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Meyja | Mauritania




La tímida sonrisa de Meyja suele ser mi punto de partida cada mañana en el orfanato. Es como ese café que uno necesita nada más levantarse de la cama para comenzar a ser algo.


Es la una y media de la mañana aquí en Noaudhibou y estoy sentado en el colchón que me colocaron en el suelo para descansar estos días. Desde aquí trabajo tranquilo cada noche cuando termino de compartir buenos momentos con los peques. Pero esta vez no sé cómo comenzar estos cuatro o cinco párrafos que quiero escribir y, para ello, llevo un tiempo mirando fijamente los ojos de la pequeña. Voy a intentar explicar, de la forma menos dolorosa posible, la breve historia que Aichetou me contó sobre Meyja hace dos días.


Cuando llego a la habitación por la noche, suelo ocupar unos minutos en intentar entender cada una de las historias de estos pequeños, y en este caso, en el de la siempre ocupada Meyja, me suele recorrer por el cuerpo una mezcla de odio a la raza humana y rabia cuando imagino las eternas y agónicas horas que tuvo que vivir.


El mismo día que nació Meyja, la mujer que la trajo al mundo la abandonó a su suerte en un descampado durante tres eternos días. Ésta solía pasar por el lugar para ver si aún seguía con vida. Al tercer día, al comprobar que su corazón continuaba luchando, la recogió y se la llevó a una mujer de color pidiéndola se quedara con ella mientras iba a realizar unas compras. Pasaron las horas y la mujer, al ver que nadie se acercaba a recoger a la pequeña, se la llevó a casa donde la mantuvo durante cinco días sin llegar a dar parte a la policía. Al sexto día y preocupada por los problemas que la pequeña pudiera ocasionar, con la cara tapada salió en busca de la inhumana mujer. Y la encontró. Le devolvió la niña que pocos días después abandonó en la puerta del orfanato NAD de Noaudhibou. Cuando Aichetou y Yahya la recogieron, la pequeña tenía la cabeza abierta desde la parte alta de la frente hasta la nuca. Rápidamente la llevaron al hospital donde poder tratar la fuerte infección que Meyja tenía. Aichetou pasó un tiempo junto a ella hasta que la herida pudo ser tratada en casa. La pareja, como siempre ha sucedido con los demás componentes de esta ya familia, corrió con todos los gastos sanitarios.


Meses después, el médico que la atendió en el hospital, se acercó al orfanato para hablar conAichetou y Yahya. Daba por muerta a Meyja.


La pequeña, a día de hoy, tiene serios problemas para hablar, para respirar por la nariz, de oído y, por la noche, durante unas horas, se mantiene despierta rascando la pared. Aichetou no puede peinarla a diario por el dolor que mi pequeña amiga sufre. Meyja no puede ir a clase como hacen a diario el resto de pequeños de la casa porque necesitaría ser operada y esto supone un desembolso que no pueden costear Aichetou y Yahya.


Tras observarla detenidamente estos días, me ha quedado claro que la luchadora Meyja necesita sentirse útil cada minuto del día.


Meyja tiene la familia que siempre ha merecido tener y el Mundo tendrá en sus filas a una nueva gran mujer.


La tímida mirada de Meyja, su historia, me va a acompañar el resto de mis días.



CAMPAÑA SOLIDARIA


Toda la información sobre la Campaña de Meyja.


NOTA INFORMATIVA
Si quieres adquirir una copia original de esta fotografía, infórmate en este enlace de las medidas disponibles y cantidad que Meyja destina a la compra de material escolar para otros niños.
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  • Joseba Etxebarria Photography
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El fotógrafo humanitario Joseba Etxebarria agradece a Kuperkic Forum su apoyo al proyecto Hacia el Sur, la vuelta al mundo en bicicleta por los Derechos Humanos.
El fotógrafo humanitario Joseba Etxebarria agradece a Mochileros en Tailandia su apoyo al proyecto Hacia el Sur, la vuelta al mundo en bicicleta por los Derechos Humanos.

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