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Preparativos y reinicio de la vuelta al mundo | Camboya



Recuerdo que unos días antes dábamos la bienvenida al 2020 en medio de una preocupación generalizada por la fuerte caída del turismo en Camboya, especialmente en Battambang. Las Navidades acababan de finalizar y llegaban las primeras noticias al país sobre un nuevo virus en China. Se hablaba de que ya había salido del gigante asiático y comenzaba a propagarse por los países vecinos. Incluso algunos decían que ya había entrado en Camboya. "Casi todo lo que llega aquí lo hace desde China", les decía a Bunlang y otros amigos durante una cena en la que bromeaban con las toses.


Llevaba meses dándole vueltas a la cabeza. La caída del turismo, más de dos años y medio de saturación de trabajo en Human Gallery, sumado al proyecto de educación y especialmente a la descomunal lucha personal por recuperar a Iker, me invitaban a recordar que el problema físico que me había traído a Camboya antes de tiempo ya no era una excusa, así que basándome en esto y en la intuición que tan buenos resultados me había dado durante los primeros cuatro años de viaje, decidí retomar el proyecto que me había visto obligado a bloquear años atrás. ¡Vamos a ello Joseba! me repetía una y otra vez durante las horas siguientes, como si necesitara de una nueva aprobación para dar el paso.


Khmaw es mi tercera compañera en la vuelta al mundo

"Llevas años preocupándote más por la situación de otros que por la tuya y es momento de pensar un poco más en lo que tú necesitas". "Para seguir haciendo algo por otros necesitas estar bien", son las dos frases que más me han repetido en el último año las amigas y amigos más cercanos, esos que se han mantenido también en los momentos complicados.


El uno de marzo llegaba el cierre de Human Gallery. Para ello necesité, entre otras cosas, de un lugar especial donde las fotografías expuestas en ésta siguieran cumpliendo con su principal cometido: sensibilización. Estaba claro, Pomme contaba con el espacio y magia suficientes para recibirlas.


Hacía tiempo que Orbea me había confirmado que mi nueva bicicleta, en esta ocasión una MTB, llevaba ya tiempo dentro de un contenedor marítimo con destino a Camboya y que llegaría a la tienda del distribuidor en unos días. Y llegó, pero para no variar en este país, la cosa se truncó. El distribuidor, después de muchos mensajes, me responde indicándome que habían cometido un error vendiendo mi bicicleta a otra persona, lo que cambiaba la situación radicalmente. Pasaban los días y el distribuidor seguía empecinado en no responder a mis whatsapp, faltando a su palabra de buscar una solución a su grave error. Después de cinco años viviendo en este país, palpando y sufriendo el lamentable cambio en la mayoría de sus gentes, estoy más que acostumbrado a esta forma de actuar, así que comencé a buscar una alternativa.


En Camboya, el afán por generar y amasar la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible, se ha convertido en la base de una gente a la que admiré y apoyé en profundidad.

La fecha marcada en el calendario para el reinicio del viaje era el primero de junio y aunque aún quedaba un tiempo para ello, la necesidad aumentaba y el tiempo apremiaba por el inminente cierre de fronteras.


En uno de los muchos desplazamientos a la Embajada de España en Bangkok -en Camboya no hay- para tramitar la nacionalidad española de Iker -escribiré un post especial para contar mi situación con él-, pude localizar y comprar las alforjas que necesitaba, pero me faltaba lo principal: la bicicleta.


El día que tomé la decisión de reiniciar la vuelta al mundo, también decidí que después de más de cuatro años de viaje sobre dos bicicletas híbridas era el momento de hacerlo sobre una mountain bike. La experiencia adquirida también me sirve para saber que sobre una touring uno no puede acceder a ciertos lugares, o sí pero a duras penas, y yo quería adentrarme, más si cabe, a esos rincones de difícil acceso.


