Derechos Humanos y actuar allí donde la ayuda es urgente. Esta página reúne los tres pilares de mi compromiso. Un viaje global de denuncia, un proyecto educativo en Camboya y un espacio de arte solidario que se alimentan mutuamente. Tres proyectos independientes con un mismo origen y un único fin: transformar la empatía en acción real y sostenible . Proyecto Voice: Vuelta al mundo en bicicleta por los Derechos Humanos En mayo de 2010, inicié el Proyecto Voice : una aventura vital y de activismo en la que recorro el mundo sobre dos ruedas. Esta vuelta al mundo en bicicleta nació como una iniciativa personal de denuncia social contra la vulneración global de los Derechos Humanos. Este viaje se ha convertido en un altavoz itinerante con una misión clara: documentar realidades invisibles, conectar culturas y utilizar la fotografía documental para dar voz a los sin voz en los rincones más desfavorecidos del planeta. INFORMACIÓN: Proyecto Voice ➜ Alas para el futuro: Educación y protección infantil en Camboya Alas para el futuro es un proyecto de educación infantil y cooperación social en Camboya, fundado y gestionado por mí. Este proyecto de desarrollo local se sostiene de forma transparente a través de las donaciones recibidas y, principalmente, gracias a la recaudación de mi trabajo de fotografía humanitaria a la venta en esta web . Actualmente, la iniciativa protege y cubre de forma integral la escolarización (incluyendo clases extra de refuerzo), la alimentación diaria y la asistencia sanitaria de un grupo de siete niñas y dos niños en la provincia de Battambang , Camboya , garantizándoles un entorno seguro en el presente y futuro. INFORMACIÓN: Alas para el futuro ➜ Human Gallery: Galería de fotografía documental en Camboya Fundada por mí en 2017 en la ciudad de Battambang, Human Gallery nació como un espacio cultural y solidario único en Camboya . En esta galería de arte independiente expongo de forma permanente mi obra de fotografía humanitaria , actuando como un punto de encuentro para la sensibilización y el apoyo a las comunidades locales. Nota de actualidad: Debido al conflicto fronterizo iniciado en junio de 2025 entre Camboya y Tailandia, el 24 de agosto de 2025 nos vimos obligados a cerrar las puertas físicas de la galería de manera temporal por motivos de seguridad y caída del turismo internacional en el país. Sin embargo, su espíritu sigue vivo a través del arte y la venta solidaria online en esta plataforma. INFORMACIÓN: Human Gallery ➜

  • Paisajes y Detalles | Fotografía Documental | Joseba Etxebarria

    Capturas del entorno natural y la atmósfera captados durante mi vuelta al mundo por los Derechos Humanos. Abre una ventana al mundo y apoya al Proyecto Voice. FOTOGRAFÍA PAISAJES Y DETALLES JOSEBA ETXEBARRIA FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL El mundo es un lugar absolutamente maravilloso si estamos dispuestos a detenernos y maravillarnos con él. Esta serie no busca el retrato, sino capturar el entorno natural , los detalles y la atmósfera que envuelven los hogares y las vidas de las personas documentadas en este proyecto. La gran mayoría de estas imágenes están siendo capturadas durante mi vuelta al mundo en bicicleta a favor de los Derechos Humanos . Para contextualizar el escenario de cada historia, cada fotografía de esta colección detalla: nombre del país de origen , medidas de impresión disponibles , disponibilidad , precio y si el relato del viaje o el trasfondo del lugar ya se encuentra publicado en nuestro blog . Al llevarte uno de estos paisajes o detalles a tu hogar, abres una ventana al mundo y te conviertes en parte activa del cambio, transformando el arte en ayuda real: 50% de la venta: Se destina íntegramente a asegurar la escolarización de los niños y niñas del programa infantil Alas para el futuro en Camboya. 50% restante: Se invierte de forma directa en la continuidad y el desarrollo de los proyectos sociales del Proyecto Voice . PRINCIPIOS ÉTICOS DOCUMENTALES La honestidad y la justicia son la base de mi trabajo en el terreno. Estas imágenes reflejan el compromiso de retratar el entorno de forma fiel, protegiendo siempre los derechos individuales y fomentando una cultura de respeto hacia el otro.

  • Vuelta al Mundo en Bicicleta: Guía Completa | Joseba Etxebarria

    ¿Quieres viajar por el mundo en bicicleta? Basada en 9 años de experiencia de vuelta al mundo, esta guía del fotógrafo español Joseba Etxebarria te ayudará a tomar mejores decisiones. Vuelta al mundo en bicicleta: guía completa para preparar un gran viaje Al estar basada en mi propia experiencia de 9 años de vuelta al mundo en bicicleta y los más de 77.000 kilómetros pedaleados durante la expedición en 41 países de África , Asia , América y Europa , confío en que esta guía ampliamente detallada te ayude a preparar tu gran aventura sobre dos ruedas . Durante estos años he cruzado ocho desiertos, selvas tropicales, cordilleras y miles de kilómetros de carreteras secundarias. He dormido bajo las estrellas, en casas de familias que acababa de conocer y en lugares realmente mágicos donde jamás imaginé terminar la jornada. He sufrido averías, enfermedades, cambios de ruta obligados y momentos en los que pensé que el viaje había terminado. Todo lo que encontrarás en esta guía nace de mis experiencias reales vividas sobre la bicicleta y no de teorías recopiladas de otros viajeros. Para facilitarte la lectura, he dividido esta completa guía en diferentes bloques prácticos. Esto es lo que encontrarás en cada sección. Índice de la guía: Cómo es viajar por el mundo en bicicleta: El enfoque mental y la filosofía del cicloviajero. Por dónde empezar. La preparación inicial: Los tres pilares psicológicos antes de arrancar. Ruta e itinerario: Cómo planificar el recorrido por continentes. Ruta que estoy siguiendo desde el año 2010 en mi vuelta al mundo. Presupuesto: Cuánto cuesta dar la vuelta al mundo en bicicleta (datos reales). Cuánto tiempo se necesita: Tiempo necesario para completar la vuelta al mundo en bicicleta. Dificultades en la ruta: El gran reto mental, enfermedades, roturas, incertidumbre... Documentación, Visados y Seguridad: Trámites burocráticos imprescindibles. Qué bicicleta utilizar para viajar por el mundo: Cuadro de cero o aluminio. Fija o con amortiguación. Turismo o MTB. Mi bicicleta y componentes: Desglose de mi bicicleta para 2026. Alforjas de cicloturismo y Bikepacking: Menos es más. Minimizar la carga. Equipo de acampada: Qué llevar en tus alforjas y qué dejar en casa. Mecánica: Herramientas indispensables en ruta. Documentar el viaje: Equipo de fotografía y vídeo. Consejos clave para antes y durante el viaje: Cómo gestionar los problemas. Preguntas Frecuentes (FAQ): Respuestas rápidas a las dudas más comunes. Historia Proyecto Voice Ésta guía nace del Proyecto Voice . Fotografía documental . Derechos Humanos . Convivencia . Historias humanas . Una vuelta al mundo en bicicleta es mucho más que logística, equipo y presupuestos; es un gran viaje social y humano . Proyecto Voice es una expedición por el mundo en bicicleta iniciada en 2010 y aún activa en 2026 , con el propósito de documentar historias humanas frecuentemente ignoradas y promover la dignidad de las personas a través de la fotografía documental . Puedes seguir mi labor en Instagram . Cómo es viajar por el mundo en bicicleta Cómo es viajar por el mundo en bicicleta Dar la vuelta al mundo en bicicleta es el sueño de muchos y uno de los mayores retos que puedes plantearte como viajero. Significa vivir una experiencia única de independencia y conexión auténtica con cada lugar. Viajas siguiendo tu propio ritmo, trabajas intensamente la intuición, exploras rincones alejados de las rutas habituales y llevas contigo todo lo esencial, transformando el viaje en una aventura profunda, intensa y verdaderamente transformadora. La libertad de marcar tu propio ritmo. Viajar en bicicleta no consiste en acumular kilómetros, sino en todo lo que sucede entre un lugar y otro . Cada jornada avanza al ritmo que tú decides: parar en un pequeño pueblo, desviarte hacia una carretera desconocida o simplemente quedarte contemplando un paisaje sin mirar el reloj. Recuerdo una mañana pedaleando por una carretera secundaria en Maharashtra, India. Mis días de visado caían como arena entre los dedos, y el tiempo que dedicaba a conectar con la gente aumentaba a la misma velocidad. La lógica dictaba avanzar, pero la vida tenía otros planes: me presentó una oportunidad única para comprender, desde dentro, la realidad de la población local. Lo que comenzó como la búsqueda de un lugar para montar la tienda se convirtió en tres días de una lección de humanidad que ningún mapa podía prever. Leer la historia completa ➜ Autosuficiencia: tu hogar sobre dos ruedas. La bicicleta te da una independencia difícil de encontrar en otras formas de viaje. Todo lo esencial viaja contigo : La tienda de campaña. El hornillo y las herramientas. Aquello que convierte cualquier rincón en tu hogar por una noche. Esa autosuficiencia te permite improvisar, acampar en lugares remotos y vivir una enorme sensación de libertad. Tras cuatro años pedaleando por el mundo, aprendes a confiar en tus instintos, pero el desierto del Sahara tiene su propia ley. Una noche, en el año 2013, lo que intuía como un refugio perfecto tras una gran duna, se transformó en una pesadilla de arena y viento. En ese momento, no hubo espacio para el pánico; solo para la aceptación y la paciencia, las únicas herramientas que realmente te salvan cuando estás solo. Leer la historia completa ➜ El factor humano y los desafíos del camino. Al moverte despacio y de forma cercana, el contacto humano cambia por completo. Para muchas personas locales, un cicloviajero despierta curiosidad y empatía. Las conversaciones surgen con naturalidad, y es común terminar compartiendo comida, historias o incluso un lugar donde dormir. También enseñanzas. Por supuesto, existe una parte de desafío . Habrá días de viento en contra, montañas interminables, lluvia, cansancio y averías inesperadas. Pero precisamente ahí aparece una de las mayores recompensas de un largo viaje en bicicleta : aprender a adaptarte, resolver problemas y descubrir una fortaleza mental y física que no sabías que tenías. Con el paso de los años, uno corre el riesgo de caer en la arrogancia de creer que ya lo ha visto todo. Pero el camino siempre se encarga de recordarte tu propia ignorancia. El encuentro con mi querido amigo Lamin, un joven de Gambia, fue una de esas bofetadas de realidad que te cambian el rumbo; me enseñó que la grandeza no reside en la distancia recorrida, sino en la profundidad de un abrazo sincero. Leer la historia completa ➜ ¿Cuánto cuesta dar la vuelta al mundo en bicicleta?. Aunque pueda parecer algo inalcanzable, esta suele ser una de las maneras más económicas de recorrer el planeta . Cocinar tu propia comida, dormir al aire libre y llevar un estilo de vida sencillo, reduce enormemente los gastos. Mi experiencia real: Actualmente estoy dando la vuelta al mundo en bicicleta