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Arena roja y uniforme de gala: Visitando escuelas en Sierra Leona

  • Foto del escritor: Joseba Etxebarria
    Joseba Etxebarria
  • 7 feb 2019
  • 4 min de lectura

Actualizado: 2 jun



Llegué a la escuela en domingo, a última hora de la tarde…


Como suele suceder cuando alcanzo estos centros una vez finalizadas las clases, me encontré con varios niños jugando al fútbol en un improvisado campo de arena. Les pregunté por el director con la idea de pedirle permiso para pasar la noche en una de las destartaladas y polvorientas aulas: todo un lujo. Hacía más de dos meses y medio que las fuertes lluvias tropicales nos acompañaban en ruta y se hacía imposible acampar al raso sin un techo de fina chapa donde resguardarnos.


Algunos de los niños salieron corriendo sin apenas haberme dado tiempo a terminar la frase. Minutos después, cómo no, mi buen amigo Abubakar llegaba con una gran sonrisa y un crecido escuadrón de chicos y chicas detrás de él. Por supuesto, me dio permiso para aquella noche y para las que me hicieran falta. Me lo confirmó mientras me invitaba a tomar, como buen anfitrión musulmán, un té caliente.


Charlamos un buen rato, principalmente sobre la durísima situación de las familias de la zona. Frente a nosotros, un sinfín de niñas y niños llegaban de todos los rincones del pueblo; la noticia de que un hombre blanco con una gran bicicleta estaba en el colegio, corrió como la pólvora. Todos escuchaban sentados a nuestro alrededor, sobre la roja arena y sin interrumpir la conversación. La mayoría no le quitaba ojo a mi compañera de ruta, Libertad, y a su abultado equipaje.


Fue entonces cuando Abubakar me pidió que al día siguiente, antes de continuar mi camino, les explicara a los chavales desde dónde venía pedaleando y el motivo de mi viaje.


—Si a mí me impresiona, a ellos mucho más— me dejó claro.

—Amigo mío, pero mañana es lunes y es festivo para vosotros— le dije, a la vez que aplaudía su iniciativa.

—No es problema. Mañana vendrán todos los niños encantados para escucharte— me respondió con total seguridad.


Y así fue.


Todos querían aparecer en la foto
Uno de mis momentos preferidos en la vuelta al mundo, las visitas a las escuelas

La realidad de la educación en Sierra Leona.


Habíamos quedado a las ocho de la mañana, pero una hora antes ya tenía cerca de una veintena de silenciosos niños pegados a una de las ventanas, mirando a través de los pequeños huecos cómo recogía mi tienda de campaña. Fuera, pegado a la descuadrada puerta, un cubo grande con agua me daba los buenos días: sin solicitarla me habían preparado la ducha.


Esta era una parada fundamental dentro del propósito de mi vuelta al mundo en bicicleta con el Proyecto Voice. En países como este, conocer de primera mano la realidad educativa es un bofetón de realidad. Las estadísticas oficiales suelen hablar de que cerca del 70% de los niños logran iniciar la educación primaria en escuelas de Sierra Leona, pero la realidad sobre el terreno es mucho más descarnada: el abandono escolar es masivo debido a la pobreza extrema, la necesidad de mano de obra infantil en el campo y la falta de infraestructuras básicas. Ver el porcentaje tan alto de menores que no están escolarizados —o que apenas pueden asistir de forma intermitente— te hace comprender el valor titánico que tiene cada aula en pie.


Por eso, la sorpresa de aquella mañana fue mayúscula. A pesar de ser un día festivo, todos los chicos y chicas acudieron puntuales a la escuela vistiendo sus uniformes de gala, impecables dentro de la humildad del entorno. Para ellos, mi visita era un honor absoluto, por ello todos querían salir guapos en las fotografías.


El bálsamo tras los humillantes interrogatorios policiales.


Aquella calidez humana era el bálsamo que mi alma necesitaba desesperadamente. Venía de Freetown, la capital, donde se había iniciado una extensa y dolorosa lista de humillantes interrogatorios policiales a los que fui sometido por todo el territorio. Las autoridades locales me miraban con sospecha, hasta el punto de retenerme e interrogarme una y otra vez bajo acusaciones delirantes de espionaje o vínculos terroristas con facciones como Al Shabaab. Mi motivación se había mermado considerablemente por la tensión de sentirme perseguido en cada puesto de control.


Sin embargo, la parada en este centro, la hospitalidad de Abubakar y la luz en la mirada de sus alumnos, consiguieron elevar mi energía y recordarme el sentido real de este viaje. Pocos días después, con el peso de nuevos interrogatorios policiales a las espaldas, pero con el corazón lleno por los niños, cruzaba la frontera con Liberia.


Recordando mis vivencias visitando escuelas en Sierra Leona.


Impulsando la educación en la ruta.


A través del Proyecto Voice y nuestras actuales acciones con Alas para el futuro en Camboya, trabajamos de forma directa para proteger y apoyar la escolarización y el desarrollo de los niños en las comunidades más vulnerables. Cada fotografía y cada crónica busca dar voz a quienes a menudo no la tienen.


Tu colaboración en este cuaderno de bitácora es vital para que este mensaje llegue más lejos. ¿Qué opinas sobre el esfuerzo de estas comunidades por acudir a la escuela incluso en días festivos? Comparte esta entrada para ayudarnos a visibilizar su realidad.


¡Gracias por pedalear con nosotros!



 
 

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