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Un amanecer es una nueva oportunidad | Camboya


La situación por la pandemia es complicada en todo el mundo, pero a mi parecer aquellos que nos encontramos lejos "de casa" vivimos este momento con un grado extra de preocupación. La falta de información o la dificultad para localizar la válida, complican bastante cualquier decisión sobre qué, cuándo y cómo hacer.

En base a las noticias que circulan desde hace un tiempo por Camboya sobre una posible expulsión de los extranjeros bloqueados en el país, el pasado domingo escribía un correo a la embajada de España en Bangkok solicitándoles información sobre este asunto y a primera hora de ayer recibía la respuesta.


"Camboya sigue extendiendo de manera automática y gratuita los visados de los extranjeros, hasta nueva orden. En caso de que cambie la situación informaremos en nuestra web y en redes sociales. Seguimos a su disposición para cualquier otra cosa que necesite", dice textualmente el correo.


Seguimos con la infección pero estamos descansados, preparados para lo que venga y más tranquilos con esta noticia.


Volvemos a la ruta.


Un nuevo amanecer en Camboya

La primera semana de septiembre Khmaw y yo completábamos la vuelta a Camboya en este reinicio de la vuelta al mundo. Ilusos nosotros, guiados por lo que entonces se escuchaba, esperábamos la pronta apertura de la frontera terrestre de Tailandia, la de Laos o Vietnam.


Durante el primer mes de espera pedaleamos al completo el norte de Camboya, bien pegados a la línea de frontera con Tailandia, hasta llegar al protegido y deseado parque natural de Virachey. La razón principal para alcanzar la zona no era otra que acercarnos a los diferentes grupos étnicos asentados en la zona desde hace mucho tiempo y conocer de primera mano la situación en la que se encuentran. Durante los últimos años viven sumidos en un intento de aplastamiento y continuo robo de tierras por parte de los camboyanos originales, como se definen los locales de la provincia. Imagino, como todo lo oscuro que sucede en este país, lo hacen arropados por el propio gobierno.


La noticia de que el virus había entrado en el país en las mochilas de los extranjeros, más concretamente de los occidentales, había corrido como la pólvora, lo que dificultaba enormemente el contacto con los locales.

Sin mucho éxito en lo referente al contacto humano, comenzamos a bajar hacia el sur.


Cruzamos el este de Camboya para llegar a Phnom Penh, su caótica capital. Javi, el Cósul honorario español, nos esperaba en su casa con un gran desayuno y respuestas contundentes a la consulta referente a la situación de las fronteras colindantes. Me aseguraba que en breve los extranjeros con visado de turismo seríamos expulsados del país, tal y como tenía previsto hacer el gobierno tailandés.


De la capital salimos sumidos en la preocupación, pero nos dirigíamos a la costa, que no a la playa, y probablemente el mar nos invitaría a verlo todo desde otro prisma. Era mediados de julio.


En Kampot nos esperaba Rafa, un fiel seguidor convertido en hermano de corazón.


Cuando uno viaja por el mundo a corazón abierto, con una razón de peso detrás, o delante, montado sobre una bicicleta con lo que ello implica, y si además sabe que su cuerpo se está haciendo mayor, que no su alma, cuanto menos necesita comprensión, apoyo y, por qué no decirlo, unas dosis de cariño.


De Rafa recibí todo ello, además de un aprendizaje en diferentes campos que a buen seguro algún ex profesor hubiera deseado conseguir de mí.


"No eres consciente de lo mucho que estás haciendo por mí y por el proyecto, pero llegará el día". Le repetí en varias ocasiones.

Un abrazo, hermano. Siempre. Estés donde estés, lo necesites o no.


Línea de frontera con Tailandia en el norte de Camboya

Gracias al bueno de Noel, otro hermanazo de corazón, Khmaw obtuvo las reparaciones que le urgían y se veía con energía para rodar entre montañas y volver a sentir esa tierra roja, pero los años también le sirven a ella para atesorar una experiencia y entender de la necesidad de aquél alto junto a Rafa. Durante veintiocho días allí permaneció a la espera, en silencio, con la certeza de que estábamos en el lugar adecuado.