con un presupuesto anual aproximado de entre 2.000 y 3.000 dólares , dependiendo del mantenimiento de la bicicleta y los visados que necesite. Más adelante detallo los diferentes rangos de presupuesto. Lo que nadie me contó antes de iniciar mi viaje. Cuando uno empieza a planificar una vuelta al mundo, la mente se llena de mapas, componentes de bicicleta y presupuestos. Pero, tras nueve años pedaleando por cuarenta y un países , me he dado cuenta de que hay una parte del viaje de la que poco se habla, quizá porque es la más difícil de empaquetar en una guía técnica: la transformación emocional . La soledad: Es una compañera constante y, a menudo, paradójica. Puedes estar rodeado de gente maravillosa en una aldea remota o en medio de un mercado bullicioso y, aun así, sentir un vacío profundo al final del día al cerrar la tienda de campaña. La soledad no es falta de compañía, es el silencio que te obliga a enfrentarte a ti mismo sin distracciones. Aprender a habitar ese silencio ha sido, quizás, mi lección más dura y valiosa. La incertidumbre: Aunque hablo de ella como una capacidad de adaptación en esta guía, vivirla día a día es distinto. Es aceptar que, por mucho que planifiques, el mapa nunca es el territorio. Es despertar cada mañana sin saber dónde dormirás, quién se cruzará en tu camino o si la ruta que ayer era segura hoy es un camino cortado. La incertidumbre te despoja de la ilusión de control y te enseña, a golpes, a confiar en el presente. La lentitud del viaje: Vivimos en un mundo que premia la velocidad, pero la bicicleta te obliga a una lentitud radical. Pedalear te permite ver cómo cambia la vegetación, cómo mutan los acentos y cómo el horizonte se desplaza a una velocidad humana. Esta lentitud es imprescindible para que el mundo pueda contarte sus historias; es lo que me permite documentar la realidad humana tras mi cámara, porque solo si vas lento, dejas de ser un extraño y empiezas a ser un vecino. La vulnerabilidad: Quizá este es el punto más sensible. Al viajar tan expuesto —al clima, a las rutas, al trato con desconocidos—, te das cuenta de que no eres invencible. Hay días de agotamiento extremo en los que te sientes pequeño y frágil, y es precisamente en esa vulnerabilidad donde aparece la verdadera conexión. Cuando bajas la guardia y dejas de intentar ser el héroe de la historia, es cuando los demás te tienden la mano, te comparten su comida y te invitan a ser parte de su hogar. Reconocer tu propia fragilidad es, irónicamente, tu mayor fortaleza. La preparación inicial ¿Por dónde empezar? La preparación inicial Preparar un largo viaje en bicicleta requiere de una planificación basada en los medios de los que dispones y tus posibilidades. Sin embargo, antes de mirar mapas o elegir el equipamiento, hay una parte invisible que determinará el éxito de tu aventura: la preparación mental . Para mí, existen tres elementos clave que actúan en conjunto como un proceso cíclico y que deberás tener en cuenta antes y durante una gran aventura en bicicleta por el mundo . Son tres pilares fundamentales para el crecimiento humano, la resiliencia en la ruta y la mejora continua. 1. Constancia: el hábito por encima de la motivación. La constancia es la repetición continua de acciones y la perseverancia a largo plazo, incluso ante las mayores dificultades. Cuando planificas viajar por el mundo en bicicleta , tiendes a pensar que la emoción inicial te llevará lejos. Pero la realidad es que la motivación flaquea cuando llevas tres días pedaleando bajo la lluvia o con viento en contra. Al centrarte en la disciplina y la creación de hábitos cotidianos (desmontar el campamento, revisar la presión de las ruedas, cumplir tus kilómetros diarios), permites que el viaje avance de forma orgánica, superando la necesidad de estar siempre motivado. Corría el año 2011 y me encontraba cruzando el desierto de Thar , en Rajasthan. Llevaba días lidiando con un calor sofocante, el estómago vacío y síntomas claros de deshidratación. Mi mente, agotada, empezó a traicionarme. Hice una parada en medio de la nada, utilicé la lona de mi tienda de campaña como sombra para mí y para Maravilla —mi primera compañera de fatigas—, y me desplomé durante 45 minutos. Al levantarme, sentí que era el final: empujé la bici sobre la arena y me rendí. Caminé en círculos, buscando una salida que no fuera física, sino mental. Fue entonces cuando miré al cielo y me grité a mí mismo: '¿Cómo que hasta aquí? ¿Y esa gente que lucha por sobrevivir cada día sin saber qué pasará en cinco minutos? Ellos no tiran la toalla. Sigue adelante y cumple tu compromiso". Fue un grito de claridad absoluta. Quince años después, seguimos pedaleando el mundo . 2. Capacidad de adaptación: flexibilidad ante lo imprevisto. Es la habilidad de ajustar tus comportamientos, estrategias y estructuras ante nuevas circunstancias o entornos cambiantes. Viajar en bicicleta durante tantos años es un ejercicio constante de gestión de la incertidumbre. Una frontera que se cierra, una avería mecánica en mitad de la nada o un cambio radical de clima, te obligarán a recalcular la ruta. Implica tener la flexibilidad mental para no frustrarte ante los imprevistos y convertirlos, en cambio, en una oportunidad de aprendizaje y aventura. Recuerdo llegar a la frontera de Nicaragua desde la parte hondureña. Sabía que mi condición de fotógrafo humanitario y la razón de mi Proyecto Voice, darían pie a una posible investigación burocrática por parte del personal nicaragüense. La ruta que había trazado meticulosamente durante semanas se desvaneció tras más de tres horas de preguntas y esperas. Disculpe, pero no le podemos conceder el permiso de entrada a Nicaragua. Más adelante, lo mismo sucedió con Venezuela. La frustración inicial fue inmensa, pero recordé que en el viaje —como en la vida— el camino no es la línea que trazas, sino la capacidad de encontrar una alternativa cuando el mapa falla. Aquella noche la pasé con los policías de inmigración de Honduras. Ya por la mañana, comencé a retroceder hacia México, donde mi buen amigo Carlos -un hermano de corazón- me esperaba para facilitarme el vuelo a Colombia. La adaptación no es rendirse, es rediseñar tu destino sobre la marcha. 3. Transformación personal: la evolución del cicloviajero. Es un proceso profundo y consciente de cambio interior, impulsado por el autoconocimiento y la modificación de tus propios límites. Nadie regresa de un viaje así siendo la misma persona que se despidió de los amigos en el kilómetro cero. La transformación es el fruto de esas pequeñas modificaciones cotidianas que cambian tu forma de ser y de mirar el mundo. Es un viaje continuo que requiere compromiso, desapego y la apertura mental necesaria para integrar nuevas perspectivas culturales y personales. Si comparo al Joseba que salió de casa hace más de 16 años con el que sigue pedaleando hoy, aún con la misma base veo a dos personas distintas. Al inicio, mis preocupaciones eran el equipo, los kilómetros, el idioma y los tiempos. Hoy, mi prioridad es la mirada de la persona que me cruzo en el camino, la del que me acoge, o el silencio del desierto. Hace mucho tiempo ya que dejé de intentar 'conquistar' países. Ahora viajo dejándome conquistar por ellos. La mayor transformación no ha sido física, sino interna: he pasado de buscar la aventura a buscar la humanidad en cada rincón. Cómo planificar el recorrido Ruta e Itinerario: Cómo planificar el recorrido por continentes Trazar una línea sobre un mapa del mundo es fácil; pedalearla es una historia completamente diferente. Cuando planificas la ruta para una vuelta al mundo en bicicleta , no estás diseñando un recorrido turístico, estás eligiendo los escenarios donde se desarrollará tu vida durante los próximos años. No existe una ruta perfecta ni única, pero para que tu itinerario no se convierta en una pesadilla, debes equilibrar tres factores logísticos con el factor más importante de todos: la apertura hacia las personas que vas a conocer. 1. Tres factores clave antes de trazar tu ruta. Tipo de terreno y tu bicicleta: No es lo mismo pedalear por el asfalto impecable de Europa que meterte en rutas extremas. En mi caso, cruzar el Sáhara a 55.6°C me enseñó que las condiciones del terreno dictan qué componentes y qué tipo de bicicleta necesitas de inicio. Diseña tu ruta pensando en tus límites y en los de tu equipo. Pasaportes, visados y fronteras: Viajar con un pasaporte europeo abre muchas puertas, pero no todas. La burocracia puede congelar tu viaje. Infórmate muy bien de los trámites de entrada de cada país con antelación y, una vez en el terreno, pregunta a los locales y a otros cicloviajeros sobre la seguridad en las zonas que vas a cruzar. La información más real se obtiene a pie de calle. El clima y la gestión de las estaciones: El clima extremo desgasta el cuerpo y la mente. No hay nada más sufrido que pedalear y acampar bajo una intensa tormenta monzónica, o avanzar con temperaturas que superan los 40°C. Sincronizar tu ruta con las estaciones climáticas es clave para disfrutar del viaje. 2. El mapa del mundo a pedales: Análisis por continentes. Aunque cada viaje en bicicleta es un mundo, existen patrones y realidades culturales muy marcadas en cada continente que debes conocer: Europa: El reto de la normativa y el coste. No te dejes engañar; no es el continente más sencillo para el cicloviajero. Aunque las carreteras son buenas, las estrictas leyes de acampada y los elevados costes económicos lo convierten en un terreno exigente para presupuestos ajustados. Mi consejo es cubrir esta zona al inicio del viaje para ganar ritmo de pedaleo. Asia Central, Occidental y Meridional: El corazón de la hospitalidad. Esta región es un recordatorio de por qué viajo. Aunque factores como las inundaciones o la compleja situación política me han obligado a pivotar (tengo planeado adentrarme a fondo en bicicleta por Asia Central y Occidental en 2027 si la situación mejora), Asia Meridional es un caos maravilloso e imprescindible. Aquí es donde el Proyecto Voice cobra todo su sentido: la solidaridad de la población local superará cualquier expectativa y te salvará en los momentos más duros. Sudeste Asiático: El paraíso del cicloviajero. Es, bajo mi punto de vista, la región más amigable y sencilla para pedalear. Conozco esta zona a fondo, e incluso fijé mi base en Camboya para abrir mi propia galería de fotografía Human Gallery y fundar, además de gestionar y financiar, el Proyecto Alas para el futuro . El bajo coste de vida, la seguridad y la enorme comunidad de cicloviajeros, la convierten en el lugar perfecto para perderse sin prisas. América: Hospitalidad bajo una alerta constante. He pedaleado por once países de este continente y, siendo completamente honesto, no es mi zona favorita para moverme en bicicleta. El trato de la gente en el día a día es excepcionalmente bueno, pero la necesidad de vivir en un estado de alerta constante debido a la seguridad, no me permitió conectar y disfrutar como el continente merece. África: El gran choque cultural. Pedalear por África son palabras mayores. Es un continente que te exige un desapego absoluto de tus comodidades occidentales, pero que a cambio te regala una conexión humana salvaje, intensa y real. Oceanía: El destino final. Todavía no la he visitado en ningún formato de viaje, pero está marcada en el mapa como el broche de oro y el punto de finalización de mi vuelta al mundo. 