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Al amanecer, una nueva oportunidad: El mundo en bicicleta | Camboya

  • Foto del escritor: Joseba Etxebarria
    Joseba Etxebarria
  • 11 nov 2020
  • 6 min de lectura

Actualizado: 28 may


La situación por la pandemia es complicada en todo el mundo, pero, a mi parecer, aquellos que nos encontramos lejos "de casa" vivimos este momento con un grado extra de preocupación. La falta de información o la dificultad para localizar fuentes válidas complican bastante cualquier decisión sobre qué, cuándo y cómo actuar.


Ante las noticias que circulaban desde hacía un tiempo por Camboya sobre una posible expulsión de los extranjeros bloqueados en el país, el pasado domingo escribí un correo a la embajada de España en Bangkok solicitando información. A primera hora de ayer recibía la respuesta:


“Camboya sigue extendiendo de manera automática y gratuita los visados de los extranjeros, hasta nueva orden. En caso de que cambie la situación informaremos en nuestra web y en redes sociales. Seguimos a su disposición para cualquier otra cosa que necesite”, decía textualmente el correo.

Seguimos lidiando con la infección, pero estamos descansados, preparados para lo que venga y más tranquilos con esta noticia.


La primera semana de septiembre, Khmaw y yo completábamos la vuelta a Camboya en este reinicio de la vuelta al mundo. Ilusos nosotros, guiados por los rumores de entonces, esperábamos la pronta apertura de la frontera terrestre de Tailandia, Laos o Vietnam.


Volvemos a la ruta. Volvemos a ver el mundo en bicicleta.


Amanecer en ruta en Camboya durante la vuelta al mundo en bicicleta del fotógrafo activista por los Derechos Humanos Joseba Etxebarria. Fotografía documental.
Un nuevo amanecer en Camboya.

Durante el primer mes de espera, pedaleamos al completo el norte de Camboya, bien pegados a la línea fronteriza con Tailandia, hasta llegar al protegido y deseado parque natural de Virachey. La razón principal para alcanzar la zona no era otra que acercarnos a los diferentes grupos étnicos asentados allí desde hace mucho tiempo y conocer de primera mano su situación. Durante los últimos años, estas comunidades viven sumidas en un intento de aplastamiento y continuo robo de tierras por parte de los "camboyanos originales", como se definen los locales de la provincia. Imagino que, como todo lo oscuro que sucede en este país, actúan arropados por el propio gobierno.


Por si fuera poco, la noticia de que el virus había entrado en el país en las mochilas de los extranjeros —más concretamente de los occidentales— había corrido como la pólvora, lo que dificultaba enormemente el contacto con los locales.


Sin mucho éxito en lo referente al contacto humano debido al recelo de la gente en la provincia de Ratanakiri, comenzamos a descender hacia el sur. Cruzamos el este de Camboya para llegar a Phnom Penh, su caótica capital. Javi, el Cónsul honorario español, nos esperaba en su casa con un gran desayuno y respuestas contundentes a mi consulta sobre las fronteras colindantes. Me aseguró que en breve los extranjeros con visado de turismo seríamos expulsados del país, tal y como tenía previsto hacer el gobierno tailandés.


El fotógrafo Joseba Etxebarria en ruta por Camboya durante su vuelta al mundo en bicicleta por los Derechos Humanos.
Eruta por el norte de Camboya.

Salimos de la capital sumidos en la preocupación, pero nos dirigíamos a la costa —que no a la playa— y confiaba en que el mar nos invitaría a verlo todo desde otro prisma. Era mediados de julio. 


En Kampot nos esperaba Rafa, un fiel seguidor convertido en hermano de corazón. Cuando uno viaja por el mundo a corazón abierto, con una razón de peso detrás (o delante) y montado sobre una bicicleta con todo lo que ello implica, necesita comprensión, apoyo y, por qué no decirlo, unas dosis de cariño; más aún cuando sabe que su cuerpo se está haciendo mayor, que no su alma.


De Rafa recibí todo eso, además de un aprendizaje en diferentes campos que a buen seguro algún exprofesor hubiera deseado conseguir de mí.


—No eres consciente de lo mucho que estás haciendo por mí y por el proyecto, pero llegará el día —le repetí en varias ocasiones.


Un abrazo, hermano. Siempre. Estés donde estés, lo necesites o no.  


Línea de frontera entre Camboya y Tailandia en el norte del país. La vuelta al mundo en bicicleta a favor de los Derechos Humanos. Joseba Etxebarria.
Línea de frontera con Tailandia en el norte de Camboya

Gracias al bueno de Noel, otro hermanazo de corazón, Khmaw obtuvo las reparaciones que le urgían y se veía con energía para rodar entre montañas y volver a sentir esa tierra roja. Los años también le sirven a ella para atesorar experiencia y entender la necesidad de aquel alto junto a Rafa. Durante veintiocho días permaneció allí a la espera, en silencio, con la certeza de que estábamos en el lugar adecuado.


Y volvimos a la ruta siguiendo la línea de costa sin llegar a palpar el Mar Meridional de China. Nuestro destino era Koh Kong. La idea no era otra que un par de noches de acampada en la playa para descansar antes de acometer la cordillera de los Cardamomos, pero coincidimos con la celebración del Año Nuevo Khmer y la zona estaba infestada de turistas locales.