Visita a una tienda de bicicletas en Battambang, mensajes a otras tres en Phnom Penh, nueva tienda en la ciudad y seguía sin encontrar a mi nueva compañera de viaje. Todas con tallas pequeñas y precios desorbitados que yo no puedo pagar -tres años destinando mensualmente a otros la mayor parte de mis ingresos-, hasta que en unos de esos días en los que los astros se alinean, que uno hace un alto, se serena y desbloquea la cabeza, recordaba que en la ciudad hay una empresa de tours en bicicleta, que conozco al propietario y que, aún siendo de segunda mano, puede disponer de la compañera que necesito.


La rápida propagación del Covid-19 ya había animado al gobierno camboyano, al tailandés, laosiano y vietnamita, al cierre de sus fronteras sin previo aviso. Estábamos bloqueados.

Conocí a 'la negra' en la primera visita que le hice al amigo de Soksabike. Fue un amor a primera vista.


Khmaw estaba junto a su hermana gemela, las últimas de una hilera de catorce bicicletas dentro del taller mecánico. Estaban arrinconadas, como si nadie las tuviera en cuenta aún resaltando sobre el resto con su especial altura. La talla XL era la que buscaba desde el inicio y la culpable de no haberla encontrado antes. Tocaba decidir cuál de las dos hermanas pasaría a formar parte de esta maravillosa historia. Aunque las dos tenían la misma edad, Khmaw contaba con una serie de roces en el cuadro que me animaron a decidirme por ella. "Ésta tiene más experiencia", me dije convencido. Y junto a ella salí al exterior. Estaba plenamente convencido, así que mi revisión fue bastante más breve que la que los técnicos le hicieron. De hecho, mis 'toquiteos' eran más una caricia que un control. Un par de vueltas a la manzana, más por cumplir que por otra cosa, y los dos juntos para casa. Los doscientos dólares del precio de salida quedaron en ciento ochenta. Ahora, ya más sosegado, tocaba buscarle unos portabultos y mejorar ese manillar que se me hacía difícil de dirigir. Lo más importante es que en esta ocasión los astros se habían acordado de nosotros y nos brindaban a Khmaw y a mí la oportunidad de revivir compartiendo una vida. O al menos una parte de ella.


Era obvio que en Camboya, o al menos en Battambang, iba a ser imposible localizar un manillar de mariposa y unos portabultos capaces de cargar tanto peso, así que tocaba ingeniárnolas para idear ambos. En esta ciudad no son muy dados al aluminio, a ellos les gusta más lo rudo, y los pocos que hay no aceptan trabajos tan especiales.


Tres años atrás, con la preparación-decoración de Human Gallery, había contratado a una empresa de soldadura de hierro para ciertos detalles en ésta, así que ante la negativa de las del sector del aluminio, me dirigí a ellos, les presenté el croquis del manillar y portabultos delantero que previamente había dibujado y detallado con medidas, y aceptaron el trabajo. Momento para tomar un café y mirar otros elementos necesarios para completar mínimamente a Khmaw. Cinco horas después regreso al taller y me encuentro con una manillar válido para pilotar un Antonov, pero no una bicicleta. Una vez más se habían equivocado y una vez más tocaba pagar íntegra la equivocación. Camboya también es especial para esto.


Me había quedado sin dinero y contaba con un material básico, pero disponía de lo elemental para volver a emprender una aventura así: pasión, motivación, ilusión, energía, a los astros mirándonos de reojo, a mi nueva-vieja compañera mejorada hasta en el color y un manillar capaz de soportar muchos kilos de bananas. Todo listo para el nuevo desafío.



Seis de la mañana del 2 de junio de 2020, estamos en ruta. Eso sí, en plena pandemia.


En ruta por Camboya

NOTA INFORMATIVA

Hay diferentes maneras de apoyarnos y ni mucho menos todas son económicas. En este enlace detallo cuáles son y los pasos a seguir en base a la decisión que pudieras tomar. Leerlas no te va a llevar más de tres minutos. ¡Ánimo con ello!
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