3. Mi ruta real: Hasta la fecha, más de 77.000 kilómetros de historias humanas. Para que veas que no hay una línea recta ni perfecta, esta es la ruta viva que estoy siguiendo en mi vuelta al mundo en bicicleta desde que salí de España el 22 de mayo de 2010. Cada flecha representa una frontera cruzada, pero sobre todo, cientos de miradas e historias compartidas: El camino ya recorrido: España → Francia → Mónaco → Italia → Eslovenia → Croacia → Bosnia & Herzegovina → Albania → Montenegro → Macedonia → Grecia → Turquía → La India (1) → Nepal → China → Laos → Tailandia → Camboya (1) → Vietnam → Marruecos → Sahara Occidental → Mauritania → Senegal → Gambia → Guinea Bissau → Guinea → Sierra Leona → Liberia → Costa de Marfíl → Camboya (2) → México → Guatemala → El Salvador → Honduras → Colombia → Ecuador → Perú → Bangladesh → Argentina → Bolivia → Paraguay → Brasil → Camboya (3) → La India (2) → Camboya (4) ... Cuánto cuesta una vuelta al mundo en bicicleta Cuánto cuesta dar la vuelta al mundo en bicicleta: Presupuesto Calcular el presupuesto necesario para viajar por el mundo en bicicleta es, sin duda, una de las mayores preocupaciones a la hora de preparar una aventura de esta magnitud. Existe el mito de que necesitas una fortuna ahorrada para plantearte un viaje tan largo, pero la realidad de la ruta es muy diferente. El coste real no lo dicta el destino, sino el nivel de confort que tú necesites. Para que tengas una referencia clara basada en mi propia experiencia y la de otros cicloviajeros, podemos dividir los presupuestos en tres grandes niveles: Rangos de presupuesto mensual en ruta. Presupuesto Bajo: 90 - 150 USD/mes. Acampada libre estricta, cocinar siempre, cero lujos. Presupuesto Medio: 150 - 300 USD/mes. Combinación de acampada con hostales económicos o guesthouses. Presupuesto Confort: +500 USD/mes. Alojamientos frecuentes, restaurantes y mayor comodidad. En mi caso, mantengo un presupuesto bajo de entre 90 y 150 dólares al mes para el día a día. Si sumamos los gastos inevitables de mantenimiento de la bicicleta y los visados a lo largo de las fronteras, el total se sitúa entre los 2.000 y 3.000 dólares anuales . ¿Cómo es posible viajar con 100 USD al mes? Para lograr que una vuelta al mundo en bicicleta sea tan económica, el secreto no está en privarse de las cosas, sino en adoptar un estilo de vida sencillo basado en tres pilares: 1. Alojamiento a coste cero: El arte de la acampada libre. El mayor gasto de cualquier turista es el alojamiento. En el cicloturismo, ese gasto desaparece casi por completo. Puedes reducir los costes al mínimo aumentando los días de acampada libre . Tu tienda de campaña es tu hotel de mil estrellas. Además, hoy en día existen redes de hospitalidad increíbles entre ciclistas (como Warmshowers) que, aunque yo nunca las he utilizado, te permiten techarte y darte una ducha compartiendo historias con otros amantes de la bicicleta. 2. Alimentación: Cocinar tu propia comida. El segundo gran pilar es la comida. Olvídate de los restaurantes turísticos. Viajar con un presupuesto bajo implica comprar ingredientes frescos en los mercados locales y cocinar tú mismo en tu hornillo de camping. No solo es más económico, sino que ir a los mercados te sumerge de lleno en la cultura de los lugares que cruzas. 3. Gastos fijos e imprevistos. El dinero del presupuesto mensual se destina casi en su totalidad a la comida y el agua. Sin embargo, debes guardar un fondo de emergencia para dos factores que no puedes evitar: los visados para cruzar fronteras y los repuestos esenciales para la bicicleta (cubiertas, cadenas, pastillas de freno). La filosofía del Proyecto Voice: Menos dinero, más conexión humana. ❤️ Una reflexión desde la ruta: Viajar con un presupuesto bajo no es solo una necesidad económica; es una elección filosófica. Cuando viajas con la cartera llena, pagas por aislarte del entorno en hoteles y transportes privados. Cuando viajas con lo justo, en ocasiones te ves obligado a pedir ayuda por seguridad, a preguntar dónde acampar tranquilamente, a aceptar un té de un desconocido. Es ahí, en esa vulnerabilidad económica, donde el Proyecto Voice cobra vida. El dinero construye muros; la bicicleta, la sencillez y la humildad, tienden puentes de confianza absoluta con las personas del camino. Cuánto tiempo se tarda en dar la vuelta al mundo en bicicleta Cuánto tiempo se necesita para dar la vuelta al mundo en bicicleta Esta es la pregunta del millón y, obviamente, la respuesta depende por completo del tiempo del que dispongas, tus recursos y la filosofía de tu viaje . No existe una única forma correcta de recorrer el planeta. En la ruta te encontrarás con tantas realidades como ciclistas: están quienes buscan batir un récord de velocidad, quienes tienen los meses contados por una excedencia laboral, y estamos quienes entendemos el viaje como una escuela de vida sin fecha de caducidad. Todas las opciones son igual de lícitas y respetables . Para ayudarte a entender cuánto puedes tardar en dar la vuelta al mundo en bicicleta , podemos dividir los tiempos según el enfoque del viaje: 1. El enfoque deportivo o de tiempo limitado (De 1 a 2 años). Si tu presupuesto es ajustado, tienes un límite en tu trabajo o tu motivación va encaminada a superar un reto deportivo o de velocidad, es posible recorrer los cinco continentes en un par de años (e incluso menos) . En este tipo de viaje el pedalear es la prioridad absoluta. Se cubren grandes distancias diarias, se pasa más deprisa por los países y el foco está puesto en la meta y en el desafío físico de devorar kilómetros. 2. El enfoque cultural y de inmersión (De 3 a 5 años). Si dispones de un tiempo para ti y decides invertirlo en mezclarte con los locales, el calendario pasa de inmediato a un segundo plano. Viajar a este ritmo te permite detenerte cuando el camino te regala un lugar mágico, empaparte de la cultura local y no tener que mirar el reloj cada hora. Sigue siendo un viaje de descubrimientos, pero donde los días no se miden por los kilómetros pedaleados, sino por las experiencias vividas. 3. El viaje como forma de vida: Duración indefinida. Cuando entiendes que una vuelta al mundo en bicicleta no consiste en coleccionar sellos en el pasaporte, sino en sentir los lugares; cuando tu viaje tiene una labor social de peso detrás o se convierte en tu hogar, la duración pasa a ser indefinida . Cada viaje es un proceso profundo de aprendizaje y evolución personal, y eso requiere tiempo. No se puede escuchar la voz del otro ni entender la realidad de un país si se cruza a golpe de pedal rápido sin bajarse de la bicicleta. 🌐 Mi perspectiva tras 9 años en la ruta: Cuando salí de España en mayo de 2010, no imaginaba que mi vuelta al mundo se transformaría en un estilo de vida de casi una década. Al viajar con el Proyecto Voice , entiendo que lo que sucede entre un punto y otro del mapa requiere calma. Si decides hacer del camino tu casa y de la empatía tu brújula, el tiempo deja de ser una cuenta atrás para convertirse en un espacio de libertad absoluta. Dificultades de la ruta Dificultades en la ruta: Lo que no suelen contarte y el gran reto mental Aquí es donde se desmorona la teoría y aparece la realidad descarnada. Cuando la gente imagina una vuelta al mundo en bicicleta , suele visualizar atardeceres perfectos y carreteras escénicas. Pero la verdad de la ruta exige un precio alto. Cruzando montañas interminables o atravesando desiertos donde el horizonte te desafía, descubres que un largo viaje en bicicleta requiere mucha más fuerza mental que física . El cuerpo se entrena en unas semanas; la mente, en cambio, se pone a prueba cada día. Estas son las verdaderas dificultades a las que te vas a enfrentar y para las que ningún entrenamiento físico te puede preparar: 1. Gestión de visados y la asfixia de la burocracia. La carretera puede ser libre, pero el mundo está lleno de fronteras y líneas invisibles. Lidiar con consulados, embajadas que cambian sus requisitos de la noche a la mañana, tasas abusivas y la presión de que tu permiso de estancia caduque mientras estás en mitad de la nada, es una de las mayores fuentes de estrés psicológico en una vuelta al mundo en bicicleta . La burocracia desgasta más que el peor de los puertos de montaña. 2. Enfermedades, lesiones y la vulnerabilidad del cuerpo. Cuando tu motor son tus propias piernas, cualquier problema de salud detiene el viaje por completo. Desde infecciones estomacales por agua o comida en mal estado, hasta lesiones musculares causadas por el esfuerzo acumulado. Estar enfermo en una tienda de campaña, a miles de kilómetros de tu cultura y tus seres queridos, te obliga a abrazar una vulnerabilidad extrema y a depender, muchas veces, del apoyo de desconocidos. 3. Adaptación al clima: Sobrevivir a los extremos. El clima dicta tus días. No hay filtros: estás expuesto al sol abrasador de desiertos a más de 50°C (mi caso en Sahara) donde el agua se calienta tanto que quema al beberla, o atrapado en tormentas monzónicas donde mantener la ropa seca se vuelve una misión imposible. Adaptarse al clima no es solo abrigarse o buscar sombra; es aprender a regular tu energía para que las condiciones extremas no te quiebren el ánimo. 4. Mantenimiento de la bicicleta e imprevistos mecánicos. Tu bicicleta es tu salvoconducto y tu hogar. Las averías van a ocurrir: radios rotos, cadenas partidas, cubiertas destrozadas o problemas en el buje. La verdadera dificultad no es reparar la avería en sí, sino gestionarla cuando ocurre en zonas remotas donde no hay tiendas de repuestos ni talleres en cientos de kilómetros. Te tocará desarrollar la paciencia y el ingenio para solucionar problemas mecánicos con lo mínimo. 5. La soledad: El silencio del camino. Existe una delgada línea entre la soledad elegida y el aislamiento involuntario. Pasar días pedaleando en absoluto silencio, no tener con quién compartir la emoción de un paisaje brutal al final de la jornada, o comer solo noche tras noche en tu campamento, puede volverse un peso muy difícil de cargar. La soledad en un viaje por el mundo en bicicleta te obliga a mirarte al espejo y a convertirte en tu propio compañero, aprendiendo a gestionar tus propios demonios internos. 6. Fatiga mental y la toma constante de decisiones. El cansancio más peligroso no es el de las piernas, sino el del cerebro. En la vida cotidiana operamos bajo rutinas; en la ruta, cada día es un folio en blanco. Tienes que decidir constantemente: ¿dónde voy a dormir hoy?, ¿tendré suficiente agua?, ¿es segura esta carretera?, ¿qué voy a comer?, ¿debería confiar en esta persona? Tras meses o años tomando microdecisiones de supervivencia diaria, aparece la fatiga mental, un estado de agotamiento donde lo único que deseas es dejar de planificar por un momento. 