Pandemia y resiliencia: Cuando tienes la certeza de continuar la vuelta al mundo en bicicleta | Camboya
- Joseba Etxebarria

- 22 oct 2020
- 6 min de lectura
Actualizado: 28 may
La Vuelta al mundo en bicicleta.
Recuerdo que unos días antes dábamos la bienvenida al 2020 en medio de una preocupación generalizada por la fuerte caída del turismo en Camboya, especialmente en Battambang. Las Navidades acababan de finalizar y llegaban las primeras noticias al país sobre un nuevo virus en China. Se hablaba de que ya había salido del gigante asiático y comenzaba a propagarse por los países vecinos. Incluso algunos decían que ya había entrado en Camboya.
—Casi todo lo que llega aquí lo hace desde China— les decía a Bunlang y otros amigos durante una cena en la que bromeaban con las toses.
La caída total del turismo y más de tres años de saturación de trabajo en Human Gallery, sumado al proyecto de educación, me invitaban a recordar que el problema físico que me había traído a Camboya antes de tiempo ya no era una excusa. Basándome en esto y en la intuición que tan buenos resultados me había dado durante los primeros cuatro años de viaje, decidí retomar la vuelta al mundo en bicicleta que me había visto obligado a paralizar tiempo atrás.
“¡Vamos a ello, Joseba!”, me repetía una y otra vez durante las horas siguientes, como si necesitara de una nueva aprobación interna para dar el paso.
Vuelvo a ver el mundo desde la bicicleta.

—Llevas años preocupándote más por la situación de otros que por la tuya y es momento de pensar un poco más en lo que tú necesitas. Para seguir haciendo algo por los demás, necesitas estar bien tú— son las dos frases que más me han repetido en el último año mis amigos más cercanos, esos que se han mantenido firmes también en los momentos complicados.
El cierre de una etapa y el engaño del distribuidor.
El uno de marzo llegaba el cierre de Human Gallery. Para ello necesité, entre otras cosas, encontrar un lugar especial donde las fotografías expuestas siguieran cumpliendo con su principal cometido: la sensibilización. Estaba claro que Pomme contaba con el espacio y la magia suficientes para recibirlas.
Hacía tiempo que Orbea me había confirmado que mi nueva bicicleta —en esta ocasión una MTB— llevaba ya semanas dentro de un contenedor marítimo con destino a Camboya y que llegaría a la tienda del distribuidor en unos días. Y llegó, pero para no variar en este país, la cosa se truncó. El distribuidor, después de muchos mensajes, me respondió indicándome que habían cometido un error y se la habían vendido a otra persona. Esto cambiaba la situación radicalmente. Pasaban los días y el distribuidor seguía empecinado en no responder a mis WhatsApp, faltando a su palabra de buscar una solución a su grave error.
Después de cinco años viviendo aquí, palpando y sufriendo el lamentable cambio en la mentalidad de la mayoría de sus gentes, estoy más que acostumbrado a esta forma de actuar, así que comencé a buscar una alternativa. En Camboya, el afán por generar y amasar la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible se ha convertido en la base de una gente a la que en su día admiré y apoyé en profundidad.
La fecha marcada en el calendario para el reinicio del viaje era el primero de junio. Aunque aún quedaba un tiempo para ello, la necesidad aumentaba y el tiempo apremiaba por el inminente cierre de fronteras. En uno de los muchos desplazamientos a la Embajada de España en Bangkok —ya que en Camboya no hay—, pude hacerme con las alforjas que necesitaba, pero me faltaba lo principal: la bicicleta.
El porqué de una Mountain Bike y el flechazo con Khmaw.
El día que tomé la decisión de reiniciar la vuelta al mundo, también decidí que, tras más de cuatro años de viaje sobre dos bicicletas híbridas, era el momento de hacerlo sobre una mountain bike. La experiencia adquirida me servía para saber que sobre una bici de touring uno no puede acceder a ciertos lugares (o sí, pero a duras penas). Yo quería adentrarme más, si cabe, en esos rincones de difícil acceso, que es donde principalmente suelen encontrarse las personas que salimos a buscar en este viaje.
Visita a una tienda de bicicletas en Battambang, mensajes a otras tres en Phnom Penh, una nueva tienda en la ciudad... y seguía sin encontrar a mi nueva compañera de viaje. Todas eran de tallas pequeñas y precios desorbitados que yo no podía pagar, ya que llevaba tres años destinando mensualmente a los niños de nuestro proyecto de educación la mayor parte de mis ingresos.
Pero en uno de esos días en los que los astros se alinean, en los que uno hace un alto, se serena y desbloquea la cabeza, recordé que en la ciudad había una empresa de tours en bicicleta cuyo propietario conocía y que, aun siendo de segunda mano, podía disponer de la compañera que necesitaba. La rápida propagación del Covid-19 ya había animado al gobierno camboyano, al tailandés, al laosiano y al vietnamita al cierre de sus fronteras sin previo aviso. Estábamos bloqueados.
Conocí a 'la negra' en la primera visita que le hice al amigo de Soksabike. Fue un amor a primera vista.