Y volvimos a la ruta siguiendo la linea de costa sin llegar a palpar el Mar Meridional de China. Nuestro destino era Koh Kong. La idea no era otra que un par de noches de acampada en la playa para descansar antes de acometer la cordillera de Cardamomo, pero coincidimos con la celebración del nuevo año Khmer y la zona estaba infestada de turistas locales.


Iniciamos la ascensión con los primeros avisos de una muela en malas condiciones. Por delante, mínimo dos días de constante subida por una estrecha pista en medio de una selva que por olor y espesura me recordaba a la del norte de Sierra Leona.


Creo que nunca olvidaré aquella primera noche de acampada. El sonido de las grandes gotas de lluvia sobre la tienda de campaña y la espesa vegetación, sumado a las lágrimas de dolor, consiguieron que viviera cada minuto como una hora y cada hora como una eternidad. Aquella noche, todo lo pensado y sufrido durante, bien merece un espacio especial en ese libro que tantas veces me han solicitado y aconsejado escribir.


Como pudimos llegamos a la pagoda de Ou Saom, un pequeño pueblo en la alta "planicie" de la cordillera. Allí nos esperaban los monjes y una retahíla de medicamentos locales que, como por arte de magia, consiguieron bajar dos días después el flemón con el que nos habíamos despertado.


Habíamos alcanzado la parte alta de la Cardamomo. La vida entendió que nos lo estaba poniendo demasiado difícil y nos regaló unos kilómetros de pedaleo, con flemón pero sin dolores, en medio de un entorno mágico complicado de describir. Un regalo que valoramos como merecía.


Nos habíamos quedado sin un freno e iniciamos el descenso caminando por la misma pista que nos había traído hasta allí, pero en esta ocasión sujetando y no empujando. Y llegaron los primeros encuentros después de muchos kilómetros.


Un descanso en buena compañía

Con un solo freno, pero ya en llano, cruzamos parte de las provincias de Pursat y Battambang hasta alcanzar la ciudad donde he pasado los últimos años y desde donde habíamos reiniciado el viaje casi tres meses atrás.


Cuatro días en Battambang para visitar y repartir abrazos a los más queridos. También para lanzar un SOS privado a un grupo de amigos y amigas de la otra parte del mundo. Mi situación económica así lo requería y rápidamente obtuve la ayuda necesaria para poder comer, volver a reparar a Khmaw y continuar ruta hasta la ciudad de Siem Reap, donde tenía pensado esperar a ver qué sucedía con la frontera de Tailandia o la posible expulsión de la que me había hablado Javi unas semanas atrás.


Llegamos a la ciudad de los famosos templos del imperio Khmer, pero al día siguiente nos vimos obligados a regresar a Battambang por la grave infección que me ha tenido inmovilizado los últimos dos meses.


En ruta por el suroeste de Camboya

Mi buen amigo Bunlang, con quien mantengo una relación de hermandad desde hace más de cinco años, se desplazó rápidamente hasta Siem Reap al verme en la fotografía que me había pedido le enviara. "Joseba, te voy a buscar y te quedas en mi hostel hasta que consigamos bajar esa infección, extraer la muela y Tailandia abra la frontera. No puedes estar en esas condiciones y solo", me propuso.


Han pasado dos meses de constantes visitas a médicos y dentistas, de saturación de medicamentos con nulos o escasos efectos, pero con la generosidad y atención de Bunlang como principales compañeras. Dos meses de estudio y trabajo en la edición de mis fotografías. También de organización y ampliación de las memorias escritas durante más de cuatro años de viaje.


Ha llegado el momento de volver a la ruta, aunque a mi gente le pueda más la preocupación que el llegar a entender que es una cuestión de necesidad y el bueno de Bunlang me haya pedido continuar en su hostel al menos hasta que la infección se haya dado por vencida y se pueda realizar la extracción.


Khmaw y yo estamos en ruta.



NOTA INFORMATIVA

Hay diferentes maneras de apoyarnos y ni mucho menos todas son económicas. En este enlace detallo cuáles son y los pasos a seguir en base a la decisión que pudieras tomar. Leerlas no te va a llevar más de tres minutos. ¡Ánimo con ello!
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