7. La incertidumbre y el cambio constante de planes. Olvídate de las planificaciones rígidas. Una frontera que se cierra, una huelga general, una inundación o una avería mecánica, te obligarán a tirar tus mapas a la basura y empezar de cero. La falta de control sobre tu propio destino puede generar una gran frustración. La flexibilidad no es una opción en el cicloturismo de larga distancia; es una herramienta de supervivencia mental. La mirada del Proyecto Voice frente a la adversidad. 🌍 Una verdad desde la experiencia: Las dificultades no son el enemigo del viaje; son el viaje mismo. Es precisamente cuando se te rompe la bicicleta en una aldea remota, o cuando el cansancio te hace sentarte a llorar al borde de la carretera, cuando el Proyecto Voice cobra su verdadero sentido. Al despojarte de tu armadura de turista autosuficiente y mostrarte vulnerable ante el mundo, es cuando la gente más humilde se acerca a tenderte la mano. Los desfavorecidos de este planeta, aquellos que conviven a diario con la incertidumbre y la escasez, son los primeros que entenderán tu fatiga y te ofrecerán su techo, su comida y su voz. Las mayores dificultades de la ruta siempre se solucionan con las mayores dosis de humanidad. Documentación, visados y seguridad Documentación, Visados y Seguridad en el cicloturismo Dejar atrás la rutina para dar la vuelta al mundo en bicicleta es un acto de libertad absoluto, pero esa libertad se topa, tarde o temprano, con los límites del mapa: las fronteras. Gestionar los papeles y mantenerte a salvo en ruta no requiere de trucos de magia, sino de previsión, paciencia y, sobre todo, mucha intuición. Aquí tienes el desglose de lo que necesitas saber para moverte de forma legal y segura por el planeta sobre dos ruedas. 1. El "papeleo" imprescindible: Documentación a prueba de ruta. Cuando tu casa se mueve a pedales, tu vida entera debe caber en una carpeta impermeable metida en el fondo de tu alforja más segura. Esto es lo que no te puede faltar: El Pasaporte (Tu bien más preciado): No viajes con un pasaporte a punto de caducar; muchos países exigen una validez mínima de 6 meses para dejarte entrar. Además, una vuelta al mundo en bicicleta devora páginas a base de sellos y visados de página completa. Viaja siempre con un segundo pasaporte (si tu país lo permite) o tramita uno nuevo en las embajadas de tu ruta antes de quedarte sin espacio. Fotos de carné a puñados: Lleva siempre un sobre con al menos 20 ó 30 fotografías tuyas tamaño carné. En las fronteras terrestres de África o Asia te las pedirán constantemente para los visados sobre la marcha (Visa on Arrival). De igual forma te las pedirán en las embajadas o cunsulados cuando solicites presencialmente el visado del siguiente país. Certificado Internacional de Vacunación (El "cuaderno amarillo"): Imprescindible si tu ruta incluye África o Latinoamérica. Sin la vacuna de la Fiebre Amarilla sellada en este documento, muchas fronteras te denegarán el acceso directamente. La nube como salvavidas: Escanea absolutamente todo (pasaporte, visados, seguro médico, fotos) y súbelo a una carpeta en la nube (Google Drive o Dropbox). Si te roban o pierdes los papeles físicos, tener copias digitales accesibles desde cualquier teléfono te salvará la vida. 2. La realidad de las fronteras terrestres: Estrategia de visados. Entrar a un país en avión es fácil; cruzar una aduana perdida en mitad de la selva o el desierto, con una bicicleta cargada, es un deporte de riesgo burocrático. Actualmente, las e-Visas (visados electrónicos) han facilitado mucho la vida, permitiéndote tramitar el permiso por internet unos días antes de llegar. Sin embargo, en muchas regiones todavía te tocará hacer "paradas estratégicas" en las capitales de los países para visitar embajadas y negociar tus visados presencialmente. 💡 Consejo de ruta: Nunca des por sentada la información de internet sobre una frontera. Las leyes cambian cada semana. La mejor fuente de información son los foros de cicloviajeros actualizados o, mejor aún, preguntar a los locales unas pocas jornadas antes de llegar al límite del país. Antes de iniciar la solicitud de un visado, siempre utilizo passportindez.org para saber si lo necesito o no y de qué tipo los hay, 3. Seguridad: Desmitificando el peligro del mundo. Si hiciéramos caso a los informativos de televisión, nadie saldría de su casa. Tras recorrer 41 países en bicicleta (más otros 59 sin bicicleta), la primera lección que aprendes es que el mundo es un lugar infinitamente más seguro y hospitalario de lo que nos intentan vender . El 99% de la gente es buena y muchos de ellos querrán ayudarte. Aun así, la seguridad en el cicloturismo de larga distancia se basa en la prevención y el sentido común: Tu intuición es tu mejor radar: Si al llegar a un lugar donde acampar o al hablar con alguien sientes una vibración extraña en el estómago, no lo pienses: súbete a la bicicleta y sigue pedaleando. La intuición se afila con los kilómetros; confía en ella. Evita pedalear de noche: El peor enemigo del ciclista no es el ladrón, es el tráfico. De noche eres invisible en carreteras secundarias y el riesgo de accidente se multiplica. Establece tu campamento o busca refugio antes de que caiga el sol. Logística del dinero: No guardes todos tus recursos en el mismo sitio. Divide el dinero en efectivo, y las tarjetas, en diferentes alforjas, y esconde una parte de emergencia en los lugares más insospechados de la bicicleta (dentro del tubo del sillín, en el manillar o dentro de una bolsa de plástico pegada con cinta americana debajo del sillín). La bicicleta siempre a la vista: En las paradas para comprar comida o agua, intenta no perder de vista la bicicleta. Un candado sencillo es suficiente para evitar el robo en un despiste, pero el mejor escudo es tu cercanía La paradoja de la seguridad y el Proyecto Voice. Aquí es donde reside la magia que pocos entienden antes de partir. La gente suele pensar que viajar en bicicleta te hace más vulnerable ante los peligros y los delincuentes. Y tienen razón: eres vulnerable. Pero en esa vulnerabilidad radica tu mayor seguridad . Un turista que viaja encerrado en un coche de alquiler con los cristales tintados genera distancia y recelo. Un cicloviajero que llega sudando, cansado y expuesto a los elementos, despierta una respuesta humana universal: la empatía y el instinto de protección . Al viajar con el Proyecto Voice con lo justo y necesario, te das cuenta de que la propia comunidad local se convierte en tu cuerpo de seguridad. Los entornos más humildes, aquellos etiquetados a menudo como "peligrosos", son precisamente donde las familias saldrán a la puerta de sus casas para ofrecerte un lugar seguro donde acampar, vigilar tu bicicleta mientras descansas y asegurarse de que nadie te perturbe. El respeto mutuo es el mejor chaleco antibalas del mundo. Qué bicicleta elegir para un largo viaje El Equipo Ideal: Qué bicicleta elegir para viajar por el mundo y qué llevar en tus alforjas Pedalear por el planeta durante 9 años te enseña una ley inquebrantable: en la bicicleta, cada gramo se paga con sudor; pero en la ruta, lo que te sobra te aleja de la realidad. Cuando vas sobrecargado de tecnología y ropa de marcas carísimas, pareces un astronauta flotando en un entorno ajeno. Cuando viajas con lo justo, eres simplemente un ciclista. El equipo ideal no es el más caro, sino el más fiable, el más fácil de reparar y el que te permite ser autosuficiente sin perder el toque humano. Después de más de 77.000 kilómetros pedaleados por el mundo con tres bicicletas preparadas para cicloturismo con alforjas, a continuación desgloso al detalle la cuarta bicicleta que me acompaña a día de hoy con sistema de bikepacking, además del equipo de acampada: 1. La Bicicleta Ideal: Tu compañera de ruta. He leído cientos de opiniones encontradas respecto al tipo de bicicleta que se debe utilizar en una vuelta al mundo de varios años . Unos afirman que es obligatorio el acero frente al aluminio; otros, que es mejor una estructura rígida antes que una con amortiguación. Muchos incluso aseguran que puedes emprender un viaje de esta envergadura con cualquier bicicleta estándar, porque lo verdaderamente importante es dar el paso y arrancar. Mi consejo tras más de una década en la carretera es directo: ajusta tu bicicleta al viaje que tienes planeado realizar, y no tu viaje a las limitaciones de tu bicicleta . Si puedes permitírtelo, no escatimes nunca en la calidad de los componentes y, sobre todo, ajusta los desarrollos (relación de marchas) a tus necesidades físicas y a las rutas previstas. Ahí radicará la diferencia entre disfrutar de la ruta o sufrirla más de la cuenta en los puertos de montaña. ¿Qué configuración elegir según tu estilo de viaje? El precio de una buena bicicleta de cicloturismo preparada para recorrer el planeta, oscila entre los 2.000 y 3.000 USD. Dependiendo de tus objetivos, te recomiendo dos enfoques: Para asfalto y largas distancias (Enfoque Touring): Utiliza una bicicleta rígida con ruedas de 29 pulgadas si tu tiempo es limitado y necesitas cubrir más kilómetros diarios por carreteras principales o secundarias bien pavimentadas. Para terrenos mixtos y aventura extrema (Enfoque Bikepacking): Opta por una geometría más robusta con ruedas de 27.5" x 2.35 (ó 2.50) si dispones de tiempo y lo tuyo es la exploración profunda fuera de las rutas habituales. Mi evolución: Del aluminio al acero por una causa social Mis tres primeras bicicletas fueron de la marca Orbea , diseñadas para cicloturismo clásico con un cuadro robusto de aluminio. Pedaleé con ellas más de 60.000 kilómetros y jamás tuve un solo problema estructural. El aluminio es perfectamente válido si te mueves por rutas principales. Sin embargo, en agosto de 2025 decidí dar un giro a mi logística. Actualmente, en 2026 , viajo sobre una bicicleta Surly con cuadro de acero cromoly y un sistema híbrido de pequeñas alforjas y bikepacking. Esta todoterreno personalizada me otorga la robustez y la tracción necesarias para abandonar el asfalto y adentrarme en las comunidades más aisladas y remotas, allí donde el Proyecto Voice necesita llegar para escuchar y dar voz a los más desfavorecidos. Mi bicicleta para 2026 Componentes de mi bicicleta para la Vuelta al Mundo (Configuración 2026) Para los apasionados de la mecánica y quienes buscan una configuración de máxima fiabilidad que resista miles de kilómetros sin pisar un taller oficial, este es el desglose técnico de mi configuración actual: Cuadro y Horquilla: Surly Bridge Club (Acero Cromoly 4130, tubos Natch, triángulo principal de doble conificado, soldadura TIG y recubrimiento ED anticorrosión). Juego de ruedas: Black Snow. Neumáticos: Vittoria Mezcal XC/Trail 27.5" x 2.35. Cámaras: Vittoria 27.5". Dirección: CORE Sillín: Brooks B17 Classic Negro (Un clásico indestructible de cuero que se amolda a tu anatomía). Tija de sillín: Pro LT 27.2. Bielas: Shimano Deore M5100-2 (Platos 36/26T, 170mm). Desviador trasero: Shimano