El fotógrafo Joseba Etxebarria en ruta por la Cordillera de Cardamomo, en Camboya, durante su vuelta al mundo en bicicleta por los Derechos Humanos.
Iniciamos la ascensión a la Cordillera de Cardamomo, en el sur de Camboya.

Iniciamos la ascensión con los primeros avisos de una muela en malas condiciones. Por delante nos esperaban, como mínimo, dos días de constante subida por una estrecha pista en medio de una selva que, por olor y espesura, me recordaba a la del norte de Sierra Leona.


Creo que nunca olvidaré aquella primera noche de acampada. El sonido de las grandes gotas de lluvia sobre la tienda de campaña y la espesa vegetación, sumado a las lágrimas de dolor, consiguieron que viviera cada minuto como una hora y cada hora como una eternidad. Todo lo pensado y sufrido aquella noche bien merece un espacio especial en ese libro que tantas veces me han solicitado y aconsejado escribir.


Como pudimos, llegamos a la pagoda de Ou Saom, un pequeño pueblo en la alta planicie de la cordillera. Allí nos esperaban los monjes y una retahíla de medicamentos locales que, como por arte de magia, consiguieron bajar dos días después el flemón con el que nos habíamos despertado.


Habíamos alcanzado la parte alta de los Cardamomos. La vida entendió que nos lo estaba poniendo demasiado difícil y nos regaló unos kilómetros de pedaleo —con flemón pero sin dolores— en medio de un entorno mágico complicado de describir. Un regalo que valoramos como merecía.


Sin embargo, nos habíamos quedado sin un freno, así que iniciamos el descenso caminando por la misma pista que nos había traído hasta allí, pero en esta ocasión sujetando la bicicleta en lugar de empujarla. Y tras muchos kilómetros en soledad, llegaron los primeros encuentros.


Joseba Etxebarria. Familia camboyana en la ruta por la cordillera de Cardamomo en Camboya. La vuelta al mundo en bicicleta a favor de los Derechos Humanos.
Un descanso en buena compañía.

Con un solo freno, pero ya en llano, cruzamos parte de las provincias de Pursat y Battambang hasta alcanzar la ciudad donde he pasado los últimos años y desde donde habíamos reiniciado el viaje casi tres meses atrás. Pasamos cuatro días en Battambang para visitar y repartir abrazos a los más queridos. También para lanzar un SOS privado a un grupo de amigos y amigas de la otra parte del mundo; mi situación económica así lo requería y rápidamente obtuve la ayuda necesaria para poder comer, reparar de nuevo a Khmaw y continuar la ruta hasta la ciudad de Siem Reap. Allí tenía pensado esperar a ver qué sucedía con la frontera de Tailandia o la posible expulsión de la que me había hablado Javi unas semanas atrás.


Joseba Etxebarria. En ruta por el suroeste de Camboya. La vuelta al mundo en bicicleta a favor de los Derechos Humanos.
En ruta por el suroeste de Camboya.

Llegamos a la ciudad de los famosos templos del Imperio Khmer, pero al día siguiente nos vimos obligados a regresar a Battambang por la grave infección que me ha tenido inmovilizado los últimos dos meses. Mi buen amigo Bunlang, con quien mantengo una relación de hermandad desde hace más de cinco años, se desplazó rápidamente hasta Siem Reap al verme en una fotografía que le envié. 


—Joseba, te voy a buscar y te quedas en mi hostel hasta que consigamos bajar esa infección, extraer la muela y Tailandia abra la frontera. No puedes estar en esas condiciones y solo— me propuso.


Han pasado dos meses de constantes visitas a médicos y dentistas, de saturación de medicamentos con nulos o escasos efectos, pero con la generosidad y atención de Bunlang como principales compañeras. Han sido dos meses de estudio y trabajo en la edición de mis fotografías, así como de organización y ampliación de las memorias escritas durante más de cuatro años de viaje.


Ha llegado el momento de volver a la ruta, aunque a mi gente le pueda más la preocupación que el llegar a entender que para mí es una cuestión de necesidad. El bueno de Bunlang me ha pedido que continúe en su hostel al menos hasta que la infección se haya dado por vencida y se pueda realizar la extracción, pero el camino llama.


Khmaw y yo ya estamos en ruta.


Este viaje no lo hago solo: tú también formas parte de la ruta.


Viajar en bicicleta por el mundo documentando los Derechos Humanos es una aventura maravillosa, pero también está llena de imprevistos, averías mecánicas, problemas de salud y desafíos económicos que ponen a prueba nuestra resistencia. Este proyecto se gestiona de forma totalmente independiente y sale adelante gracias al corazón y la solidaridad de personas como tú.


Si este relato te ha tocado el alma y quieres aportar tu granito de arena para que Khmaw y yo podamos seguir sumando kilómetros y dando voz a quienes no la tienen, te invito a colaborar con el proyecto. Cada pequeña ayuda nos mantiene en movimiento.


Infórmate sobre cómo puedes apoyarnos.


ACTUALIDAD: PROYECTO VOICE

La bicicleta surly de Joseba Etxebarria para su vuelta al mundo con sistema bikepacking

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Vuelta al mundo en bicicleta: Guía Completa

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