Khmaw estaba junto a su hermana gemela, siendo las últimas de una hilera de catorce bicicletas dentro del taller mecánico. Estaban arrinconadas, como si nadie las tuviera en cuenta, a pesar de resaltar sobre el resto por su especial altura. La talla XL era la que buscaba desde el inicio y la culpable de no haberla encontrado antes. Tocaba decidir cuál de las dos hermanas pasaría a formar parte de esta maravillosa historia. Aunque las dos tenían la misma edad, Khmaw contaba con una serie de roces en el cuadro que me animaron a decidirme por ella.
—Esta tiene más experiencia— me dije convencido.
Y junto a ella salí al exterior. Estaba tan seguro de mi elección que mi revisión fue bastante más breve que la que los técnicos le hicieron; de hecho, mis tactos eran más una caricia que un control. Un par de vueltas a la manzana, más por cumplir que por otra cosa, y directos a casa. Los doscientos dólares del precio de salida se quedaron en ciento ochenta.
Ingenio, soldaduras rudas y listos para la ruta.
Ahora, ya más sosegado, tocaba buscarle unos portabultos y mejorar ese manillar que se me hacía difícil de dirigir. Lo más importante es que en esta ocasión los astros se habían acordado de nosotros y nos brindaban a Khmaw y a mí la oportunidad de revivir compartiendo una vida. O al menos una parte de ella.
Era obvio que en Camboya, o al menos en Battambang, iba a ser imposible localizar un manillar de mariposa y unos portabultos capaces de cargar tanto peso, así que tocaba ingeniárselas para fabricar ambos. En esta ciudad no son muy dados al aluminio; a ellos les gusta más lo rudo, el hierro, y los pocos talleres que hay no suelen aceptar trabajos tan especiales.
Tres años atrás, con la preparación y decoración de Human Gallery, había contratado a una empresa de soldadura de hierro para ciertos detalles, así que me dirigí a ellos. Les presenté el croquis del manillar y del portabultos delantero que previamente había dibujado y detallado con medidas, y aceptaron el trabajo. Aproveché el momento para tomar un café y mirar otros elementos necesarios para completar mínimamente a Khmaw.
Cinco horas después regresé al taller y me encontré con un manillar válido para pilotar un avión Antonov, pero no una bicicleta. Una vez más se habían equivocado, y una vez más tocaba pagar íntegra la equivocación. Camboya también es especial para esto.
Me había quedado sin dinero al destinarlo todo a seguir cubriendo la escolarización de los niños beneficiarios de nuestro proyecto de educación Alas para el futuro, pero disponía de lo elemental para volver a emprender una aventura así: pasión, motivación, ilusión, energía, los astros mirándonos de reojo, mi nueva-vieja compañera mejorada hasta en el color y un manillar capaz de soportar muchos kilos de bananas.
Todo listo para el nuevo desafío. Seis de la mañana del 2 de junio de 2020: estamos en ruta. Eso sí, en plena pandemia.

Este viaje no lo hago solo: tú también formas parte de la ruta.
Viajar en bicicleta por el mundo documentando la falta de incumplimiento de los Derechos Humanos, es una aventura maravillosa, pero también está llena de imprevistos, averías mecánicas, problemas de salud y desafíos económicos que ponen a prueba nuestra resistencia. Este proyecto se gestiona de forma totalmente independiente y sale adelante gracias al corazón y la solidaridad de personas como tú.
Si este relato te ha tocado el alma y quieres aportar tu granito de arena para que Khmaw y yo podamos seguir sumando kilómetros y dando voz a quienes no la tienen, te invito a colaborar con el proyecto. Cada pequeña ayuda nos mantiene en movimiento.
Infórmate sobre cómo puedes apoyarnos.
¡Gracias por pedalear a nuestro lado!