Deore M5120. Cadena: Shimano Deore HG601 (126 enlaces). Cassette: Shimano Deore M5100 (Relación 11-42T, ideal para subidas extremas con carga). Palanca de cambios: Shimano Deore M5100 R/L (1x11 velocidades). Frenos: Shimano BL-MT401 / Pinzas BR-MT410. Frenos de disco: Tektro 160mm. Manillar: Satori Falcon con extremos de manillar Pro (Para variar la posición de las manos y evitar la fatiga). Puños: V-Grip ER1AC ergonómicos. Potencia: EASTON EA50 (90mm +/- 6°). Pedales: Shimano PD-GR400 (Plataforma ancha para mayor estabilidad). Eje de pedalier: Shimano MT501. Portaequipajes trasero: Tubus Logo EVO (Capacidad de carga pesada y centro de gravedad bajo). Portaequipajes delantero: Tubus Duo. Seguridad activa: Dos espejos retrovisores independientes y luz trasera roja LED con carga eléctrica USB. Alforjas cicloturismo o Bikepacking 2. El sistema de carga: ¿Alforjas tradicionales o Bikepacking? La forma en que distribuyes tu equipaje determina por completo cómo se comporta tu bicicleta y, en consecuencia, hasta dónde puedes llegar. En mis tres primeras bicicletas utilicé el sistema clásico de grandes alforjas de cicloturismo, principalmente porque en aquel momento era el estándar del mercado. Sin embargo, actualmente en 2026 , he migrado hacia un sistema de bikepacking híbrido . Las razones fundamentales de este cambio tras miles de kilómetros, han sido tres: Disminución drástica del peso: Eliminar los pesados herrajes tradicionales y reducir el tamaño de las bolsas te obliga a ser más minimalista y eficiente. Minimización del volumen de la bicicleta : Al ser una estructura más estrecha, la resistencia al viento disminuye y es mucho más fácil maniobrar en pasos estrechos o empujar la bicicleta si el terreno lo exige. Mejor ajuste y estabilidad del equipo: Las bolsas van integradas orgánicamente en el chasis. Tras pedalear más de 14.000 km en 2026 con esta configuración, te aseguro que no hay nada como viajar sobre una bicicleta que no se desestabiliza ni "cocea" cuando la ruta se pone complicada o el asfalto desaparece. Esa estabilidad es vital para mí: si quiero abandonar las rutas turísticas y adentrarme por caminos de tierra rotos para llegar a las comunidades más vulnerables y darles voz a través del Proyecto Voice , necesito una bicicleta ágil que responda al instante. Mi configuración actual de bolsas (Distribución 2026) Llevar todo lo necesario para vivir en la carretera en un sistema compacto requiere ingeniería de equipaje. Esta es la distribución exacta de las bolsas que utilizo en mi vuelta al mundo: Zona Delantera (Dirección y Horquilla): Una bolsa de 6 litros fijada directamente al manillar (ideal para el material de acampada ligero). Dos bolsas accesorias de 4 litros cada una para el manillar (acceso rápido en ruta). Dos alforjas delanteras compactas de 4 litros cada una instaladas en la parte baja de la horquilla. Zona Central (Cuadro): Una bolsa de 6 litros diseñada para el interior del triángulo del cuadro (donde coloco las herramientas pesadas, cocina y comida para mantener el centro de gravedad bajo). Dos pequeñas bolsas sobre el tubo superior del cuadro (para power bank, gafas y cable de carga de uso rápido, etc). Zona Trasera (Sillín y Portaequipajes): Dos alforjas traseras compactas de 12 litros cada una. Una pequeña bolsa específica para el calzado secundario ubicada debajo del sillín. Un bolso estanco de 6 litros colocado sobre la plataforma del portaequipajes trasero, dedicado en exclusiva a proteger mi equipo completo de fotografía y vídeo. En mi espalda: Una riñonera EVOC para el dron, el cargador y tres baterías, y mi documentación. ⚠️ La regla de oro del cicloviajero: Es absolutamente imprescindible que todas tus bolsas para la bicicleta sean totalmente impermeables si quieres viajar tranquilo. No te conformes con fundas externas para la lluvia; asegúrate de que el material y las costuras de las bolsas sean 100% estancas . Que se te moje el saco de dormir antes de una noche fría o que se dañe tu cámara de fotos en mitad de un monzón, puede arruinarte el viaje. Equipo de acampada y vestimenta 3. Material de Acampada: Tu hogar en cualquier parte del mundo. Cuando estás viajando por el mundo en bicicleta , tu tienda de campaña deja de ser un simple artículo de ocio para convertirse en tu hogar, tu refugio y tu único espacio de privacidad. Pasar la noche al aire libre no solo es la clave para mantener ese presupuesto bajo de 100 dólares al mes, sino que es la mejor manera de fundirte con el entorno. Tras cientos de noches acampando en desiertos, selvas y montañas, he aprendido que en el material de acampada no se busca el lujo, sino la habitabilidad, la resistencia a los elementos y un descanso de calidad que te permita regenerar el cuerpo lo máximo posible para la jornada siguiente. Esta es la equipación real que llevo en mis alforjas para montar mi hogar en cualquier rincón del planeta: Tienda de campaña ligera (MSR Elixir 2): A lo largo de mi viaje por el mundo he desgastado un total de cuatro tiendas, todas ellas de tres estaciones. Desde agosto de 2025 utilizo la MSR Elixir 2 (con un precio aprox. de 300 USD). Sus 2.5 kg de peso no la convierten en la más ligera del mercado, pero lo compensa con creces gracias a su espectacular robustez, su amplio espacio interior y una resistencia al agua sobresaliente ante tormentas extremas. Colchoneta ligera: Es una pieza absolutamente fundamental para el descanso. Si vas a acampar en bicicleta de forma constante, no escatimes aquí. Por el mismo dinero que te costarían un par de noches en una guesthouse convencional, puedes adquirir una colchoneta de calidad que aísle tu cuerpo del frío del suelo y cuide tu espalda. Saco de dormir (Therm-a-Rest Questar -6C): El frío nocturno puede quebrarte las fuerzas. Actualmente viajo con este saco debido a su excelente temperatura de confort, su amplio espacio interior para poder moverte, su peso contenido (menos de 1 kg) y la altísima calidad de aislamiento que ofrece su plumón. Sábana protectora (Liner): Un finísimo y ligero trozo de tela que cumple una doble función vital. Te ayuda a no ensuciar el interior del saco los días en los que la ruta no te ha permitido tomar una ducha, y funciona como sábana durante las noches de calor. Filtro de agua para viaje: Tu seguro de salud en zonas remotas. Un buen filtro de agua por gravedad o bombeo te librará de parásitos y bacterias peligrosas. Es un elemento obligatorio si tu ruta incluye África o regiones aisladas de Asia. Aquí, la calidad no es negociable. Cocina de camping (Trangia 27): Durante mis primeros siete años y medio de viaje cargué con un clásico hornillo de gasolina. Era pesado, se obstruía constantemente con el combustible sucio de algunos países y sus repuestos eran caros. En agosto de 2025 tomé la decisión de cambiarlo por el sistema Trangia 27-6 , y estoy encantado. Es una cocina de aluminio ultraligero que funciona con alcohol. El kit viene completamente integrado: incluye un paravientos, una sartén (que uso también como plato), dos cazuelas antiadherentes, una tetera y el propio quemador, además de un mango de aluminio para maniobrar las cazuelas cuando están calientes. Eficiencia pura. Silla plegable ultraligera: Muchos la consideran un lujo innecesario, pero cuando acampas a diario y te toca ejercer de chef sobre el suelo, agradecerás enormemente tener un respaldo donde descansar la zona lumbar. Es un pequeño peso extra que no me duele en absoluto cargar. Luz frontal LED: Tu iluminación al caer el sol para cocinar, reparar la bicicleta o leer dentro de la tienda. Asegúrate de que sea recargable mediante puerto USB para poder darle vida con tu power bank o en cualquier enchufe durante tus descansos en ruta. Cuerda de lavandería: Llevar cuatro metros de cuerda fina en un bolsillo lateral te permitirá colgar y secar tu ropa al sol después de lavarla al finalizar la jornada. Imprescindible si lo tuyo es la acampada diaria. La tienda de campaña como puente hacia los demás. ⛺ El valor de la vulnerabilidad: Montar una tienda de campaña en los límites de una aldea o en un terreno comunal, es el mayor generador de historias del Proyecto Voice . Al no encerrarte entre las cuatro paredes de un hotel, quedas expuesto y visible. Lejos de ser peligroso, esta sencillez desarma a las comunidades locales. Ver que cocinas con un pequeño hornillo de alcohol y que duermes sobre la tierra, despierta el respeto y la hospitalidad más pura de quienes a menudo se acercarán a tu campamento para ofrecerte comida caliente, agua limpia y, sobre todo, una conversación sincera. 4. Ropa de invierno y de verano: El armario minimalista. Llevar en tus bolsas la ropa necesaria para cruzar un desierto a 50°C y, al mismo tiempo, la protección suficiente para sobrevivir a una tormenta helada en un puerto de montaña a miles de metros de altitud, parece una misión imposible. Cuando viajas de forma continuada durante años, no puedes elegir una sola estación: tienes que cargar con el año completo en apenas unos litros de espacio . La clave para lograrlo no está en comprar prendas técnicas de precios astronómicos, sino en dominar el arte del minimalismo y entender el concepto de la versatilidad. No necesitas un armario lleno; necesitas unas pocas piezas estratégicas que funcionen juntas. Para lograr este equilibrio sin sobrecargar la bicicleta, la regla de oro se resume en tres principios básicos: El sistema de capas (vestirse como una cebolla): Olvídate de los abrigos gruesos y pesados que ocupan una alforja entera. La estrategia inteligente consiste en superponer capas finas. Una camiseta técnica transpirable, una capa térmica ligera (como un forro polar fino) y una chaqueta cortavientos e impermeable son suficientes para soportar casi cualquier clima. Si hace frío, te las pones todas; si sale el sol, te las vas quitando. Prioridad absoluta al secado rápido: En la ruta la ropa se lava a mano y se seca a la intemperie, por eso el algodón es tu enemigo: tarda horas en secarse y retiene la humedad. Opta por fibras sintéticas o lana merina ligera, materiales que se secan en cuestión de minutos al sol o con el mismo viento del pedaleo. Elimina los "por si acaso": Si una prenda no tiene al menos dos funciones claras o no la vas a usar de forma recurrente, déjala en casa. En una vuelta al mundo en bicicleta , la comodidad de pedalear ligero se agradece infinitamente más que la variedad estética. El armario dividido: De los desiertos a las montañas. Al organizar tu ropa, divide mentalmente tu equipaje en dos bloques muy sencillos, sin complicarte con listas interminables: Tu ropa de verano y pedaleo diario: Ropa muy ligera, transpirable y que ofrezca una buena protección contra la radiación solar directa. Camisetas cómodas, pantalones cortos (o desmontables) y elementos esenciales como una gorra y gafas de sol para proteger la vista en las jornadas más duras. Tu ropa de invierno y campamento: Un conjunto térmico interior (mallas y camiseta de manga larga) que guardes siempre seco en el fondo de tus bolsas impermeables. Este conjunto es tu salvavidas para el momento en que dejas de pedalear, el cuerpo se enfría y toca montar la tienda o pasar la noche a la intemperie. La vestimenta como herramienta de cercanía en el Proyecto Voice. 👕 Una reflexión humana: En el cicloturismo de larga distancia, la ropa cumple una función que va mucho más allá de protegerte del clima: es tu carta de presentación ante el mundo. Si llegas a una aldea vestido de pies a cabeza con ropa de neón reflectante, logotipos de marcas y un aspecto hipertecnológico, creas una barrera visual inmediata. Parecerás un turista inalcanzable. Al viajar con ropa sencilla, de colores neutros, la distancia desaparece. V estir de forma humilde y cercana es vital. Cuando las personas ven que vistes de forma tan sencilla como ellos, que tu ropa muestra las marcas del camino y que no buscas ostentar, las barreras caen por completo. 5. Herramientas y repuestos: El arte de la autosuficiencia. Si no quieres verte en serios apuros, especialmente al pedalear por rutas alejadas de la civilización, debes asumir una realidad: te va a tocar cargar con el peso de un conjunto de herramientas esenciales . Tu bicicleta va a sufrir desgaste, rozamiento y roturas debido a los miles de kilómetros, el agua, el barro y el polvo de los caminos. Mi primer y más valioso consejo antes de comprar cualquier herramienta es este: invierte en conocimiento . Realizar un buen curso de mecánica básica y avanzada ajustado a los componentes específicos de tu bicicleta, antes de comenzar el viaje, te aportará una tranquilidad incalculable en la ruta. El mejor repuesto es saber qué hacer cuando algo falla. A continuación, te detallo el "taller portátil" mínimo y optimizado que considero imprescindible llevar en las alforjas para resolver el 90% de los imprevistos mecánicos en una vuelta al mundo en bicicleta : Mecánica: Herramientas en ruta Herramientas indispensables en ruta. Herramienta multiusos de calidad: Asegúrate de que incluya llaves Allen (de todas las medidas de tu bici), destornillador y, de forma obligatoria, un tronchacadenas robusto. Desmontables de alta resistencia: Para poder sacar la cubierta de la rueda sin dejarte las manos ni romper el plástico a las primeras de cambio. Bomba de mano de doble acción: Que sirva tanto para válvulas finas (Presta) como gordas (Schrader) y que te permita meter buena presión sin desfallecer en el intento. Llave de radios: Vital para centrar la rueda sobre la marcha si un radio se parte o se destensa por el peso del equipaje. Kit de limpieza básico: Un cepillo pequeño, un trapo y un buen lubricante de cadena para condiciones secas o húmedas. Una transmisión limpia alarga la vida de los componentes miles de kilómetros. Repuestos esenciales que te salvarán el viaje. Cámaras de aire y parches a puñados: Aunque uses sistemas tubeless, llevar al menos dos cámaras de repuesto de tu medida y un buen kit de parches con pegamento fresco es innegociable. Radios de repuesto: Lleva siempre contigo 4 ó 5 radios de la medida exacta de tus ruedas (delantera y trasera a veces varían). Puedes encintarlos al propio cuadro de la bicicleta para que no ocupen espacio en las bolsas. Eslabones rápidos de cadena (Missing Links): Si la cadena se parte por la tensión en una subida, con el tronchacadenas eliminas el eslabón roto y con el eslabón rápido vuelves a unirla en menos de dos minutos. Cables de cambio y de freno: Ocupan poquísimo, no pesan nada y se acaban deshilachando con los meses de uso continuo. Pastillas o zapatas de freno de repuesto: Un juego extra guardado en tus bolsas te garantizará poder frenar con seguridad al bajar un puerto de montaña imprevisto. Bridas de plástico y cinta americana: Los dos mejores inventos de la historia para reparaciones de emergencia de cualquier elemento del equipo o de la bici. Imprescindibles! La mecánica rural: Una lección de ingenio en el Proyecto Voice. 🔧 Compartiendo el ingenio del camino: Tener conocimientos de mecánica no solo te salva a ti, sino que te conecta con la realidad local de los lugares que cruzas. En muchos países en vías de desarrollo de África o Asia, la bicicleta no es un deporte, es el único medio de transporte y de trabajo para familias enteras. Cuando sufres una avería cerca de una pequeña comunidad desfavorecida y te ven sacar tus herramientas, el magnetismo es inmediato. Los mecánicos locales, acostumbrados a trabajar sin recursos y a solucionar problemas imposibles con un trozo de alambre y unos alicates viejos, se acercarán a curiosear. Esos momentos de "taller a ras de suelo" son pura esencia del Proyecto Voice . El idioma deja de ser una barrera porque te comunicas a través de los engranajes, la grasa y el metal. Al final, reparar tu bicicleta en una aldea remota a menudo se convierte en la excusa perfecta para terminar compartiendo un té, intercambiando trucos de ingenio y escuchando la historia de supervivencia diaria de quien te está ayudando. Documentar el viaje 6. Documentar el viaje: El equipo de fotografía y vídeo. Viajar por el mundo en bicicleta es una experiencia transformadora, pero mi viaje tiene una razón de ser muy específica que va más allá de la simple aventura. Como fotógrafo humanitario , mi propósito en la ruta es documentar las necesidades reales de los rincones más aislados del planeta con una idea fija: dar voz a los más desfavorecidos . A diferencia de la tendencia actual de buscar la gratificación instantánea y superficial de las redes sociales, desde el nacimiento del Proyecto Voice asumí un compromiso inquebrantable: compartir las experiencias del viaje, las crónicas humanas y el archivo fotográfico completo directamente en mi "hogar digital", mi página web: josebaetxebarria.com . Para poder capturar la dignidad, la dureza y la belleza de las realidades humanas a ras de suelo sin que la bicicleta colapse por el peso, utilizo un equipo de documentación profesional, compacto y altamente estratégico: El equipo fotográfico: Capturar la esencia humana. Para la fotografía social y de retrato puro, sigo confiando en la fiabilidad del formato clásico, priorizando la nitidez y la intención antes que la multifuncionalidad: Cámara Réflex (DSLR): Una cámara dedicada exclusivamente a la fotografía, sin opción de grabación de vídeo. Esto me obliga a separar mentalmente el momento de congelar una mirada del momento de filmar una escena. Trípode específico para réflex: Imprescindible para autorretratos en ruta o capturas de larga exposición que requieran estabilidad absoluta. El trío de lentes estratégicas: Un objetivo variable (10-20 mm): Ideal para contextualizar el entorno, mostrar la inmensidad de los paisajes o fotografiar en espacios interiores muy reducidos dentro de los hogares locales. Es la lente que más utilizo. Un objetivo fijo (50mm): La lente por excelencia del fotógrafo documental. No deforma, ofrece una apertura luminosa espectacular y se acerca de forma idéntica a la perspectiva del ojo humano. Un teleobjetivo (70-210mm): Fundamental para conseguir compresión de planos en el paisaje y para realizar retratos espontáneos con la discreción necesaria para no alterar la naturalidad de la escena. Es la lente que menos utilizo. La producción de vídeo en ruta: Dinamismo y acción. Para capturar el movimiento del viaje y la narrativa en vídeo, confío en la versatilidad de los sistemas de acción rápidos y la potencia móvil: GoPro Hero 13 con accesorios de manillar: Equipada con diferentes lentes accesorias y filtros ópticos. En el manillar de la bicicleta llevo soportes específicos que me permiten accionar la cámara y grabar en marcha cuando la carretera o el entorno se vuelven dinámicos. Cuenta con su propio trípode pequeño de mano. iPhone 15: Por la brutal potencia de sus cámaras tanto para fotografía espontánea como para vídeo en alta resolución. Es una herramienta que utilizo muchísimo en el día a día de la ruta debido a su inmediatez. Llevo dos soportes diferentes en el manillar para tenerlo siempre accesible como navegador y herramienta de captura rápida. Perspectiva aérea y sonido: Las herramientas del Proyecto Voice. Dar voz implica, de forma literal, registrar el sonido de las personas y el contexto de su entorno: Dron DJI Flip (249 gramos): Al pesar menos del límite legal de los 250 gramos, me evita muchísimos problemas burocráticos en las fronteras de diferentes países. Viajo con su control remoto con pantalla integrada, el cargador y un total de tres baterías para garantizar autonomía en zonas donde no hay red eléctrica. Es clave para mostrar el aislamiento de las comunidades a las que llego. Dos micrófonos DJI inalámbricos: Estas pequeñas piezas son el alma tecnológica del Proyecto Voice. Me permiten conectar el audio directamente a la GoPro, al teléfono o al dron para registrar con nitidez profesional los testimonios, las entrevistas y las voces de la gente del camino, aislando el ruido del viento o del entorno. Auriculares AirPods: Para monitorizar el audio grabado y editar con precisión. El estudio digital portátil y energía. Llevar un flujo de trabajo profesional en mitad de la nada requiere capacidad de procesamiento y energía de reserva: Portátil MacBook Air: Ligero, extrafino y con una autonomía de batería excelente. Es mi mesa de edición donde proceso las fotografías, edito los vídeos y redacto los artículos que se publican en la web. Dos Power Banks de alta capacidad: Mi seguro de vida energético en ruta para poder cargar el teléfono, los micrófonos y las baterías de las cámaras cuando paso varios días en régimen de acampada libre estricta. El respeto y la ética, la base del Proyecto Vocie. 📸 El respeto antes que el disparo: Cargar con todo este equipo tecnológico en zonas vulnerables requiere una enorme responsabilidad ética. Como fotógrafo del Proyecto Voice , jamás llego a un lugar apuntando con una cámara. La tecnología intimida y construye muros. Mi protocolo es siempre el mismo: llegar en bicicleta, presentarme, hablar, escuchar y, solo cuando durante la convivencia se ha establecido un puente de confianza mutua y respeto, preguntar si puedo sacar la cámara. El objetivo no es "llevarse" una foto del lugar, sino construir una imagen junto a ellos. Las cámaras y los micrófonos de este equipaje no son armas de explotación turística; son altavoces puestos al servicio de las personas más humildes del planeta. Consejos clave para el viaje Consejos clave antes y durante tu vuelta al mundo en bicicleta Si has llegado hasta aquí, ya tienes las bases teóricas de lo que implica este viaje. Sin embargo, cuando estás sobre el terreno, la diferencia entre una jornada inolvidable y un día de absoluta frustración radica en los pequeños detalles. A modo de resumen ejecutivo, he recopilado mis reglas de oro en ruta . Considéralo una lista de verificación mental para repasar antes de dar la primera pedalada y para recordar cuando estés en mitad del camino: 1. Bicicleta y Equipamiento: Tu armadura técnica. El acero como aliado remoto: Si tu ruta incluye zonas aisladas o países en vías de desarrollo, opta por un cuadro de acero cromoly. Ante una fisura improbable, cualquier soldador de camiones o talleres agrícolas en mitad de África o Asia te lo podrá reparar. El aluminio o el carbono requieren soldadura especializada imposible de encontrar en ruta. Domina tu máquina: No salgas de casa sin saber arreglar un pinchazo, cambiar un eslabón de la cadena, sustituir pastillas de freno, cambiar cables o centrar un radio roto. La autonomía mecánica es tu mayor tranquilidad. Optimiza el binomio Alforjas/Bikepacking: Elige el sistema según el tipo de terreno por el que principalmente vas a pedalear. Si vas a salirte mucho del asfalto, el bikepacking compacta el peso, evita que la bici "cocee" y reduce drásticamente el desgaste por vibración. Los tres salvavidas inesperados: Lleva siempre un rollo de cinta americana (repara desde una alforja rota hasta la tela de tu tienda de campaña), varias bridas de plástico para fijar temporalmente alguna pieza rota, e instala al menos un espejo retrovisor en tu manillar. Este último detalle no es estética: te salvará la vida al avisarte de camiones u otros vehículos que se aproximan por detrás. Si puedes llevar dos, mejor que uno. 2. Planificación y Logística: Moverse con inteligencia. El clima manda, tú obedeces: Diseña tu ruta esquivando en la medida de lo posible los monzones, las temporadas de lluvias extremas y los inviernos de alta montaña. Forzar el cuerpo bajo condiciones climáticas insoportables solo te llevará al agotamiento temprano. Burocracia anticipada: Muchos visados son un dolor de cabeza o imposibles de tramitar en fronteras terrestres. Utiliza herramientas fiables como passportindex.org para chequear en tiempo real los requisitos de entrada de cada nacionalidad antes de aproximarte al límite del país. La discreción es seguridad: Distribuye tu dinero en efectivo en diferentes bolsas y escondites de la bicicleta. Un consejo de oro: intenta no abrir tus alforjas principales cuando estés rodeado de multitudes curiosas . Si necesitas sacar algo, hazlo en un lugar tranquilo antes de llegar a los núcleos urbanos. Seguridad digital en redes: Por tu propia protección, nunca publiques tu localización exacta en tiempo real ni la ruta exacta que tomarás al día siguiente en tus redes sociales. Ve con un desfase de unos días en tus publicaciones públicas. 3. Preparación Física y Salud: Cuida el motor. Entrenamiento progresivo: No empieces el viaje pedaleando 100 kilómetros con la bici cargada. Las semanas previas, haz salidas cortas aumentando el peso de las alforjas de forma muy progresiva para que tus tendones, rodillas y músculos se adapten al lastre. Hidratación obligatoria: Bebe agua de forma constante, incluso cuando no sientas sed. Cuando el cuerpo te pide agua en ruta, ya estás en las primeras fases de la deshidratación, lo que destruirá tu rendimiento físico. Salud preventiva: Lleva tu cartilla de vacunación internacional al día según las exigencias sanitarias de cada continente y carga siempre con un botiquín básico de primeros auxilios enfocado en desinfección, curas y problemas estomacales. 4. Psicología en Ruta: La mentalidad del Proyecto Voice. La flexibilidad como religión: Mantén una actitud abierta al cambio. Si una frontera se cierra, el clima empeora o la bicicleta se rompe, acéptalo como parte de la aventura. No te obsesiones con los kilómetros diarios ; las vueltas al mundo no son una carrera de velocidad, son pruebas de resistencia y adaptabilidad. El idioma de la empatía: Antes de cruzar una frontera, haz el esfuerzo de aprender al menos cinco palabras básicas en el idioma local: Hola, Gracias, Por favor, Bicicleta y Agua. Un "gracias" en la lengua nativa abre más puertas que todo el dinero del mundo. Honra la hospitalidad: Agradece siempre la generosidad de la gente. En muchísimas culturas, que un desconocido te invite a su mesa o te ofrezca su techo es el mayor honor que pueden concederte; rechazar una invitación sin un motivo de peso puede resultar profundamente ofensivo. Déjate cuidar y escucha sus historias Preguntas frecuentes FAQ Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre el gran viaje por el mundo en bicicleta A lo largo de los nueve años que llevo pedaleando por el planeta , hay una serie de dudas que se repiten constantemente en los correos que recibo, en las charlas a ras de suelo y en los encuentros con otros viajeros. Para cerrar esta guía completa, he recopilado las preguntas más frecuentes respondiéndolas sin rodeos, combinando los datos técnicos que hemos visto a lo largo del texto con las vivencias más humanas de mi propia ruta. ¿Cuánto cuesta dar la vuelta al mundo en bicicleta? El coste es totalmente elástico y depende de tu estilo de vida. Como desglosamos en la sección de presupuesto, un enfoque de acampada libre y cocina propia puede rondar los 100 USD al mes en regiones económicas. Un viaje con mayor equilibrio entre acampada y hostales oscila entre los 300 y 500 USD al mes , mientras que un viaje de total confort supera los 1.000 USD mensuales . Lo importante es entender que el dinero no debe ser la barrera para arrancar. ¿Cómo financiarse mientras viajas en bicicleta? En mi caso particular, el viaje se financia de una forma directamente ligada a mi profesión y a mi propósito. Vendo algunas de las fotografías que tomo en la ruta a través de la tienda solidaria de mi página josebaetxebarria.com . Además, este mecanismo tiene un motor social: el 50% de la venta de cada fotografía lo destino íntegramente a Alas para el futuro , un proyecto de educación infantil en Camboya del que soy fundador y financiador. Asimismo, el Proyecto Voice cuenta con el apoyo de seguidores comprometidos que realizan pequeñas donaciones voluntarias para mantener el altavoz encendido. ¿Qué bicicleta es la mejor para dar la vuelta al mundo? No existe una bicicleta perfecta universal, sino la adecuada para tu plan de viaje. El precio medio de una buena montura oscila entre los 2.000 y 3.000 USD . Para un viaje enfocado en asfalto y velocidad, una de aluminio de 29" es ideal. Sin embargo, para la aventura pura de exploración y caminos rotos, recomiendo un cuadro de acero cromoly (como mi actual Surly Bridge Club con transmisión Shimano Deore 1x11), ya que el acero absorbe mejor los impactos y se puede soldar en cualquier taller mecánico del tercer mundo. ¿Qué llevar en las alforjas para un largo viaje en bicicleta? La premisa es el minimalismo extremo para no castigar las piernas. Tu equipaje debe contener un sistema de acampada fiable de tres estaciones (como la MSR Elixir 2), un saco para temperaturas bajo cero, una colchoneta aislante, ropa técnica versátil para usar por capas (invierno/verano), herramientas de autosuficiencia y un filtro de agua. En mi caso, añado el equipo profesional de fotografía y el dron para cumplir con la labor documental del proyecto. ¿Qué herramientas básicas se necesitan para cicloturismo de larga distancia? Debes llevar un kit que te permita solucionar de forma autónoma el 90% de las averías en zonas remotas. Esto incluye una herramienta multiusos con tronchacadenas , desmontables, bomba de aire, llave de radios, parches, cámaras de repuesto, eslabones rápidos, cables de repuesto, pastillas de freno y tres elementos que salvan vidas: cinta americana para reparaciones de emergencia, bridas de plástico para fijar temporalmente alguna pieza rota, y un espejo retrovisor en el manillar para controlar el tráfico trasero. ¿Cuánto tiempo se tarda en dar la vuelta al mundo en bicicleta? Depende por completo de tu filosofía. Un enfoque deportivo o con límite de tiempo puede cubrir los continentes en 1 o 2 años . Un viaje de inmersión cultural suele requerir entre 3 y 5 años . Por último, cuando entiendes el viaje como una escuela y una forma de vida —como es mi caso, que llevo nueve años en ruta y calculo que me quedan otros tantos —, la duración pasa a ser indefinida. ¿Cuántos kilómetros se pueden recorrer por día en bicicleta en un viaje por el mundo? Mi media diaria suele oscilar entre los 50 y los 100 kilómetros . Todo depende del desnivel, del viento en contra, de la fatiga acumulada o de si decido detenerme por completo durante unos días para convivir y documentar la situación de alguna familia vulnerable. Como anécdota, mi "récord" personal está en 182 kilómetros en una sola jornada , una paliza física que me vi obligado a dar porque mi visado de La India caducaba esa misma noche y necesitaba cruzar urgentemente la frontera de Nepal. ¿Cómo cruzar océanos y continentes con una bicicleta? Aunque la esencia del viaje es terrestre, la geografía y la geopolítica imponen sus reglas. Cuando toca cambiar de continente o cuando te deniegan el visado para un país intermedio y no hay alternativa, toca dar un "salto". No es un proceso agradable tener que desmontar la bicicleta, proteger los componentes y empaquetarlo todo, pero las únicas opciones viables para estos tramos son el avión o las rutas marítimas en barcos de carga o ferris. ¿Es seguro viajar en bicicleta por el mundo? Rotundamente sí. El mundo es un lugar infinitamente más hospitalario de lo que muestran los informativos; la inmensa mayoría de las personas son buenas y saldrán a ayudarte. No obstante, el riesgo cero no existe. En mis más de ocho años de pedaleo he tenido dos percances muy graves: En Sierra Leona (África): Fui retenido y sometido a 33 interrogatorios en diferentes comisarías de policía bajo acusaciones infundadas de terrorismo, una experiencia durísima de la que salí bastante mal parado psicológica y físicamente (tengo las crónicas detalladas en la sección de Blog/Noticias de mi web). En el Estado de Nayarit (México): Sufrí una brutal agresión por parte de un camionero en la carretera. Me costó estar tres días completamente inmovilizado, un bache donde la calidad humana local volvió a brillar, ya que el ayuntamiento del pueblo se hizo cargo por completo de mis gastos de alojamiento en un hotel hasta que pude recuperarme. ¿Qué visados se necesitan para un viaje en bicicleta de larga distancia? Necesitas un pasaporte con más de seis meses de validez y páginas libres suficientes, fotos de carné y el certificado internacional de vacunación contra la Fiebre Amarilla. Para planificar las fronteras, recomiendo usar la plataforma passportindex.org . Recuerda que muchos visados se pueden tramitar de forma electrónica (e-Visa), pero otros te obligarán a detenerte en las capitales de la ruta para solicitarlos presencialmente en las embajadas. ¿Qué sucede si enfermas o te lesionas viajando en bicicleta? Es una de las situaciones de mayor vulnerabilidad. Yo personalmente viajo sin seguro de viaje privado debido al elevadísimo coste económico que supone renovar una póliza internacional año tras año de forma continuada; sin embargo, reconozco que es una herramienta fundamental si dispones de los recursos para cubrirla. Cuando el cuerpo falla en mitad de la nada, te toca parar, refugiarte en la tienda de campaña y abrazar la paciencia, confiando a menudo en la maravillosa solidaridad de las comunidades locales que siempre terminan tendiéndote la mano.

  • Hemeroteca: Proyecto Voice | Joseba Etxebarria

    Cobertura mediática del fotógrafo humanitario Joseba Etxebarria durante su vuelta al mundo en bicicleta. Historias reales y compromiso social: Proyecto Voice. HEMEROTECA JOSEBA ETXEBARRIA: PROYECTO VOICE Hemeroteca: El impacto del Proyecto Voice en los medios Esta sección reúne una selección de entrevistas, reportajes y coberturas mediáticas sobre el Proyecto Voice , la expedición humanitaria y artística que, desde el año 2010, me lleva a recorrer el planeta en bicicleta . A través de este viaje documental, he tenido la oportunidad de compartir en prensa escrita internacional y radio mi labor como fotógrafo humanitario , cuyo propósito principal es dar voz a los colectivos más vulnerables y visibilizar injusticias globales a través de la fotografía documental . Cada artículo y entrevista aquí recopilado refleja mi compromiso con la dignidad humana, la denuncia social y la documentación respetuosa de realidades sociales complejas, elementos que definen mi vuelta al mundo en bicicleta . Esta recopilación no solo documenta el recorrido geográfico de mi expedición , sino que pone en valor la importancia de la mirada fotográfica como herramienta de concienciación social.

  • Human gallery | Joseba Etxebarria | Fotografía Humanitaria | Vuelta al Mundo

    Human Gallery, en Camboya, es una galería de fotografía humanitaria y documental fundada por el fotógrafo español Joseba Etxebarria y gracias al Proyecto Voice. HUMAN GALLERY GALERÍA DE FOTOGRAFÍA EN CAMBOYA Human Gallery: Un refugio de arte, conciencia y transformación Tras sufrir la rotura del menisco de su rodilla izquierda en Costa de Marfil durante su épica vuelta al mundo en bicicleta con el Proyecto Voice (iniciada en España en 2010 y aún activa en 2026 ), el fotógrafo humanitario y documental Joseba Etxebarria se ve obligado a hacer una parada temporal en Camboya antes de tiempo, ya que la idea inicial era hacerlo una vez finalizada su expedición por el mundo. Lo hizo movido por un profundo sentido de responsabilidad hacia la infancia, especialmente hacia aquellos niños y niñas que sufren maltrato físico o abuso sexual; una realidad dolorosa que él mismo vivió en primera persona durante un eterno periodo de siete años, según comparte en su biografía . Convencido de que el arte y la empatía son dos poderosas herramientas para inspirar un cambio social, el 15 de junio de 2017 fundó Human Gallery en la ciudad de Battambang. Más que una galería de arte , nació como un santuario para dar voz a los sin voz , un lugar de encuentro donde Joseba no solo exponía sus capturas, sino también las conmovedoras historias humanas detrás de cada rostro, de cada mirada inmortalizada durante su incesante expedición. Un rincón del mundo que, hasta la fecha, ha dado la bienvenida a más de 58.000 viajeros de todos los rincones del planeta. Fotografía con propósito: Financiando la educación La esencia de Human Gallery va mucho más allá de la contemplación visual. Desde sus inicios, la galería ha sido el motor principal para gestionar y financiar el proyecto de educación Alas para el futuro , un programa vital a través del cual protegemos y garantizamos el acceso a los estudios de siete niñas y dos niños en la provincia de Battambang, Camboya. A raíz del cierre temporal de la galería física el 24 de agosto de 2025 —debido a la compleja situación del conflicto armado y el cierre de fronteras entre Tailandia y Camboya—, Joseba ha asumido de forma personal la gestión y financiación directa de este programa para que la educación de estos menores siga su curso. Cómo puedes ser parte del cambio El 24 de agosto de 2025, Human Gallery se trasladó temporalmente a este espacio virtual. Cada fotografía expuesta en este porfolio digital, no solo pretende generar conciencia y documentar la belleza y resiliencia humana que Joseba también plasma en su guía de viaje y blog , sino que tiene un impacto real en el mundo: El 50% de la venta de cada fotografía , así como la totalidad de las donaciones recibidas, se destinan íntegramente a mantener activo el programa educativo Alas para el futuro . Al adquirir una de estas obras, no solo te llevas un pedazo de historia capturada en un rincón del planeta; te conviertes en el motor que impulsa la educación y el mañana de un niño o de una niña en Camboya. 📢 Actualización Importante (Aviso a nuestra comunidad) Debido al conflicto armado existente y al repentino cierre de fronteras entre Tailandia y Camboya acontecido en junio de 2025, y aún activo en 2026, Human Gallery se vio obligada a cerrar sus puertas físicas temporalmente el 24 de agosto de 2025 . Nuestra estructura en Battambang espera pacientemente tiempos mejores, pero nuestra misión en Camboya sigue totalmente activa a través del proyecto de educación infantil Alas para el futuro . Te invitamos a descubrir lo que ha significado Human Gallery para miles de personas leyendo las opiniones que algunos de nuestros visitantes dejaron en Google o TripAdvisor . SALA PRINCIPAL En la sala principal de la galería es donde se recibe a los visitantes y se les explica el por qué de los proyectos, y donde compartimos las historias que guardan las fotografías. ESPACIO INFORMATIVO En la planta baja, un pequeño rincón muestra varias fotografías y textos explicativos sobre la vuelta al mundo en bicicleta de Joseba. PLANTA SUPERIOR La mayoría de las visitas son de viajeros que llegan cansados desde los famosos templos de Angkor Wat en Siem Reap, y en Human Gallery tenemos en cuenta este detalle. ESPACIO INFORMATIVO Espacio reservado para el Proyecto Voice: vuelta al mundo en bicicleta. Compartimos varios reportajes de prensa sobre la épica aventura de Joseba, aún activa a día de hoy. LAS FOTOGRAFÍAS Las fotografías de gran tamaño cuelgan de cadenas que pretenden simbolizar la esclavitud moderna a la que están sometidos millones de humanos. LA BIENVENIDA Es importante que los viajeros se sientan cómodos y relajados, así que, como bienvenida, siempre damos la opción de degustar el típico vino de arroz camboyano.

  • Cómo apoyar mis proyectos de fotografía humanitaria | Joseba Etxebarria

    Descubre cómo colaborar con el Proyecto Voice de vuelta al mundo en bicicleta y el programa infantil Alas para el futuro en Camboya. Tu apoyo humano o económico suma. CÓMO APOYAR ALAS PARA EL FUTURO Y PROYECTO VOICE UN PROYECTO DE VIDA Me llamo Joseba Etxebarria y soy fotógrafo humanitario y documental. En el año 2010 inicié en España el gran reto de dar la vuelta al mundo en bicicleta: Proyecto Voice , y en 2026 aún continúa activa . El alma del Proyecto Voice es simple pero profunda: llegar hasta las comunidades que el mundo parece haber olvidado, convivir con ellas para comprender su realidad y, desde el más absoluto respeto, darles voz a través de esta ventana digital. Una labor ardua, pero mágica. Años más tarde, en 2017, fundé Human Gallery en Camboya, un espacio nacido para dar visibilidad a todas esas almas atrapadas en el anonimato. Desde allí gestionamos y financiamos Alas para el futuro , nuestro programa de educación infantil en la provincia de Battambang (Camboya), que brinda protección, apoyo y futuro a niñas y niños que han sufrido abuso sexual o maltrato familiar. La venta de mis fotografías y las donaciones de personas como tú, sostienen el proyecto infantil Alas para el futuro y el Proyecto Voice . Sin embargo, existen otras formas de colaborar y que van más allá de lo económico. Aquí te detallo cómo puedes sumarte a este viaje: COMPRA DE FOTOGRAFÍAS Adquirir una obra no es solo llevarte una historia a casa para que te acompañe en tu día a día (algo que me hace profundamente feliz); es un acto de apoyo directo: El 50% de la venta se destina a la educación de los niños y niñas en Camboya a través de Alas para el futuro . El 50% restante financia la logística y continuidad del Proyecto Voice de vuelta al mundo en bicicleta. "Cada fotografía vendida no solo genera conciencia; impulsa los proyectos y transforma vidas." Al pulsar sobre cualquier imagen de mi portfolio de fotografía , verás sus detalles: el nombre de la persona , el país, disponibilidad, precio, medidas y si su historia ya está publicada en la sección Blog | Noticias . Si deseas apoyar esta opción, los pasos son muy sencillos: Accede al portfolio . Explora las diferentes series fotográficas. Elige tu fotografía y apunta su [Título / Referencia] o haz una captura de pantalla. Escríbeme un correo indicando el nombre de la foto, el país, la sección a la que pertenece y las medidas en las que te gustaría recibirla impresa. El pago se realiza mediante transferencia bancaria. Puedes ver todos los detalles técnicos y económicos en los siguientes enlaces: DATOS TRANSFERENCIA ➜ VER PORTFOLIO FOTOGRÁFICO ➜ DONACIÓN ALAS PARA EL FUTURO: EDUCACIÓN Si quieres apoyar nuestro proyecto Alas para el futuro e implicarte directamente en el futuro de nuestras niñas y niños de Battambang, en Camboya, tu donación es un salvavidas para nuestro programa educativo. Puedes hacerlo de dos forma: A través de TransferGo: Tu apoyo llega íntegro y en apenas unos minutos. (Por favor, indica como concepto: "Proyecto Alas para el futuro"). Transferencia bancaria directa: Puedes realizar el ingreso en los datos de cuenta que encontrarás en este apartado . Indica: Concepto: "Proyecto Alas para el futuro" . 📌 Nota importante: PayPal no opera actualmente en Camboya , por lo que las dos opciones indicadas son las vías más seguras y efectivas. APOYO PROYECTO VOICE: VUELTA AL MUNDO Si lo que te mueve es impulsar el viaje, la ruta en bicicleta y la documentación de nuevas realidades humanas, puedes apoyar la sostenibilidad del Proyecto Voice mediante estas vías: A través de TransferGo: Una forma rápida y sin intermediarios de hacer llegar tu aportación. (Concepto: "Proyecto Voice"). Transferencia bancaria directa: Tienes todos los datos de la cuenta detallados en este apartado . Indica: Concepto: "Proyecto Voice" . Nota importante: Si el apoyo recibido no indica expresamente que es para el Proyecto Voice, automáticamente se aportará al proyecto de educación en Camboya Alas para el futur o . OTRAS FORMAS DE COLABORAR (SIN DINERO) COLABORACIÓN PRENSA Si trabajas en un medio de comunicación, revista documental, de viajes o sector social, y consideras que mi testimonio, las historias del viaje o mi archivo fotográfico, pueden aportar valor a tus lectores, hablemos. Estoy completamente abierto a colaboraciones puntuales o periódicas. Contacta conmigo ➜ COMPARTE EN RRSS Un gesto tan simple como un clic tiene un alcance enorme. Compartir el enlace de esta web, los artículos del blog o las historias de mis fotografías con tus amigos y familiares por correo, WhatsApp, Facebook, Instagram o X (Twitter), nos ayuda a romper el algoritmo y llegar a más corazones. ENTREVISTA Y REPORTAJE ¿Gestionas un podcast, una web de fotografía, un blog de viajes o formas parte de una ONG? Si crees que una entrevista o un reportaje conjunto puede inspirar a tu comunidad, no dudes en escribirme. Seguro que encontramos la forma de crear algo bonito e interesante. Contacta conmigo ➜ SÍGUEME EN RRSS Debo confesar que el mundo de las redes sociales no es santo de mi devoción; sin embargo, reconozco que usándose con cabeza y corazón son una buena herramienta para proyectos humanos como este. Si decides unirte y participar de forma constructiva y respetuosa, serás más que bienvenido a la comunidad.

bottom of page